Cuando en el año 1899 ya existían varios frontones en Madrid como el Jai Alai, el Fiesta Alegre, el Euskal-Jai, o Beti Jai, surge por parte de Juan Pruneda, uno de los aficionados más antiguos y entusiastas la idea de construir un nuevo edificio destinado al juego de la pelota Vasca. Para ello se hace con un solar muy céntrico, junto a la puerta del Sol que hasta el momento había estado ocupado por parte del Convento del Carmen Calzado, y que desde los últimos años venía funcionando como las oficinas de la Dirección de la Deuda Pública. Cuando este fue demolido quedó un solar de unos 2000 metros cuadrados y de intrincada forma con fachadas las calles de Tetuan, Abada y Salud.
El espacio marcado con el círculo ocupaba hasta el momento el Convento del Carmen Descalzo.
El nuevo recinto contaría con una reglamentaria cancha de 62 metros por 10 de ancho a la que había que sumarle la contracancha de la misma longitud por 5 metros de ancho. Junto a la contracancha se elevaba el primer graderío con cuatro filas de sillas movibles que ascendían hasta la altura del piso de entresuelo donde se habían instalado los 28 primeros palcos. Sobre estos ya en piso principal, se habilitó una fila de sillas de preferencia y tres hileras de asientos de grada, y más arriba de esta, una grada de paso sin asientos. Su fachada principal daba a la calle de Tetuán, y desde ella se accedía hasta un vestíbulo de seis metros de altura con varios huecos, dos de ellos de ingreso directo a la cancha, y uno más a su derecha de acceso a un gran vestíbulo más estrecho que corría bajo los palcos y de forma paralela a la cancha, dando parte de su fachada a la calle de la Abada. Junto a este último hueco había una escalera que subía hasta los pisos de entresuelo y principal, donde además de los correspondientes accesos a las localidades se había instalado un gran salón y en la planta más alta otro más pequeño y las habitaciones del intendente. La parte izquierda de la fachada estaba ocupada por un gran café al que se podía acceder directamente desde el vestíbulo o desde la calle. A la fachada a la calle de la Abada que con posterioridad configuraría la plaza del Carmen, se le cedió entrada desde su parte más cercana a la esquina con la calle de la Salud, teniendo esta acceso al vestíbulo lateral antes citado y que contaba con una amplia escalera doble que ascendía hasta las plantas superiores. Todas con aseos para caballeros y señoras este último con tocador. La enfermería y los cuartos de los pelotaris se hallaban en la planta baja, y la contaduría taquillas y resto de servicios en la principal.
El diseño de este moderno edificio de aires decimonónicos fue llevado a cabo por el eminente arquitecto Daniel Zavala Álvarez que ya había realizado grandes obras en la capital. El nuevo inmueble contaba con una profunda cimentación que en algunos puntos llegaba hasta diez metros de profundidad realizada con ladrillo y cemento de San Sebastián, la pared del frontis, es decir la que bada a la calle de la Salud se realizó con piedra Berroqueña y el solado de la cancha con piedra de Igualada. Los forjados se realizaron en hierro, y mientras uno de sus lados reposaba sobre la fachada de ladrillo y cemento Portalt a la plaza del Carmen el otro lado se sustentaba por esbeltas columnas de hierro laminado curvo. Barandillas y pasamanos metálicos embellecian la obra con sus ligeras y voluptuosas siluetas. Los palcos estaban profusamente decorados con papeles pintados y pinturas al óleo, sobre estos se habían colocado tableros para comodidad de los asistentes, pudiendo dejar sobre ellos refrescos o cualquier otro objeto.
Sobre la cancha se realizó un gran entramado de hierro dejando en su centro un enorme lucernario de cristal que cubría de lado a lado la cancha. En el interior y para evitar roturas se colocó una gran red metálica en toda su extensión. Otras partes del edificio fueron forradas en colchoneta para evitar los golpes de las rápidas jugadas de los pelotaris. Se tardó en construir algo más de un año y se gastó cerca de un millón de pesetas para erigir esta nueva catedral del deporte tan en auge en aquella época.
Una de las escasas imágenes del original Frontón Central a finales del siglo XIX.
Su arrendatario fue don Luciano Berriatua, y con el arranca la historia de este maravilloso local que tantos altibajos sufrió. Funcionó con regularidad, aunque en esos momentos tan convulsos en la historia de nuestro país se le recuerde más por su etapa como salón de conferencias y mítines que como frontón de juego. A partir de 1904 se comienza a proyectar películas tras los partidos, adaptando rápidamente la cancha en patio de butacas. En 1906 se convirtió en el Central Kursaal un salón de exquisito gusto donde se representarían varietes cada noche, no por ello dejando de funcionar como frontón, transformándolo cada noche para adaptarlo a este nuevo uso. En el diario oficial de Avisos de Madrid del 2 de enero de 1906 se decía lo siguiente:
Acabado el partido a las siete y media de la tarde una numerosa brigada de carpinteros convierten el frontón central en un hermosa sala de espectáculos muy semejante al Casino de Paris, con un gran escenario, patio de palcos y butacas y un gran parquet con servicio de café. Los muros y localidades del frontón quedan totalmente ocultos por enormes tapices cerrando el espacioso salón iluminado por focos eléctricos.
Durante este periodo que funcionó como improvisado salón de espectáculos se programaron 222 funciones de cine, compaginadas con otros espectáculos. El cinematógrafo iba ocupando su lugar.
A principios de 1920 se realiza su primera reforma importante para trasformarlo en Circo Americano, pero el proyecto no consigue la finalidad deseada por lo que dos años más tarde se trasforma definitivamente en cinematógrafo. Aquí es donde comienza verdaderamente nuestra historia. Esta reforma que es llevada a cargo de Carlos Arniches Moltó aunque otros indicios apuntan a Manuel Lopez Mora Villegas, consistió básicamente en la transformación del antiguo espacio de cancha en patio de butacas, partiéndolo en dos salas diferentes, pero unidas entre si por medio de varios arcos que se cubrían con ricas telas para separar las dos salas. Podríamos decir que este fue el primer multicine de la historia española, dotando a un solo local con dos salas en las que se proyectarían dos películas diferentes. Además de la construcción de este semi-muro medianero se realizó un falso techo de escayola bajo la armadura metálica del tejado, decorándolo con pinturas de llamativos colores y pendiendo de él caras lámparas de cristal. Se dotó al local de dos cabinas individuales de proyección y de todos los servicios necesarios para este tipo de espectáculos.
La entrada siguió estando en la calle de Tetuán, colocando sobre sus huecos de entrada un gran cartelón luminoso con el nombre del local Cine Madrid.
Un aspecto de fachada principal del moderno cine Madrid en la calle de Tetuán. El edificio contiguo a su derecha era el famoso teatro Chantecler regentado por la famosa cupletista La Chelito.
El local se inauguró oficialmente el día 29 de diciembre de 1925 con el extraordinario programa: El tazón de bronce. (seis partes), Adelante Malacara, (siete partes) y Un jinete sin cabeza (dos partes) teniendo para la ocasión un lleno absoluto en sus dos salas. Su empresario el Sr Méndez Laserna fue ovacionado en todo momento por el excelente ambiente conseguido con la acertada reforma, al igual que por el programa escogido.
Aspecto del antiguo graderío del Frontón dividido en dos partes idénticas.
Una imagen de la capital en el año 1926 en su centro el tejado del Cine Madrid.
Dos aspectos de la sala decorada con suntuosidad y su patio de butacas con sillas movibles.
Una de las dos pantallas instaladas en el nuevo cine Madrid. Como único adorno superfluo hay que destacar la embocadura del escenario.
Se eliminaron el pequeño graderio situado junto a las canchas y los palcos de la entreplanta se avanzaron cerca de dos metros para dotarlos de más espacio, cada uno de los espacios estaba formado por 17 palcos, 900 butacas de patio y 500 localidades altas. El piso del patio se elevó sobre la antigua cancha y se construyó uno nuevo de madera con una ligera inclinación hacia la pantalla. Funcionó continuadamente hasta el año 1933 cuando cierra sus puertas y durante algún tiempo se usa como salón de fiestas para bailes.
En octubre de 1933 se empieza anunciar en diversas publicaciones la reapertura del local con el mismo nombre, el autor de esta nueva reforma fue nuevamente don Manuel López Mora Villegas, que realizó nuevamente algunos cambios sobre el anterior proyecto constituyendo una única sala. Se inauguró el sábado día 28 de octubre de 1933 con el film Manolesco, El príncipe de los estafadores. Sobre los detalles de la nueva sala no se ha encontrado ninguna documentación ni imagen, tan solo merece especial atención la ornamentación llevada a cabo por el escenográfo Martínez Gary y que resalta especialmente los colores rojizos que inundaban la sala. Aguantó el periodo de guerra y siguió funcionando con alti-bajos hasta mediados del 43.
En 1944 se realiza la gran reforma que modificará por completo la fisonomía del antiguo frontón a cargo del arquitecto Cesar de la Torre Trassierra. El patio seguiría estando en el espacio ocupado por la cancha pero la crujía de la calle Abada pasaría a ser la entrada principal del local para lo cual se derriba gran parte de esta. En ella se realiza un gran hueco donde iría un majestuosos pórtico de entrada rematado por cuatro columnas jónicas de granito. La fachada del edificio se forró de piedra granítica, y en lo más alto se realizó un voladizo del mismo material, la esquina se volvió curva para tomarla con mas suavidad y sus altos muros únicamente de vieron engalanados por algún adorno superfluo, pequeñas molduras o un minúsculo busto en otro de sus paños.
La nueva fachada que lucirá a partir de 1943 el cine Madrid.
Trabajos de demolición del antiguo Frontón Central para adaptarlo a su nuevo uso como teatro. Obsérvese el gran corte que se realizó en su fachada para construir el pórtico de columnas.
La fachada a la calle de la Salud quedó relegada únicamente a la salida de espectadores creando en su centro una pequeña puerta de servicio. Este alto muro, que fue en su día la parte más estrecha del frontón se revistió con cemento y en él se crearon cinco cuadrantes con pinturas esgrafiadas rojizas única decoración para este alto y frió muro.
El pórtico de entrada, de tres pisos de altura se vio soberbiamente decorado: a su izquierda quedaban tres huecos para taquillas y sobre estos tres medallones de inspiración clásica. En su frente tres puertas enmarcadas con jambas y dinteles de piedra artificial y sobre estas frisos decorativos con ramilletes de flores abultadas que se escondían bajo el pequeño balcón de los tres huecos que daban luz al vestíbulo superior. El la parte más alta y recorriendo todo el espacio del pórtico corría un friso decorado con escenas alegóricas que recordaban claramente al estilo de la antigua Grecia. En esta obra en la que se mezclaban todo tipo de estilos arquitectónicos llamaba especial mención su decoración interior en la que no se escatimaron en detalles. Para realizarla se revistieron las antiguas columnas que soportaban el gran entramado de hierro del tejado con ferrallas y hormigón, reforzando toda la estructura. Se construyeron nuevos accesos y se desmantelaron los antiguos, se cegaron ventanas, y se realizó un gran voladizo para entresuelo de hormigón armado. La reforma que duro algo más de un año fue una verdadera obra de ingeniería que corrió a cargo de la Nueva Constructora Nacional.
Comienzan a llegar los primeros materiales para la reforma interior. Aún se observa parte de la antigua cancha de juego.
Los trabajos avanzan con lentitud pero con firmeza, en esta imagen se ve el andamiaje que soportaría el techo del nuevo vestíbulo en la parte trasera del patio de butacas, y desde el que arrancaría el amplio y cómodo entresuelo.
Otro detalle del encofrado visto desde la planta segunda.
Detalle de la colosal obra de ingeniería, las antiguas columnas de hierro del frontón quedaron embutidas dentro de los nuevos pilares de hormigón armado. Una imagen de las pruebas de resistencia del balcón de entresuelo.
Fachada original del recién terminado Teatro Cine Madrid en 1943.
Finalmente se inauguro el viernes 8 de octubre de 1943 con la función de gala en la que se representó la zarzuela La Venta de los Gatos de José Serrano y que corrió a cargo de la Asociación de Prensa, fue un verdadero éxito tal y como se esperaba.
Planta baja del nuevo coliseo Teatro Madrid. Obsérvese las entradas desde las tres calles, Abada, Tetuán y de la Salud.
Dos aspectos del vestíbulo de entrada.
Nada mas traspasar las puertas de entrada encontrábamos el vestíbulo, único vestigio del antiguo frontón que corría paralelo al eje de la sala y desde donde se podía acceder por medio de cinco huecos al patio de butacas, dejando en la parte más cercana a la calle de la Salud otros tres huecos de acceso al zaguán. Desde este propio vestíbulo lateral se podía desalojar el local por una puerta lateral a la calle de la Salud, junto a los tres huecos de entrada había un minúsculo ascensor para servicio de las localidades altas, y traspasando los huecos de entrada una escalera de acceso al piso superior bajo la cual se hallaban las taquillas. Junto a estas dos grandes espacios dedicados a servicios para caballeros. Este largo corredor estaba adornado con suntuosidad, hornacinas con esculturas de la antigüedad, frisos con abultados florales, columnas y jarrones decorativos y lámparas de cristales y bronces.
La iluminación que en algunos casos se hacia por medio de lámparas, también se realizó mediante iluminación indirecta, oculta tras molduras de escayola o escondidas en jarrones que difuminaban la luz directamente hacia los techos. No faltaba ningún detalle y cada una de las estancias fue decorada con mobiliario estilo Luis XVI, sobre todo en las estancias de paso y en los palcos y pasillos de servicio a estos.
El gran zaguán que habíamos mencionado anteriormente se encontraba el la parte más cercana a la calle de Salud y en la parte posterior del patio de butacas, en el había dos escaleras miméticas y entre estas la salida de espectadores a la calle de la Salud. Frente a los grupos de escaleras se encontraban dos huecos más de acceso al patio de butacas que distribuían de un modo sencillo las localidades.
Detalle del laborioso trabajo realizado en el techo del zaguán, se puede observar que la iluminación de este se realizaba de una forma indirecta dando mucho más realce a la obra.
En este mismo espacio se habían instalado también los aseos y tocadores para señoras y un pequeño cuarto para servicios de los empleados del local. Subiendo por cualquiera de los dos tiros de escalera que habíamos señalado anteriormente llegábamos hasta el vestíbulo ambigú de la planta principal donde se había montado el bar, como no bajo la rampa del amplio entresuelo que se desarrollaba sobre este.
El amplio vestíbulo del piso primero donde se había instalado una esplendida barra de bar. Se aprecia el laborioso trabajo de forja que se realizó en las barandillas de las escaleras, al igual que los frescos que adornaban cada uno de los rincones del local. En la segunda imagen los abultados realizados en el espacio central de la misma estancia.
Planta primera o principal del suntuoso Teatro Madrid.
En el ambigú de la planta primera, había tres huecos al vestíbulo lateral que se desarrollaba de igual forma que el de la planta baja y daba servicio a los palcos laterales que solo se habían instalado en uno de los laterales del patio de butacas. También había dos escalinatas que abrazaban el bar y ascendían hasta las localidades de entresuelo, concretamente hasta uno de los descansillos que se formaban a la mitad de su rampa.
Sobre esta planta tan solo existía una zona destinada a cabina de proyección y cuarto del operador con sus correspondiente aseo y al que se accedía por la escalera lateral situada a la derecha de la puerta de entrada al edificio.
El patio de butacas que como habíamos comentado anteriormente contaba con siete puertas de entrada en su planta baja se había realizado con tarima de madera y tenía una fuerte inclinación hacia el escenario, para evitar problemas de visibilidad. Sus paredes y balcones de palcos y entresuelo se habían decorado siguiendo el mismo estilo empleado en sus pasillos y vestíbulos, donde no faltaban los recargados trabajos de escayola, engalanados con pinturas al óleo y pan de oro.
Corredor que daba servicio a los palcos, antiguo vestigio del Frontón Central.
Un rincón de descanso, obsérvese los caros muebles que decoraban estancia.
Sección longitudinal del edificio. Véase la profundidad del entresuelo que casi llegaba hasta la calle de la Salud, dejando únicamente detrás espacio para la cabina de proyección.
Contaba con un total de 1700 localidades repartidas en entresuelo, patio y dos pisos de palcos. Los techos de la sala se habían decorado al igual que sus paramentos verticales con ricas pinturas y laboriosos abultados en escayola que se iluminaban indirectamente. Todo un coliseo para la capital de España. Llego a ser uno de los mejores de su orden y contaba además con un gran escenario capaz para representar cualquier genero, con telares y todos los servicios necesarios para la realización de obras en varios actos y con diferentes cuadros.
Una impresionante imagen tomada desde el escenario del teatro, véase la capacidad con la que contaba y como se realizaba la iluminación mediante lámparas ocultas tras las molduras y paramentos de escayola.
Detalle de los palcos laterales.
El techo de la parte más alta del entresuelo, el eclecticismo en su máximo esplendor.
Otro detalle del techo de la sala en el que observamos parte de la embocadura del escenario que estaba flanqueado por cuatro columnas.
El edificio de la calle Tetuán paso a un segundo plano conservando intacta su fachada originara y construida cuando el edificio era aún el Frontón Central. En este se reservó un local para alquiler y el resto se ocupó con la entrada de servicio a escena, camerinos y cuartos para artistas, músicos y demás empleados del local.
A pesar del auge que con el que se inauguró, tan solo funcionó con representaciones teatrales hasta el 26 de septiembre de 1945 cuando se reconvierte nuevamente en el Cine Madrid proyectando para su inauguración el fim. Una Nación en marcha.
Siguió funcionando con normalidad programando rigurosos estrenos hasta finales de los 70 cuando se comete el mayor crimen en la historia de este local, subdividirlo en varias salas con programas diferentes, como su antecesor. La obra corrió a cargo del arquitecto Manuel Peña Arribas, y esta se realizó en diferentes fases. Para ello se desmanteló en gran parte la obra que con tan buen gusto había realizado la Nueva Constructora Nacional y se constituyeron un total de cuatro salas, dos de ellas en la parte ocupada con anterioridad por el patio de butacas, una tercera en la zona del entresuelo y la cuarta y más tardía en aparecer, en antiguo escenario de la sala. Su nuevo arrendatario una productora mexicana, llamó a cada una de la salas con diferentes nombre propios: Jorge Negrete, Luis Buñuel, Agustín Lara y Maria Félix. Años después perdería dichos nombres y solamente se las conocería por sus números.
Planta principal actual del edifico, se observa la división realiza en esta planta para adecuar tres salas, dejando el entresuelo en la planta primera para una cuarta.
El cine Madrid de la Plaza del Carmen debió terminar su historia a principios del siglo XXI cuando todas las salas vecinas comenzaron a cerrar y su gran rival, los Cines Acteón situados frente a este, ofrecían unas instalaciones más modernas y cómodas. Desde entonces lleva cerrado y poco a poco y con el paso de los años hemos ido viendo como el inmueble se iba degradando, primero cayendo sus carteleras, después la marquesina y si alguien no lo remedia el edificio completo, que terminará sucumbiendo al cambio de los tiempos.
Los cines Madrid poco antes de su cierre definitivo.
La fachada a la calle de Tetuán, antigua entrada al Frontón y al Cine Madrid. Compárese con la cuarta imagen, todo parece haberse detenido.
Un detalle del pórtico de entrada al local en el que se ve su friso alegórico y el triste estado que comienza a denotar el inmueble.
Lateral a la calle de la Salud, sus viejos esgrafiados florales aún muestran su colorido original.
Hay varios proyectos de reforma, el propio Ayuntamiento de Madrid pensó en el año 2003 reconvertirlo en 13 pequeñas salas, derribando por completo la edificación y salvando tan solo la fachada de granito a la Plaza del Carmen, pero no vio la luz. Por otro lado el estudio de Arquitectura Santiago Fajardo al que agradezco su colaboración, barajó la posibilidad de reconvertirlo en un grandioso y moderno teatro-auditorio en el centro de la capital, que además contaría con salas de ensayo y grandiosos vestibulos acristalados.
Las antiguas taquillas hoy sin película en cartel.
Proyecto llevado a cabo por el estudio de arquitectura Santiago Fajardo para su reconversión en un gran teatro en el centro de la capital.
Aspecto que presentaría el interior del nuevo Teatro Madrid.
Las plantas baja y principal del ansioso proyecto de reconversión.
Sea cual sea el futuro del antiguo frontón Central esperemos que siga persistiendo al menos sus fachada hoy tan desgastada y triste.
Autor: David Miguel Sánchez Fernández.
Fuentes:
Diario ABC Hemeroteca
Madrid y el Cine. Pascual Cebollada y Mary G. Santa Eulalia.
Arquitectura de Madrid. Fundación COAM. Casco Histórico.
Los primeros veinticinco años de cine en Madrid. Josefina Martínez.
Madrid Histórico. Convento del Carmen Calzado.
Diario Oficial de Avisos de Madrid. 2 de enero de 1909.
Varias publicaciones periódicas. Hemeroteca BNE La Libertad, El Sol, Nuevo Mundo,El Globo, Luz
Urbanity. De Madrid al Cielo. Juanjo.
Estudio de Arquitectura Santiago Fajardo




























































