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14 de marzo de 2010

EL CINE CONSULADO. (El gran buque de la familia Reyzabal).

 
El Cine Consulado fue un proyecto del arquitecto D. José Luis Sanz Magallón, llevado acabo entre 1960 y 1961, que se construiría en un solar ocupado por un antiguo edificio de viviendas en la calle de Atocha nº 38, muy cerca de la Plaza de Antón Martín con 39,90 m. de fachada y 45,30 m. de fondo. Este mismo arquitecto había terminado recientemente con gran éxito otro local, el Cine Ciudad Lineal, en la calle López de Hoyos también propiedad de la familia Reyzabal. El edificio de líneas modernas y con un interior elegante y suntuoso, se realizaría con estructura de hormigón armado y estaría dividido en tres actividades diferenciadas, la primera una sala de fiestas en sus sótanos, la segunda una sala para cinematógrafo, y una tercera destinada a  oficinas privadas. Sus fachadas eran parcas en decoración, la planta baja estaba compuesta por grandes huecos acristalados que iluminaban el vestíbulo de entrada, las tres siguientes eran un muro de ladrillo visto sin ningún tipo de decoración, y las dos últimas estaban compuestas por una larga fila de ventanales correspondientes a las plantas de oficina. Sobre todas las puertas de entrada tanto a la sala de fiestas como al cine, se extendió una gran marquesina bajo la que se colocarían para reclamo de los clientes, grandes carteleras con el film en proyección.


El cine consulado en su primera etapa en los años 60.

En los extremos de la fachada se encontraban las puertas de acceso y desalojo de la sala de fiestas, en la parte central un gran hueco con seis puertas de dos hojas de cristal de entrada y desalojo del cine. El resto de la fachada estaba ocupada por las taquillas del cinematógrafo y la sala de fiestas.


Planta baja del edificio.

El vestíbulo era muy elegante y moderno, estaba solado en mármol de varios colores formando rectángulos, las paredes estaban forradas de tableros de madera y cristales. Las escaleras estaban sujetas por una estructura de hormigón armado en su centro, los peldaños eran grandes planchas de hormigón y mármol y no tenían guardavivos, dando más diafanidad a la estancia. Barandillas metálicas, pasamanos de madera y mil detalles de buen gusto. El vestíbulo era muy alto, de dos pisos, ya que ocupaba parte del entresuelo por un hueco en su techo, desde este, se llegaba a ver la planta primera. La distribución era muy compleja y las escaleras no se superponían en un cajón como en el resto de los casos vistos hasta el momento, si no que nacían desde cualquier rincón y se desarrollaban de forma intringulada para conceder un acceso rápido y cómodo.  En el lado derecho junto a la escalera principal, se había construido el guardarropa del mismo material y muy amplio, ya que la sala pasaría a ser la tercera en Madrid por capacidad con casi 2.000 localidades de aforo. Se accedía al patio de butacas por cuatro puertas colocadas en dos grupos,  construidas de madera y que se abrían hacia fuera para poder desalojar la sala rápidamente. No faltaba ningún detalle, bajo los dos tiros de escalera se encontraban los accesos a los retretes instalados en la planta sótano.[...] 

El resto de la información la podrán encontrar en la página 301 de mi libro "Cines de Madrid"