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8 de noviembre de 2021

DEL COLISEO DEL NOVICIADO AL CINEMA

 

A finales de 1909 en la calle Ancha de San Bernardo número 57 con vuelta a San Vicente Ferrer y del Norte, en un solar resultante de la demolición de unas antiguas edificaciones, se proyecta la construcción de un recinto para espectáculos teatrales y proyecciones cinematográficas al que se le denominaría el Coliseo del Noviciado.

El solar de 27 metros de largo por 15 de ancho y con forma de trapecio, fue perfectamente adaptado por el arquitecto José Carnicero para levantar un edificio con estructura de ladrillo y madera, con cubierta de teja plana y lona embreada colocada sobre cerchas de madera, que ocuparía dos tercios de la superficie, 20 metros de fondo por 12 de ancho, consiguiendo de esta forma dotar de salidas de emergencia por ambos lados de la platea; unas a la calle de San Vicente Ferrer y otras a un callejón particular.

Los propietarios don Juan Murillas y don Emilio Barranquero, no escatimaron en gastos a la hora de su construcción en la que invirtieron aproximadamente unos 15.000 duros. (75000 pesetas al cambio unos 450 euros).

Tras una alta reja de hierro encontrábamos un amplio patio solado con baldosín hidráulico de colores que servía de vestíbulo para la entrada de espectadores. La fachada del alto muro de su cara principal se había decorado siguiendo un patrón muy en boga en ese momento, de aires art nouveau, realizado con abultados en escayola y madera. A ambos lados del hueco central de entrada se habían construido con mucho esmero las taquillas, en forma de medio kiosco, y que eran uno más de los miles de adornos que decoraban su hermosa fachada.

Una de las pocas imágenes de la fachada del Coliseo del Noviciado en la primera década del siglo pasado.

El esmerado trabajo de decoración se debía a la Sociedad Nueva Decorativa que regentaban don Julio Alonso Gasco y don Antonio Ortiz, y que además de la maravillosa fachada, se habían encargado del ornato del interior, donde merecía especial mención la embocadura del escenario.  Los accesos y sala estaban además decorados con preciosas pinturas del artista don Francisco Tejada de Videgain.

Esta terraza que en verano se convertía en un bar al aire libre, se encapotaba con una montera de cristal y hierro en invierno.

A la izquierda de su fachada y continuando la verja de entrada se situaba un paso exclusivo al patio lateral, el cual había sido diseñado para desalojo de la sala.

Otra imagen con algunos años de diferencia de la fachada del local. Aproximadamente 1911.

Nada más traspasar el gran arco de entrada encontrábamos dos huecos, uno al lado derecho de paso a una sala de espera para las localidades de público preferente y general, y otro a la izquierda desde donde arrancaba una escalera de subida a los palcos y cabina de proyección.

La sala contaba con un aforo total de 600 localidades. Esta se dividía en seis palcos que se encontraban frente al escenario al fondo de la sala, más elevados que el resto de espectadores, y la platea, con localidades de entrada general con bancos corridos en la parte delantera, y separadas por una pequeña barandilla, las butacas de preferencia. 

Las butacas estaban forradas en terciopelo rojo durante los meses de invierno, que despojándose de esta funda se convertían en cómodos sillones de rejilla en los meses más calurosos.

Existía además un cuarto destinado a vestuarios de empleados y otro a contaduría y dirección de la empresa.


Boceto de alzados y planta del coliseo de Noviciado.

Los aseos se situaron en la parte posterior junto al cuerpo del escenario donde además estaban los camerinos para artistas. El edificio al completo gozaba de verdadero confort.

La cabina de proyección se encontraba tras la última fila de la platea y se había construido siguiendo la normativa vigente, con todos los sistemas de seguridad. En ella se instaló un maravilloso proyector para cine mudo marca “Gaumont nº7”, al que se le sumaban decenas de películas de las casas Pathé, Gaumont, Fréres, y Cine.

La iluminación en el interior del local se realizaba por medio de lámparas de incandescencia, repartidas en doce brazos, diez de tres luces y dos de cinco.

En el exterior dos arcos de seis amperios de llama roja engalanaban la fachada, mientras que en la calle lateral lo hacían dos arcos de cuatro amperios y luz blanca.

Al fondo de la sala, se había construido el escenario que tenía una embocadura de seis metros de ancho por cuatro de alto y acceso directo a los cuartos de los artistas y a la calle posterior. Contaba con más de cincuenta lámparas de iluminación para los actores.

Todos los lunes y viernes se daban estrenos de películas.  En cada sesión se proyectaban una media de 500 metros, costando el metro 1,35 pesetas, y 2 pesetas en colores. Además, entre proyección y proyección existían varios números de varietés.

El Coliseo de Noviciado ofrecía además todas las tardes interpretaciones cómico-líricas intercaladas con proyecciones cinematográficas, varietés, y espectáculos sicalípticos.

Denominado por el pueblo como el Apolo de los cines, fue un local que a partir de 1912 comienza a tener una cartelera dedicada especialmente a proyecciones cinematográficas.

Fue una de estas tardes, concretamente la del siete de abril de 1912 cuando una chispa saltó en la cabina de proyección del Coliseo de Noviciado. El joven e inexperto proyeccionista Antonio Arana intentó apagar la llama, acto en el que sufrió quemaduras importantes en ambas manos, pero no sirvió de nada. La cinta comenzó a arder con virulencia y en unos segundos la cabina se convirtió en un horno. Las llamas alcanzaron enseguida la armadura de madera del tejado que no tardó en convertirse en una hoguera.

El público aun no llenaba la sala, y desalojó el teatro en dos minutos, sin daños personales a través de las siete puertas de emergencia con acceso directo a la calle.

Cuando los efectivos quisieron llegar al lugar de los hechos el local ardía por los cuatro costados. La taquillera permanecía encerrada en su estrecho despacho sin poder escapar de las llamas, momento en el que algunos valerosos alumnos de infantería, se arriesgaron y sacaron a la joven que inmediatamente fue atendida por la Cruz Roja.

Temiéndose que las gigantescas llamas alcanzaran las viviendas contiguas, los vecinos comenzaron a evacuarlas, sacando muebles y objetos personales a las calles; momento en el que la armadura del tejado cedió y el local colapsó por completo disminuyendo de inmediato el fuego.

En menos de media hora el Coliseo del Noviciado había quedado reducido a cenizas. Los propietarios don Agustín Redondo y don Francisco Pérez tenían asegurado el local en 60000 pesetas, aunque se estimaban que las pérdidas llegarían a las 100000.



No se dudó en su reconstrucción. A los pocos días los escombros fueron retirados y se estudió rápidamente un nuevo proyecto de teatro cinema para aquel solar.

En julio de ese mismo año el arquitecto Manuel Ruiz Senén, realizó un proyecto de reconstrucción del local al que se le denominó como Cine-Teatro Álvarez Quintero. Con una recargada fachada de estilo Art decó, destacaban especialmente los abultados en pilastras, su frontis y sus altos pináculos decorados con florones y cadenetas. Tres amplios huecos de entrada en la planta baja y otros tres para ventanas en la planta superior. A ambos lados de la entrada se situaron las taquillas, y en la medianera con la casa contigua un portalón de entrada a un gran patio que serviría de salida de emergencia de la sala.


Subiendo algunos peldaños accedíamos hasta el vestíbulo principal, désde donde de forma simétrica arrancaban dos escaleras, una a cada lado para el acceso a la planta de entresuelo.

Bajo estos tiros de escalera se encontraban las taquillas y el despacho de contaduría.

Un gran hueco central de dos metros y medio daba paso a la parte posterior de la platea, donde se habían instalado ocho filas de cómodas butacas de preferencia, que podían ser desalojadas fácilmente por dos puertas laterales, una a la calle de San Vicente Ferrer y la otra a un patio cubierto lateral. Separadas por una barandilla metálica se encontraban las diez restantes filas, más cercanas al escenario denominadas de entrada general y que en su mayor parte estaban compuestas por bancos corridos, dónde los espectadores se apelotonaban. A ambos lados de la embocadura del escenario y del foso de la orquesta, se habían habilitado dos palcos de proscenio a los que se accedía por una escalerita desde el patio de entrada general. Existían para estas localidades de general otras cuatro salidas de urgencia, dos a la calle de San Vicente Ferrer y otras dos que además servían de entrada al patio cubierto lateral. Al fondo de este patio que se extendía desde la calle de San Bernardo donde tenía su entrada, hasta la del Norte, se habían instalado los aseos y cuartos de artistas.


Planta baja del Cinema-Teatro Álvarez Quintero. En él se ve claramente los diferentes espacios en los que estaba dividido el patio de butacas del local.

En el piso superior al que accedíamos desde las dos escaleras anteriormente señaladas desde el vestíbulo principal, existían siete palcos, dos de ellos de proscenio y otros cinco al fondo, frente al escenario, todos ellos con capacidad para ocho o diez personas. En los laterales del entresuelo y ocupando toda la longitud de la sala existía un gran balcón con butacas.  La cabina de proyección se había construido tras los palcos del fondo de la sala siguiendo todos los preceptos en extinción y propagación de fuegos. Había además en esta planta un gran vestíbulo de descanso con tres grandes huecos con ventanales a la calle Ancha de San Bernardo.

Planta primera o entresuelo del nuevo Cinema-Teatro Álvarez Quintero. Obsérvese su sencilla y práctica distribución.

Todo el balcón del piso superior tenía una barandilla de hierro con guirnaldas modernistas, al igual que las lámparas que pendían de sus techos y los pequeños plafones de incandescencia que decoraban sus paredes.

La embocadura del escenario se había realizado de forma muy sencilla con una doble moldura de escayola. El centro de todas las miradas era su telón de boca realizado por el pintor escenógrafo señor Marín Magallón, en el que se representaba una escena goyesca, y sobre este, en la parte mas alta del hueco un retrato de los señores Álvarez Quintero.

La embocadura y telón de boca del teatro.

Sección trasversal del teatro Álvarez Quintero.

El espacio escénico no era muy amplio. Tenía una embocadura de seis metros de ancho por cuatro y medio de alto, ocho metros de anchura hasta los hombros, seis metros de fondo en uno de los extremos y cuatro en el otro, debido a que este tenía forma trapezoidal. Contaba con parrilla y telar para al menos seis decorados diferentes, pudiéndose acceder hasta los bastidores mediante una escalera lateral que cruzaba a modo de puente hasta el extremo izquierdo dónde se habían instalado los camerinos.

El tejado se había construido con una gran estructura con cerchas de madera sobre la que se había colocado teja plana. El techo de la sala estaba decorado con molduras y esgrafiados de colores, dando una nota de color al recinto.

Existían en el interior de la sala ocho columnitas de hierro de sustento del piso de entresuelo y palcos, algo muy habitual en este tipo de locales de principio de siglo, lo que impedía la perfecta visibilidad desde alguna de las localidades.

El local se inauguró oficialmente con el nombre de Cine-Teatro Álvarez Quintero el día 25 julio 1913, con la hermosa comedia de Jacinto Benavente “La Fuerza Bruta” y “Flores”, como era de esperar con un lleno absoluto.


Una de las pocas imágenes de la original fachada del teatro Álvarez Quintero hacia 1914, decorada con un exquisito estilo art decó.

El teatro Álvarez Quintero, había empezado a programar cintas en la temporada 1914-15 consiguiendo llenar la sala cada tarde y noche, con pases desde las cinco hasta las doce y media, a 60 céntimos la localidad.

En 1915 la programación comenzó a ser mixta, dejando las proyecciones para los días laborables repartidas en cuatro sesiones, quedando el recinto para las variedades los fines de semana.


Tal fue el apogeo conseguido por la empresa del Álvarez Quintero que muy poco tiempo después de su apertura, ni trascurridos diez años se plantea la ampliación del coliseo. Este trabajo fue encomendado a el arquitecto José Espeliús Anduaga, que hábilmente desarrolló el proyecto dividido en dos grupos. Por una parte, se trataba básicamente de ganar el espacio del antiguo patio-pasillo lateral de desalojo y añadirlo a la platea, modificando la situación de algunos de sus pilares y haciendo mayor el hueco del anfiteatro. Y por otro lado, una ampliación de la planta principal que ganó más espacio creando un cuerpo voladizo en el centro de su fachada, que servía a su vez de marquesina y donde se instalaría la cabina de proyección.

Gracias a esta ampliación que eliminó los cinco palcos que existían frente al escenario, se pudo construir un graderío de entrada general. Tras la última fila de este se instaló un moderno cuarto para el operador con ventilación y vistas directas a la calle de San Bernardo.

Un lleno apoteósico en el interior del teatro Álvarez Quintero.



Sección trasversal y alzado principal de la reforma llevada a cabo por el arquitecto José Espeliús.

El tres de mayo de 1917 aparece en varios diarios locales la noticia de que un incendio había devorado el nuevo teatro Álvarez Quintero, siendo esta nada más que un reclamo publicitario para conseguir la atención del público e informar de su reestreno como local de proyecciones.

La fecha exacta es difícil de designar, puesto que parece que se realizó de forma paulatina, pero podríamos decir que esta reforma fue el punto de inflexión a partir del cual el teatro Álvarez Quintero será designado oficialmente con el nombre de Cinema X.

Este nombre lo tomó de un antiguo barracón, que se traslada hasta aquí desde otra ubicación dónde ya venía funcionando desde mucho tiempo atrás, concretamente desde 1912. Situado muy cercano a la Glorieta de Bilbao en la misma calle de Fuencarral, en el mismo lugar donde estuvo el primitivo teatro de Maravillas.

Anuncio aparecido el día 3 de mayo de 1917

“Madrid y el Cine” por otra parte asegura que el estreno del local fue el día 31 de octubre de 1918, en el que proyectaron cinco películas: “Aderezada y sin Novio”, “Tragabalas”, (dibujos animados); “Las Aventuras de Buffalo II”, “Puño de Hierro”; “La Senda del Deber” y “Los Peligros del Baño.”

De aquí en adelante funcionó en sesión continua diaria de cuatro y media a doce y media de la noche, con un aforo de 800 localidades y dos tipos de entrada. Las de preferencia de 60 cts. en butacas individuales pero sin apoyabrazos, y la del resto, de entrada general a 40 cts. en bancos corridos. En la platea las entradas de general y las de preferencia estaban separadas por una barandilla metálica.

La gestión de la empresa corría a cargo de Gonzalo Espinosa, Antonio Ardid y Cía., los mismos que habían estado gestionando el Cinema X de la plaza de Bilbao años atrás.

El día 26 de octubre de 1930, aparece en los principales diarios de la capital la noticia de que el Cinema X, proyectaría ese día por última vez cine mudo, con las cintas “La Manzana de Adán” y “Ronda nocturna.”

Al día siguiente comenzaría la programación con el fantástico programa: “Noticiario Fox”; “La Mujer del Torero”, con Raquel Meller; “El Leñador” (dibujos animados sonoros por el conejito Blas); “Obertura 1812”; y “El Halcón de los Aires.” En esta ocasión el precio de las butacas de preferencia pasaría a costar 80 cts., y las de general 40 cts.

Contaba el local con dos fabulosos proyectores marca Bauer y un fantástico sistema de sonido Orpheo Syncronic.


Modelo de aparato Bauer similar al instalado en el Cinema X

Al inicio de la Guerra Civil el cine seguía funcionando con normalidad, pero a los pocos días desaparece de las carteleras de los principales diarios, anunciándose únicamente para algún tipo de mitin celebrado en el local y algunas sesiones salteadas de carácter político. Se vuelve a tener rastro de él a partir del 30 de octubre de 1939.


Realmente no sabemos cuando la original fachada art Nouveau del teatro Álvarez Quintero fue modificada y transformada en un gran paño liso sin ninguna decoración. Pudo ser en la modificación de 1918 para transformarlo a cinema, o quizás tras la guerra por los daños ocasionados en esta. Sea como fuera el cinematógrafo pasó a lucir una fría y sencilla fachada únicamente decorada por el cartel con el nombre del local en su frontis, Cinema X.

El Cinema X en una fecha desconocida, posiblemente en los años 30.


Fachadas principal y lateral del Cinema X tal y como lo conocimos hasta su desaparición.

Aquel cine de tercera funcionó desde sus inicios como un verdadero coliseo del barrio a pesar de su sencillez. Se reformó en varias ocasiones, pequeños cambios sin importancia, siendo el mayor la sustitución de sus butacas por otras más cómodas. Sus paredes estaban únicamente adornadas con un friso de madera en todo su perímetro y pintadas en el resto. No tenía caras lámparas ni pomposas molduras. La iluminación se realizaba con pequeños plafones con lámparas de incandescencia situados en sus techos.  En algún momento de su trayectoria perdió su espacio escénico y este fue ganado a la platea, trasladando la pantalla unos metros más hacia su fondo. El cine funcionaba con regularidad programando cintas en sesión continua que eran muy frecuentadas por los jóvenes de la zona universitaria.

Tras algunas modificaciones la planta baja tan solo contaba con un pequeño vestíbulo desde donde arrancaban dos escalinatas laterales de acceso al entresuelo. En uno de los extremos de este vestíbulo, se creó un cuartito destinado a taquillas y contaduría, desde dónde comenzaba una escalerita de acceso directo a la cabina de proyección.

La entrada a la sala se hacía desde dos de las tres puertas principales, quedando la tercera destinada a personal. A ambos lados de este vestíbulo existían además dos puertas de desalojo que coincidían con las escaleras de acceso al entresuelo, can salidas directas una de ellas a la calle de San Bernardo y la otra a la de San Vicente Ferrer.

Por otra parte, la platea contaba con otras cuatro puertas de desalojo a San Vicente Ferrer, lo que le confería al local una perfecta evacuación en caso de incendio.

Única imagen del patio de butacas del Cinema X de la calle de San Bernardo en los años 40. Se observa la sencillez con la que había sido decorado el interior del local.

El acceso al patio de butacas se hacía únicamente por un hueco central desde el vestíbulo, que con un único pasillo iba dando paso a todas y cada una de las localidades. Al fondo en el lateral izquierdo de la pantalla se habían instalado los aseos y el cuarto de la caldera de calefacción. Desconocemos si existía algún pequeño lugar destinado a bar en algún rincón del local, siendo imposible instalarlo bajo la rampa del entresuelo.

El piso superior mantenía la forma de U original, con localidades en la rampa de su fondo y localidades laterales. Existía en lo más alto varios ventanales para ventilación del local, ya que no poseía los modernos sistemas de climatización.



Tres imágenes tomadas a las puertas del Cinema X en la concurrida calle Ancha de San Bernardo durante diferentes épocas. En algunas se observa el deteriorado estado de su fachada.

En los años 50 el viejo Cinema X seguía funcionando y programando cintas en sesión continua, a pesar de su destartalado estado seguía manteniendo a su clientela.

En un artículo en La Vanguardia Española de 1954 se decía: “Aún existe, aún, aquel modesto coliseo, pero trocado en cine desde hace muchos años, y ya con otro nombre en su frontispicio. El Teatro Álvarez Quintero de la calle de San Bernardo no era suntuoso como el Teatro Álvarez Quintero de la Gran Vía. Pero éste se ha cerrado igual que aquél. Y, posiblemente, con el mismo destino.”


El viejo y desvencijado Cinema X en los últimos años de su existencia a mediados de los años 60.

En los años 50 el circuito García Ramos mantenía su programación de segunda, con sesión continua desde las cinco de la tarde y así se conservó hasta su cierre el 10 de julio de 1967, fecha en la que se proyectaban las cintas “El Grano de Mostaza” y “El Conde de Montecristo.”

Aunque desde finales de los años 70 existía un proyecto de construcción de un nuevo edificio de viviendas sobre el solar, aun pasarían muchos años para que se llevase a cabo.

En noviembre de 1971 ABC menciona el decrépito local que lleva años cerrado y cercado, no solo obstruyendo el paso de los transeúntes al haber menguado su acera, sino que además amenazaba ruina y podría desplomarse en cualquier momento. Que triste e indigno final para un local tan importante.

La calle de San Bernardo en los años 70. En ella se puede ver el aspecto que presentaba la acera de los números impares a su paso por el antiguo Cinema X.

En marzo de 1973 otra noticia aparece en el mismo diario en el que con el titular, “Problemas en el edificio del antiguo Cinema X”, se comenta los gravísimos inconvenientes que estaba causando, no solo el embudo que producía la valla que se había instalado para evitar derrumbamientos. Al parecer las ratas se habían adueñado del local y entraban y salían por las desvencijadas puertas del local, las cuales tenían atemorizados a los vecinos.

A finales de los años 70 el Cinema X se derribó y quedó en la calle Ancha de San Bernardo un fantástico y valioso solar que aun permanecería algunos años más vacío a la espera de un nuevo morador.

El antiguo Coliseo del Noviciado ardió, el elegante teatro Álvarez Quintero sucumbió en post de la modernidad, y el Cinema X se extinguió. Su sucesor haría olvidar por completo cualquier rastro de sus antecesores, pero para sanar la herida había que esperar hasta finales de los años 80, momento en el que se levantó un nuevo y moderno edificio de viviendas. Hoy tan solo queda el recuerdo de antiguos vecinos.

Un aspecto actual de la esquina de las calles de San Bernardo y San Vicente Ferrer, lugar que ocupó el Cinema X.


Autor: David Miguel Sánchez Fernández.

Especial agradecimiento a Antonio Jiménez por su magnífica aportación.

Bibliografía:

Café-!! (Madrid. 1906). 2/6/1907, página 4.

El Arte de el teatro (Madrid. 1906). 15-8-1907, página 10.

El Día (Madrid. 1881). 18/1/1908, página 2.

La Unión ilustrada. 19/2/1911, página 25.

El Heraldo de Madrid. 8/4/1912, página 1.

El Globo (Madrid. 1875). 8/4/1912, n.º 12.633, página 3.

Nuevo mundo (Madrid). 11/4/1912, página 29.

Las Ocurrencias (Madrid. 1911). 12/4/1912, n.º 49, página 2.

La Correspondencia de España : diario universal de noticias: Año LXIV Número 20251 - 1913 .

La Correspondencia de España : diario universal de noticias: Año LXIV Número 20254 - 1913 .

El Globo (Madrid. 1875). 21/7/1913, n.º 13.030, página 1.

La Ilustración financiera. 12/8/1913, n.º 177, página 6.

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Revista de varietés. 30/11/1914, n.º 114, página 1.

14/05/1916 - ABC (Madrid) - Página 18.

La Correspondencia de España : diario universal de noticias: Año LXVIII Número 21630 1917 mayo 3.

La Libertad: La Libertad - Año XII Número 3309 - 1930 octubre 26 (26/10/1930).

30/01/1955 - ABC (Madrid) - Página 22.

28/11/1972 - ABC (Madrid) - Página 11.

27/01/1981 - ABC (Madrid) - Página 97.


https://www.facebook.com/Cinesqueyanoestan

http://www.M@driz hacia arriba.com


Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Fondo Santos Yubero.


Madrid y el Cine. Pascual Cebollada y Mari G. Santa Eulalia. Comunidad de Madrid. 2000.

Los primeros 25 años del cine en Madrid. Josefina Martínez Álvarez.


Diario ABC.

Diario La Vanguardia.

Hemeroteca ABC.

Hemeroteca digital Biblioteca Nacional.

Hemeroteca Virtual de Prensa Histórica.

 

 

3 comentarios:

  1. interesantísimo artículo de un local del que había oído hablar pero del que nunca había visto fotos de sus distintas fachadas y mucho menos de su interior.
    IMÁGENES DE UN MADRID QUE, DESGRACIADAMENTE, NO VOLVERÁ.

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    1. Muchas gracias Jordi. Yo también había oído hablar mucho de este local, pero no había casi nada publicado. Ahí esta todo lo que he podido encontrar. Era un local que sin pena ni gloria aguantó años sin reformar, una lástima no haberlo recuperado con su fachada original. Pero...

      Cuídate mucho. Un abrazo.

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  2. Hola David, después de tanto tiempo sin publicar nada, nos sorprendes con tres reportajes seguidos muy documentados y exhaustivos, la verdad que son una delicia consultarlos. Del Cinema X, decirte que asistí en una ocasión a sus proyecciones, ya poco antes de que cerrara y mi impresión del local fue deprimente, feo, descuidado y destartalado, cualquiera diría la historia que tenía y que ahora nos descubres en tu reportaje. Muchas gracias por seguir deleitando con estas entradas. Saludos, José Martínez González.

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