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11 de enero de 2015

EL TEATRO CINE INFANTA BEATRIZ & OTHER STORIES (1º PARTE)

Corría el año 1923 cuando ante la comisión de obras del Ayuntamiento de Madrid se presentó un proyecto firmado por el arquitecto Eduardo Sánchez Eznarriaga  para la construcción de un nuevo edificio de viviendas en el que iría inserta una sala de teatro. El solar de forma rectangular se encontraba en un lugar muy estratégico, en esquina, en la intersección de las calles de Hermosilla nº 5 y Claudio Coello nº 15, en el barrio de Salamanca, siendo propiedad de los Sres. Marqués de Valterra, Marques de Huétor de Santillan, don Francisco Diez de Rivera y Casares, y el Conde Glimes Ybrabante.


Su arquitecto, autor de otras grandes obras de relevancia en Madrid como el teatro Odeón falleció en 1924, dejando inconclusas varias obras, entre las que destacaban el teatro Alcázar de la calle de Alcalá y este otro, el Infanta Isabel. Un joven arquitecto que trabajó codo con codo con Eznarriaga, Eduardo Lozano Lardet tomará el relevo en ambas obras, atribuyéndosele en parte la dirección de estas. El joven arquitecto se especializaría en este campo y años más tarde diseñaría otros edificios de espectáculos como el cine San Carlos o el frontón Madrid.


El joven arquitecto Eduardo Lozano Lardet el cual tomó el relevo de Eduardo Sánchez Eznarriaga.

Junto a Lozano Lardet otro joven arquitecto José Luis Durán de Cottes le acompañará en este proyecto, el cual, años más tarde realizará importantes proyectos como el del teatro Albeniz de la madrileña calle de la Paz.
El inmueble se construyó en su mayor parte con estructura de hormigón armado que corrió a cargo de la empresa Gamboa y Domingo. El contratista y constructor Roberto Aleu Torres a cargo de construcciones Peckler sociedad anónima llevó a cabo una maravillosa obra arquitectónica, que quedó patente a simple vista en sus fachadas.
La entrada colocada en esquina tenía una pequeña marquesina de no más de 1 m de ancho,  bajo la cual se crearon tres altos huecos que daban acceso al vestíbulo donde se habían instalado las taquillas. Estos tres huecos no tenían puertas pero sí cierre de tijera, lo cual permitía ver el interior del vestíbulo incluso cuando el local estaba cerrado. Sobre los huecos de entrada y bajo la marquesina se realizaron tres bajo relieves, única decoración superflua que nos revelaba  la existencia de un local de espectáculos.


             
Las dos fachadas del proyecto original a las calles de Hermosilla y Claudio Coello.



Una imagen del inmueble y la entrada a la sala de espectáculos en los años 20

El vestíbulo muy alto tenía dos columnas en su centro, y estaba decorado con suntuosidad. Los suelos se realizaron con pequeñas teselas de colores, blanco con ribetes azules. Las paredes poseían un zócalo de mármol negro, y sobre este, paramentos con abultados de escayola blancos sobre un fondo azul celeste.



Dos aspectos de una de las fuentes instaladas en el vestíbulo principal del nuevo teatro Infanta Beatriz.

Los altos techos dejaban entrever parte de la estructura de hormigón armado, que tenía forma rectangular, y que  habían sido adornados con molduras de escayola. Junto a las puertas de entrada y de forma simétrica existían una serie de tres ventanas bajo las cuales se habían instalado de forma muy artística dos preciosas fuentes construidas en mármol que le daba un toque muy elegante a la estancia. Junto a las dos fuentes y en otro de los laterales de la estancia se construyeron dos preciosas vitrinas donde se exponían objetos y fotografías de la obra teatral que se estaba representando. Junto a una de estas vitrinas existía un pequeño hueco destinado a taquilla y que no era más que un pequeñísimo cuarto con una ventana a la calle de Claudio Coello. Volviendo al vestíbulo y enfrentado al hueco más grande de entrada se había instalado una gran puerta de cuatro hojas que servía de acceso al interior del recinto. Sobre esta puerta y de forma muy artística se había realizado otro bajo relieve de escayola en forma de abanico.



 Otro aspecto del vestíbulo de entrada y la puerta de acceso al interior del local

Otro vestíbulo de forma alargada servía de acceso directo al patio de butacas, palcos y escaleras. Este se desarrollaba en forma de U y había sido decorado con suntuosidad optándose por el color azul, al igual que en el resto de la sala y que fue llevado a cabo por  Arregui, Garcia y Letamendía escultores, que también habían realizado el laborioso trabajo del vestíbulo principal.

Los suelos eran de mosaicos azules y blanco y las paredes habían sido pintadas al óleo en la misma tonalidad. Destacaban en el techo varias lámparas de influencia art-decó que iluminaban la estancia.

Poseía además varios huecos de ventana decorados con vidrieras de colores que desde el patio interior de la finca o desde una calle particular o servidumbre de paso inundaban y ventilaban las estancias.Frente a la entrada una de las escaleras de acceso a los pisos superiores, y en el otro extremo otra, simétrica, bajo las cuales se habían situado guardarropía y el acceso central al patio de butacas. En los extremos de este vestíbulo se instalaron los aseos, uno a cada lado, masculinos y femeninos, casi a la entrada de los pasillos laterales que conducían a los accesos pares e impares del patio, los palcos y en su fondo una escalera que recorría de arriba abajo la sala y que servía de acceso a los palcos.
   



Dos aspectos contrapuestos del vestíbulo de acceso. Obsérvese el detalle de la vidríera, abultados de sus paredes y lámparas.

Al proyecto original se le sumaron la instalacion de dos ascensores Otis-Pifre junto a las escaleras principales que de manera cómoda y rápida subían a los espectadores a la última planta de la sala. Al fondo del pasillo izquierdo además de una escalera de acceso a las plantas superiores existía una escalera de servicio que comunicaba la escena con la calle de Hermosilla y los camerinos y que servía de salida de emergencia. Junto a esta entrada secundaria lateral había un paso exclusivo de carruajes directo al escenario. El local era muy seguro pues a pesar de estar inserto en un edificio de viviendas contaba con varias salidas a la calle, y decenas de ventanas a la calle lateral, además de cuatro escaleras y amplios vestíbulos. Por cualquiera de los dos huecos laterales o del central llegábamos al patio de butacas, este no era muy grande, lo cual le confería una maravillosa visión desde cualquiera de sus localidades, el suelo poseía mucha inclinación hacía el escenario, que se había realizado con tarima de madera y sobre la que se habían instalado en dos amplios grupos las cómodas butacas fabricadas por Deogracias Magdalena en haya y  damasco azul, al igual que el telón de boca.




 Planta baja del proyecto original realizado por Eznarriaga en 1923

La magnífica sala había sido decorada siguiendo el mismo patrón que los vestíbulos y era muy abierta, con dos anfiteatros, y cinco pisos de palcos al estilo de los modernos  teatros franceses. Poseía abultados en los antepechos de palcos y anfiteatros realizados en escayola y pintados en tonos claros y pan de oro que destacaban con el azul de las paredes y sillones.
Contaba en total con 800 cómodas butacas repartidas en las cinco plantas, los que nos da idea del volumen de la sala.
La instalación eléctrica en el interior de la sala se realizó con 1000 lámparas esmeriladas, en colores, blanco, azul y encarnado, que se encendían progresivamente para no deñar la vista de los espectadores y que conferían al recinto un ambiente muy agradable. En el centro del alto techo se creó un plafón de cristal, rematado por recargadas escayolas que sería el alma de la sala y que podía cambiar de color a gusto del electricista. El aspecto interior del recinto era muy similar al del cine San Carlos de la calle Atocha, ambos realizados por el mismo arquitecto, salvando las diferencias, ya que San Carlos poseía unas gigantescas rampas de anfiteatro.
      



Dos aspectos del interior del teatro Infanta Beatriz en su primera época, poco después de su apertura.

El escenario estaba cubierto por un gigantesco telón y remarcado por un laborioso trabajo de escayola que se veía rematado por un grupo escultórico.
Tras el telón un amplio espacio escénico con mucha pendiente y de siete metros de profundidad, acto para cualquier tipo de representación, puesto que contaba con suficiente espacio para colocar piernas y bastidores, y poseía además con un alto telar y un magnífico juego de lámparas de iluminación. En la planta de sótano a la que se podía acceder con facilidad desde el escenario se habían instalado con gran amplitud la sala de ensayos, la orquesta, cuartos de los artistas, la caldera de calefacción y dependencias varias del local, casi todas con luz y ventilación al exterior por medio de tragaluces.  



Una imagen de la embocadura del escenario del teatro Infanta Beatriz.



Planta sótano del inmueble donde se instalaron casi todos los servicios del local.

En las plantas superiores a las que se ascendía por las cuatro escaleras anteriormente mencionadas se repetía el mismo esquema que la planta baja, salvo en el entresuelo que correspondía a la segunda planta de palcos, al que tan solo se podía acceder desde las dos escaleras posteriores ya que las principales subían directamente hasta la planta primera. Desde esta planta primera se accedía a la rampa de entresuelo por medio de dos huecos al igual que en el patio, y a la tercera planta de palcos. La planta segunda solo daba servicio al cuarto piso de  palcos, y la tercera al graderío de principal y quinta de palcos, que en esta ocasión eran de entrada general ya que la visión desde estos era muy reducida. A su paso por las diferentes plantas se fueron estableciendo los aseos masculinos y femeninos así como la oficina de dirección y cuartos de servicio.



Seccion longitudinal del inmueble, fíjese en la altura del espacio escénico capaz para cualquier tipo de decorado y la profundidad de su foso.

Desde un principio el edificio fue concebido para las representaciones tanto teatrales como cinematográficas, es por lo que en la planta primera se adecua un espacio para la cabina de proyección, elevado un metro del suelo para evitar que el haz de proyección topase con los espectadores de las últimas filas del entresuelo.
El inmueble construido enteramente en hormigón armado fue cubierto con gigantescas vigas del mismo material, formando un forjado que muy posiblemente se realizase con vistas a una sala al aire libre sobre la sala cubierta pero que nunca se concluyó.
El inconcluso proyecto de Eznarriaga dio como fruto un maravilloso coliseo con un aforo de  800 localidades, situado en pleno corazón del barrio más aristocrático de la capital y que costó ni más ni menos que  1.800.000 pesetas de la época.


La inauguración del local acaeció el día 16 de octubre de 1925 con el debut teatral de los actores Ernesto Vilches e Irene López Heredia con la representación de la comedia “El amigo Teddy”, acto al que asistió S.M. la reina María Victoria y sus hijos el príncipe de Asturias y el infante don Jaime.



El elenco de actores de la función inaugural del Infanta Beatriz.


Continuara...

Autor: David Miguel Sánchez Fernández.

Especial agradecimiento a Antonio Jimenez por la aportación de planos y alzados.