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15 de enero de 2017

EL CINE SAINZ DE BARANDA

En el año 1949 bajo un proyecto de Miguel de los Santos Nicolás, afamado arquitecto de la generación del 25, reconocido por sus trabajos junto con Eduardo Torroja en la Ciudad Universitaria Madrileña, se construye en un solar de pequeñas dimensiones, 366 m2 aproximadamente un edificio para viviendas de alquiler y en cuyo seno iría inserto un local para proyecciones cinematográficas.
El lugar elegido para construir el edificio fue un solar despoblado hasta el momento en la calle de Sainz de Baranda nº 26 propiedad de Files S.A.
El inmueble se construiría completamente con estructura de hormigón armado, teniendo una única fachada a la calle, realizada de forma simétrica con ladrillo fino de cara vista, teniendo como únicos adornos superfluos un cuerpo central que sobresalía de la fachada, y pequeños  detalles realizados en dinteles de ventanas de todos los huecos. El edificio se dividió en dos bloques, cada uno de ellos recorrido por una escalera independiente, con dos viviendas por planta ambas exteriores.


 Alzado original para el inmueble Sainz de Baranda 26. Obsérvese la entrada al cine en la parte central, y el cartel con el nombre de Cine Retiro.

Aunque en la memoria original se indicase que las tres primeras alturas ocupadas por el cine y los portales de las viviendas iban a ir completamente forrados con un revoco pétreo, imitación de piedra caliza, realmente no se ejecutó de esta manera, quedando únicamente enmarcado con piedra el hueco central de acceso al cinematógrafo, haciendo confluir las miradas de los viandantes hacia este. Originalmente se denominó Retiro, aunque finalmente abrió con el nombre de Sainz de Baranda, al igual que la calle en el que se encontraba.


Espectacular imagen del año 1953 donde se ve una calle completamente despoblada de vehículos, y el reluciente inmueble del nuevo Cine Sainz de Baranda.

Como hemos indicado la entrada a la sala se encontraba marginada por los portales de acceso a las viviendas y no era más que una pequeña portada de piedra de dos alturas, con una cristalera en la planta de entresuelo perteneciente al ambigú, bajo esta, tres puertas dobles de acceso al vestíbulo principal. Entre ambos se había dejado espacio para el bastidor donde se colocarían los cartelones de la película en proyección, y en lo más alto las letras de neón rojo con el nombre de la sala. A ambos lados de las puertas se encontraban las minúsculas taquillas, sobre las que como era costumbre se colocaron dos grandes vitrinas para los afiches y notas de la película.


Planta baja o calle del cine Sainz de Baranda. Véase su sencilla distribución.

La sala era realmente pequeña, y tras pasar la puerta de entrada no encontrábamos un minúsculo vestíbulo decorado con sencillez. Su techo no era muy alto y estaba decorado con un gran plafón de escayola que servía de lámpara, la iluminación se veía reforzada por varios apliques modernos. Los paramentos laterales se pintaron con pinturas claras al estuco y los suelos se solaron mármoles de diferentes colores. A ambos lados y de forma completamente simétrica se encontraban las escalinatas que subían al entresuelo, y bajo estas, dos puertas de acceso al sótano, independientes cada una de ellas dedicadas a aseos para caballeros y señoras.


Un aspecto del pequeño vestíbulo de entrada del cine.

En la planta de sótano existía además un gran espacio destinado al sistema de calefacción por carbón y clima artificial además de contar con un generador en caso de corte del suministro, al que se accedía desde una portezuela frente al aseo de caballeros.


Proyecto original de la planta sótano, que sufrió algunos cambios en la realidad.

El vestíbulo tenía dos alturas quedando el más bajo paralelo al patio de butacas, recorriéndole este de un extremo al otro del edificio y dando salida a la calle por otros dos huecos uno a cada lado del edificio, confiriendo a la sala mucha seguridad en caso de evacuación.
Este vestíbulo más alargado tenía cuatro puertas centrales de acceso al patio de butacas, prácticamente enfrentadas a las salidas a la calle. Tras ellas un espacio vacío servía de acceso a las localidades que se habían dispuesto de forma muy ordenada. El suelo del patio de butacas tenía una ligera curvatura, siendo la parte central la más baja, consiguiendo de esta forma una perfecta visión de la pantalla desde cualquiera de las 297 localidades que lo componían.


Un aspecto de la pantalla desde el patio de butacas.

La decoración interior del local era muy sencilla, los suelos fueron revestidos de pavimento plástico continuado “Sintasol”, las paredes tenían un alto zócalo de tableros y el resto hasta llegar al techo se había decorado con molduras de escayola siguiendo un sencillo patrón de cuadrantes coloreados en dos tonos.  El techo bajo el piso de entresuelo había sido decorado con un gran plafón retroiluminado idéntico al del vestíbulo, iluminación que se veía reforzada por varias lámparas colocadas de forma simétrica. El techo más alto se había realizado con escayola ondulada colocada de forma escalonada, que además de engalanar el espacio ofrecía una excepcional sonoridad a la estancia, absorbiendo cualquier tipo de eco.
La pantalla estaba marginada  por una moldura de escayola y cubierta por un gran telón de terciopelo. Esta se encontraba sobre un estrado con poco fondo apto únicamente para proyecciones.
Volviendo al vestíbulo y subiendo por cualquiera de las dos escalinatas llegábamos hasta otro vestíbulo, que tenía muchísima luz ya que poseía una gran cristalera sobre la puerta de entrada.


La planta de entresuelo del cine Sainz de Baranda.

Este tenía poca altura, y era realmente pequeño; como dato curioso indicar que según el proyecto original no poseía ni bar ni guardarropía, muy posiblemente debido a sus pequeñas dimensiones.


Una imagen de pequeño vestíbulo superior.
Se había engalanado como el resto de la sala de forma sencilla y funcional, suelos de mármol, paredes estucadas y techos de escayola ondulada al igual que el interior del patio de butacas. Existían dos puertas dobles de dos metros de anchura de acceso a la rampa de entresuelo. Este tenía mucha inclinación, dando perfecta visibilidad a todas las localidades. En él se habían instalado otros 153 sillones, muy cómodos y diferentes a los del patio, dando más categoría a las localidades de entresuelo que a las de platea. En la parte posterior sobresalía la cabina de proyección, dejando a ambos lados de esta, cuatro butacas en conocida “la fila de los mancos.”



Dos espectaculares imágenes del interior de la sala días antes de su apertura. Obsérvese su sencilla y funcional decoración.

El vestíbulo del piso superior como habíamos indicado anteriormente servía de descanso y poseía además, en su lateral derecho y traspasando un grueso cortinaje un único aseo para caballeros y otro para señoras. En el extremo opuesto de la estancia una puerta nos conducía por un amplio pasillo hasta una escalera, dejando a su paso una pequeña habitación, almacén con vistas a la calle. Subiendo por la estrecha y serpenteante escalera llegábamos hasta la planta primera; un pequeño distribuidor iluminado mediante un patinillo, daba acceso a un aseo para empleados, y a un angosto pasillo que desembocaba en una amplia habitación destinada a cuarto de repaso y preparación de las cintas. En el camino a esta estancia una puerta nos comunicaba con la cabina, de nueve metros cuadrados donde se habían instalados los equipos de proyección de 35 y 70 mm y el amplificador del sistema de sonido. Poseía además el pasillo de seguridad para la evitar la propagación del fuego en caso de accidente y todos los adelantos en sistema de extinción y señalización. Este espacio contaba además con ventilación directa a un patio del inmueble, haciendo más soportable las altas temperaturas que se alcanzaban en la época estival.





La planta primera o de cabinas y secciones transversales y longitudinales de la sala.
 
La estructura del patio de butacas al igual que el edificio de viviendas se había realizado con hormigón armado, soportando el peso del entresuelo dos vigas pórtico de nueve metros, y otras cinco más sobre el cielo raso de toda la sala que además soportaran parte del peso de las seis plantas superiores de viviendas.
Concluidas las obras y concedidas la pertinente célula de habitabilidad, el cine abre sus puertas el día 4 de abril de 1953, con la proyección en sesión continua de las cintas: “Diez valientes” y “El secreto de Paula” ambas de reestreno.

 


El local programaba cintas desde las cuatro de la tarde en sesión continua, con llenos todas las tardes y noches. En 1976 ofrece una programación diferente y especial junto con el cine Bahía de la calle Cartagena nº 30, sumándose poco después en agosto de ese mismo año a un circuito junto con los cines Pompeya, Palace, Peñalver, Infantas, Rosales y Gayarre.




En los años 80 se reforma por completo, dándole un aire más moderno y acorde a los tiempos, cambian sus sistemas de sonido y proyección y reduce drásticamente su aforo a 380 localidades. En él se seguían proyectando cintas en sesión continua denominadas especiales, ciclos y reposiciones, denominándose sala de Arte y Ensayo. Cierra a finales de los 80 y tras algunas obras reabre nuevamente para clausurarse definitivamente en 1992.
Pasó muchos años tapiado y olvidado, mientras los vecinos pasaban inertes ante su puerta esperando una nueva resurrección que no llegó nunca. En 1998 unas obras alertaron a la vecindad que se puso en pie de guerra ante la pérdida de otro espacio cultural en la capital, pero no llegó a ninguna parte.
El local fue completamente desmantelado dejando al descubierto la estructura de hormigón armado original, se adecuó a un nuevo uso, y abrió de nuevo reconvertido en un espacio dedicado a los niños. Un gigantesco parque de bolas de varias alturas donde los peques se divierten cada tarde igual que hicieron sus ancestros en ese mismo lugar. La portada se conserva, un poco deformada, y tan solo el nombre del local nos recuerda que en aquel lugar existió un pequeño pero muy coqueto cine de barrio, el cine Saínz de Baranda.
  

Una imagen actual de lo que fue el cine Sainz de Baranda hoy reconvertido en Cine Aventura Agüí.


Autor: David Miguel Sánchez Fernández.
Fuentes:
Madrid y el Cine. Pascual Cebollada y María G. Santa Eulalia. Madrid 2000. Comunidad de Madrid.
Archivo de Villa. Expediente nº 44-106-45
Fototeca del Patrimonio Histórico. Imágenes de Pando. Juan Miguel Pando Barrero. PAN-58453 a PAN-58458

Hemeroteca ABC, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

6 comentarios:

  1. buenos DIAS Y MUY BUEN AÑO David!!!!!!!

    No sabes lo que te he echado de menos. Todas las semanas controlando tu blog por si había alguna novedad.

    Acerca del post comentarte que desconocía totalmente la existencia de este cine (a pesar de que el nombre lo recordaba de parecer en el ABC).

    Que local mas encantador y agradable. Que diferencia de las actuales salas de los multicines: fríos, feos y sin ningún encanto. Lástima que petenezcan a una época que, desgraciadamente ha pasado a la historia y que desafortunadamente nadie -ni empresario del sector ni arquitecto o decorador- tengan la intención de devolvérnoslo. Sería maravilloso tener multicines con este estilo y estética en sus salas.

    Por favor, no vuelvas a tardar tanto en escribir en el blog. De verdad que se te echa de menos y a pesar de que la gente le da pereza escribir, te seguimos.

    un abrazo.

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    1. Hola Jordi.

      Feliz año, ¿como va todo?

      Intento escribir lo más rápido posible, pero uno tiene tanto que hacer que no da tiempo a más.

      Alguien podría plantearse la idea de construir unos minicines con encanto, algo que recordara a las salas de cine tradicionales, quizás se dieran cuenta que al cine no solo se va a ver una película, o al menos antes era así. En cualquier caso yo seguiré salvando el recuerdo de estas coquetas, gigantescas o destartaladas salas que la historia de esta ciudad nos ha dejado.

      Cuídate!!! y mil gracias por el comentario.

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  2. Muy buen artículo David, gracias por él, nunca llegué a ir, mi hermana sí pues vive cerca. Y seguro que la foto del 53 tiene truco, la tomarían en el puente de agosto. jjjjaaas.
    La sala resultaba muy coqueta pese a la modestia del edificio. Saludos.

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    1. Muchas gracias.

      Es cierto que la sala era realmente coqueta a pesar de ser tan pequeña. Una muy buena solución por parte del arquitecto y aun casi mejor del decorador.

      Cualquier dato que puedas aportar... ya sabes.

      Un saludo.

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  3. Hola David, me encanta tu nueva entrada sobre el cine Sainz de Baranda, al igual que todas muy bien documentada, entretenida y entrañable su visualización, recuperando la memoria de aquéllos locales y aquélla época que ya no volverán, pero que forman parte de nuestra historia. Gracias nuevamente por tu trabajo, que nos trae tan buenos recuerdos. Un fuerte abrazo y espero con muchas ganas tu próxima entrada. José Martínez González

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    1. Hola José.

      Gracias por tus palabras, son el motor de este blog y por supuesto de mis libros. Sin lectores de que serviría escribir sobre esto o cualquier otra cosa. Pro eso mil gracias. Yo por mi parte seguiré desempolvando viejos archivos y intentaré agasajaros con todo lo que la historia dejara a su paso.

      Espero volver pronto con una nueva entrada.

      Un saludo.

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