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11 de septiembre de 2017

El cine Amaya

Inserto en un nuevo edificio de viviendas situado en la calle del General Martínez Campos número 9 , se proyecta la construcción de un pasaje comercial y de ocio con acceso desde diferentes calles y en cuyo centro se diseña un gran espacio o rotonda destinada a acceso al cinematógrafo.


El inmueble diseñado por Luis Gutiérrez Soto en compañía de Eugenio de Aguinaga en 1950, se enmarca dentro de los edificios construido durante la dictadura por Soto, muy parecidos a otros realizados anteriormente, tales como el cine Rex de la Gran Vía, o el Carlos III de la calle Goya, en ambos haciendo uso de un fino ladrillo visto en sus fachadas, únicamente engalanadas por miradores levemente curvilíneos.

Finalmente todo el espacio del local fue ocupado por el cinematógrafo concediéndole el acceso principal a la calle del General Martínez Campos y dejando como salida de urgencia el hueco a la calle de Viriato.     
      

     Fachada de entrada al cine Amaya pocos meses después de su inauguración. (Imagen Cristobal Portillo)

La decoración de su entrada se realizó siguiendo un patrón muy en boga en ese momento, una gran visera de hormigón armado daba acceso a un hueco de gran altura, atrio de entrada al cine y donde se instalaron las taquillas. La portadilla no tenía más de tres metros de largo por tres de alto quedando esta quizás un poco pequeña para el aforo que poseía el local, lo cual limitaba mucho la colocación de las grandes carteleras pintadas que anunciaban la película en proyección.

Desde el atrio de entrada y dejando a la derecha las taquillas, contaduría y dirección a las cuales se accedía desde el propio hall del cine, dos amplias puertas con dos hojas cada una, nos conducían al vestíbulo principal, muy grande de unos 200 metros cuadrados en el que todo quedaba perfectamente organizado.

Los suelos de este vestíbulo se realizaron con pavimento de terrazo negro siena, que resaltaba con los paramentos verticales en corcho, especialmente peculiares en los pilares donde se solaparon las tiras produciendo un efecto de estriado vertical. Los techos estaban conformados por grandes planos de escayola que escondían la iluminación indirecta realizada por fluorescencia.


El gran vestíbulo principal del cine Amaya en su primera época.

Frente a la puerta de entrada a este vestíbulo otra, de tres hojas con acceso a una rampa con salida a la calle de Viriato que únicamente se utilizaría para desalojo en caso de siniestro.


Salida de emergencia junto a uno de los accesos laterales al patio de butacas.

El gran espacio estaba presidido por una escalinata central muy vistosa, reforzada por dos más laterales que subían hasta la planta tercera. Debajo de los brazos de la escalinata principal se habían creado dos dependencias destinadas a cuarto de los acomodadores y acometidas, mientras que bajo la rampa de escaleras laterales, aprovechando cada rincón se habían conformado el acceso para señoras, con luz y ventilación directa a la calle y en su extremo opuesto guardarropía y teléfono. Los aseos masculinos, mucho más grandes se encontraban fuera del vestíbulo, traspasando las puertas interiores de salida a la calle Viriato.


Detalle del alzado y sección de guardarropía, instalada bajo uno de los tiros de escalera.


Plano de la planta baja de la sala. A la derecha la estrecha entrada desde la calle del General Martínez Campos, enfrentado a ella el acceso desde la calle de Viriato destinado a salida de urgencia.

En el lateral derecho del vestíbulo las puertas de acceso al patio de butacas, distribuidas en tres grupos, uno central triple y dos laterales, todos enfrentados directamente con tres pasillos que distribuían a los espectadores por sus correspondientes butacas.

El interior de la sala se había decorado con suelos de pavimento magnesiano con viruta de madera, los que le hacía muy resistente, gran parte de los paramentos laterales siguiendo la misma forma que en el vestíbulo, se realizaron de corcho rizado en tonos siena, material que evitaba las incomodas reverberaciones, dejando el resto de paredes revestidas con fibra de vidrio tapizada en pana amarillenta. 
Los techos se habían decorado con escayola en este caso también rizada y formando una gran curva que producía un efecto muy agradable a la vista de los espectadores además de ser la mejor forma de evitar los ecos. La iluminación se hallaba oculta tras las molduras de escayola.  La pantalla se escondía tras un gran telón de lado a lado de la sala, confeccionado en color amarillo al igual que cortinas, alfombras que contrastaban con las butacas, revestidas de material plástico de color verde oscuro. 



El acceso central al patio de butacas desde el vestíbulo  y uno de los pasillos laterales visto desde el interior de la sala.


Un aspecto de la embocadura de la pantalla y detalles del techo y paramentos laterales.

El aforo del patio de butacas era de 586 localidades dispuestas en dos amplios grupos, desde las que se ofrecía una perfecta visión de la pantalla.
El acceso a los anfiteatros superiores se realizaba desde el vestíbulo principal desde donde la gran escalinata imperial nos elevaba hasta el ambigú, antesala de las localidades de club. En el descansillo de la escalera un gran fresco daba un toque de color al espacio representando un paisaje cubista.


Un aspecto de las escaleras principales.

La escalera se había realizado con peldaños de terrazo de color idéntico a los del vestíbulo, con pasamanos de madera que remarcaban amplias piezas de cristal templado que servían de barandilla. Ambos brazos de escalera confluían unos metros mas arriba con el los otros tiros de escalera que partían también desde el vestíbulo principal y que subían hasta la primera planta, siendo muy ordenado el acceso a los pisos superiores.


El bar en la planta de entresuelo antesala de las localidades de club.

En esta planta el suelo se había realizado con terrazo del mismo color que en la planta inferior negro siena que combinaba perfectamente con los paramentos en color beige.
La barra del bar que se encontraba frente a la escalera se desarrollaba de forma sinuosa, y estaba decorada con corcho rizado al igual que los muros perimetrales. A ambos lados de la barra se encontraban los vomitorios de acceso al piso de club, y localidades de palco, en él se habían ajustado 83 butacas de delantera y 140 más sillones de entrada general. Al utilizarse el esquema de herradura, poco frecuente en los cines de esta época, perdíamos visibilidad desde alguna de las localidades.
También en esta planta y ya dentro del propio anfiteatro de club se habían habilitado dos espacios para aseos, uno masculino y otro femenino, enfrentados y ambos con luz y ventilación a un patio interior de la finca,


Plano de la planta de club del moderno cine Amaya, obsérvese la perfecta distribución de sus escaleras y localidades.

La iluminación en esta planta se realizaba mediante lámparas de fluorescencia ocultas tras los falsos techos de escayola rizada que también escondían los sistemas de climatización.




Un aspecto del club de preferencia del cine Amaya.

Si continuábamos ascendiendo por cualquiera de los dos tiros de escaleras anteriormente señalados llegábamos hasta la planta segundo o de entresuelo. Aquí existía un nuevo vestíbulo, esta vez más pequeño que los anteriores, destinado a descanso y desde donde dos huecos nos daban acceso a las localidades más bajas del entresuelo. Desde aquí y mediante tres pasillos que ascendían vertiginosamente hasta lo alto, se repartían a los espectadores hasta las 72 butacas de delantera y las restantes 225 localidades de general de entresuelo, todas con perfecta visión de la pantalla.
Continuando el ascenso por uno de los tiros de escalera llegamos hasta la planta tercera donde tras la última fila del entresuelo se encontraba la cabina de proyección.


Un aspecto del club desde el patio de butacas.


El vestíbulo de la segunda planta de acceso a las localidades de entresuelo.


Una imagen del conjunto en general tomada desde la pantalla.

En la tercera planta se encontraba un cuarto para el repaso de las cintas, un aseo y la cabina de proyección, completamente ignifuga y dotada con los más modernos sistemas de imagen y sonido.


Sección longitudinal del cuerpo central del cine Amaya. Obsérvese la ordenada colocación de cada uno de los elementos, conformando un perfecto espacio acústico y visual.

El contenedor de la sala se había realizado con pilares, vigas e incluso cubierta de hormigón armado, con cerramientos de fábrica de ladrillo macizo, lo cual favoreció la construcción de los diferentes pisos de anfiteatros.
La calefación se realizó mediante aire acondicionado, con impulsión por el techo de la sala y retorno por la parte inferior.

El flamante y moderno cine Amaya, con sus 1106 localidades abrió sus puertas el día el día 22 de noviembre de 1952 con la proyección de la película “Amaya” dirigida por Luis Marquina.
Como era de esperar el lleno fue apoteósico, y la sala que programaba cintas de reestreno en sesión continua al unísono con el cine Infantas de la calle del mismo nombre, conseguía completar su aforo día tras día.
El local estaba regentado por José García al mando de Industriales Cinematográficos S.A., dando se representación a Santiago Moraleda que ejercía además de proyeccionista junto a Juan Carlos Barrionuevo.
Desde 1954 a 1958 funcionó como cine-club, programando cintas en versión original subtitulada y ciclos de cine europeo.
Durante el verano de 1964 se acometió una obra de ampliación de su acceso desde la calle del General Martínez Campos, dando doble anchura a esta y mayor apariencia externa. A demás se cambiaron las butacas y los proyectores dotando al local con los sistemas de proyección más modernos Tood-ao y 70 mm.


En los años 70 se convierte en cine de estreno, y es ese mismo año cuando las aglomeraciones son tales a sus puertas que la empresa pide perdón por no poder atender a todos los espectadores.


Varios espectadores adquieren sus localidades para la controvertida cinta de Carlos Saura “La prima Ángelica”


En 1974 durante la programación de la cinta “La prima Ángelica” se producen una serie de disturbios. El primero de ellos se reseña el día 13 de mayo cuando ocho individuos se presentaron en el cine poco antes del comienzo de la sesión de las 10, y mientras cuatro de ellos entretenían al personal, los otros cuatro subían hasta la cabina de proyección, donde forcejearon terminaron maniatando al operador y al jefe de cabina con la intención de robar los rollos de cinta de la película, no consiguiéndolo, tan solo deteriorando parte de uno de ellos y escapando.
Poco después el 24 de mayo, aproximadamente 50 jóvenes en la sesión de las siete de la citada película y a la orden de un silbato, comenzaron a armar jaleo, arrojando bombas fétidas desde diferentes puntos de la sala. Tras unos minutos de desconcierto se continuó con la proyección.


El cine Amaya en los años 90.

Las proyecciones continúan con normalidad, reformándose en varias ocasiones y modificando su programación de sesión continua a reestreno o primer estreno.
Cesa su actividad el día 14 de marzo de 2003 cuando ya se había tramitado el cambio de uso pasando a convertirse en el Teatro Amaya.


Imagen perteneciente a www.madridesteatro.com

El humorista Moncho Borrajo adquiere el antiguo cine y lo transforma en el “Teatro del Humor”, denominándose desde  ese momento como "Teatro Amaya, un sueño que llevaba en su cabeza muchos años y que hizo realidad con la adquisición de tan emblemático local.

El local se reformó sutilmente  bajo un proyecto de la arquitecta Pia López Izquierdo, conservando todo el encanto del pasado. Se creó un acceso para actores desde la calle posterior y se habilitaron los camerinos bajo el escenario. 

Como la profundidad de este era muy pequeña se avanzó unos metros hacia el patio de butacas, suprimiendo las primeras filas de localidades. 

Por otra parte el entresuelo dejó de usarse, debido a que al modificar la embocadura del escenario y al no ser un objeto inerte como la pantalla lo que queríamos percibir perdíamos parte de la escena, razón por la cual quedó clausurado utilizándose únicamente el patio de butacas y el club. 

La antigua cabina de proyección continúa en su lugar, construyéndose sobre las antiguas últimas filas del gallinero y delante de esta una nueva cabina de control de iluminación y sonido de escena. 

El resto del local fue restaurado, intentado conservar todos los detalles con los que Gutiérrez Soto dotó al local.



















Varios aspectos del local en la actualidad, obsérvese como conserva prácticamente todos los detalles del pasado.
             
El 18 de septiembre de ese mismo año el teatro Amaya alzará el telón con el montaje inaugural Cosas mías  (2003) de Moncho Borrajo, representado desde entonces: Se busca impotente para convivir (2004); Terapia a las seis (2004); El otro lado de la cama (2004); España Cabaret (2005); Cariño ¿mañana qué hacemos? (2006); Amor y otros pecados (2007); La señorita de Trévelez (2008); Mi hijo y yo (2009); Por el placer de volver a verla (2010); Rumores (2011);  Los hombres no mienten (2012), etc...  (extracto de la página actoresrevista.com)

En la actualidad la dirección corre a cargo de Alberto Blasco.



Imagen perteneciente a www.blog.teatroscanal.com

El teatro del humor sigue llenando cada noche las 610 localidades de su sala para hacernos reír, le deseamos que continúe así por muchos años más.



Fuentes:

- Madrid y el Cine. 2000. Pascual Cebollada y M. G. Santa Eulalia. Comunidad de Madrid.
- Informes de la Construcción. Nº 60. Abril de 1954 (Instituto Eduardo Torroja)
- Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
                
                - Hoja Oficial del Lunes.                        14 de febrero de 1955.
                                                                                18 de mayo de 1964
                     26 de octubre de 1964
                                                                             
- Hemeroteca Virtual ABC
                
                - ABC.                                                     12 de octubre de 1962.                                        
                      10 de noviembre de 1970
                      17 de julio de 1974
                      7 de noviembre de 1974
                      30 de junio de 2003
                31 de octubre de 2003

20 de agosto de 2017

Adiós al cine Marvi.

Como era de esperar y después de las últimas noticias sobre la venta del edificio las pasadas navidades, su nuevos propietarios han optado por demoler el antiguo edificio del cine Marvi.






La demolición comenzó en abril y tras varios de meses de trabajo podemos decir que el cine Marvi ya no existe. A continuación os dejo algunas imágenes del proceso de derribo que dejara lugar a un nuevo y moderno supermercado de la cadena Lidl.




La demolición se fue realizando progresivamente, primero desmantelando el edificio interiormente sin ningún tipo de señal exterior. 
Posteriormente a finales de mayo se instaló un andamio que protegía sus fachadas. Hasta ese momento aun dudábamos de la demolición total del edificio a pesar de que en su fachada nos indicaba que el inmueble sería ocupado por un nuevo supermercado.





Ya a finales de julio el aspecto era este. Poco a poco nos han ido dejando ver como el cine Marvi se iba deshaciendo como un helado en agosto, sin signos exteriores de movimiento engulléndose a si mismo.










  
La semana pasada este era el aspecto que presentaba, el andamio ya se había desmontado por completo y las pesadas maquinas comenzaban a derribar lo poco que quedaba ya del cine Marvi.
Posiblemente hoy ya no quede nada en aquel solar, nada más que una escombrera de recuerdos.



El cine Marvi se ha ido, pero a mí me ha dejado un recuerdo imborrable y un par de buenos amigos. 

Gracias a la familia Galve. 

Imágenes cedidas por Juan José Sánchez.