NECESITO DE VUESTRA COLABORACIÓN.


Cualquier sugerencia, recuerdo o anécdota, así como material gráfico será recibido con gratitud. No dude en ponerse en contacto. Gracias a todos.

email: laciudadlineal@yahoo.es


TODOS LOS TEXTOS CONTENIDOS EN ESTE BLOG ESTAN PROTEGIDOS POR EL REGISTRO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL.

7 de octubre de 2019

EL CINE BRISTOL

En un solar resultado de la demolición de un antiguo matadero situado entre las calles de Antonia Calas, Melquiades Biencinto y María Bosch, surge el arriesgado proyecto de construcción de un cine con aforo superior a las 1000 localidades que hará competencia a todos los de la zona. 
El proyecto llevado a cabo por el arquitecto José Luis Sanz Magallón se resolvía de una forma muy peculiar, consiguiendo aunar todos los espacios de un amplio local en un pequeño solar. Hay que tener en cuenta algunos factores que quizás hicieron al arquitecto replantearse este proyecto en varias ocasiones.


El principal problema con el que se encontró el arquitecto era donde establecer la entrada a la sala, que finalmente se situó en la calle de Melquiades Biencinto, frente al cine Frutos, siendo así su principal competidor. Otro inconveniente fue que la parte posterior del edificio a la actual avd. de la Paz, estaba por aquel entonces ocupada por pequeñas construcciones que se suponían terminarían desapareciendo para formar una calle, por lo que el arquitecto dejó un vestíbulo hacia esa fachada, pero concedió los accesos al entresuelo únicamente desde la calle de Melquiades Biencinto.
El inmueble se levantó enteramente con estructura de  hormigón armado procedente de Portland Valderribas, y se construyeron dos gigantescas vigas de 17 metros de luz que sujetaría el entresuelo. La cubierta se realizó con cerchas metálicas, y sobre estas se instalaron planchas de “Uralita” que formaron un gran tejado a dos aguas. Para las fachadas se eligió paños lisos y estriados formados por cortinas de ladrillo visto para las fachadas a Melquiades Biencinto y Antonia Calas.


Fachada principal a la calle de Melquiades Biencinto. (Dibujo del autor)

La parte posterior y la calle de María Bosch se decoraron de forma más sencilla, un gran paño liso de cemento pintado en beige, tan solo adornado por los huecos de ventanas y salidas de urgencia.


Fachada lateral a la calle de Antonia Calas (Dibujo del autor)

La entrada principal se situó en la esquina entre Melquiades B. y Antonia C. , donde se formó un chaflán para darle más relace. Sobre los tres huecos de entrada, compuestos por cinco puertas de cristal, se construyó una marquesina que volaba 80 cm sobre la calle y bajo la cual se resguardaban los grandes cartelones pintados a mano, reclamo de la cinta en proyección. Sobre la marquesina un cartel luminoso con el nombre del local,  construido en madera y neón y colocado estratégicamente, lo que permitía su visión desde la Avd. de la Albufera.


Una inédita imagen del cine Bristol en su primera época. (Archivo Regional de C.M.)

Sobre la marquesina, y remarcado por dos parapetos laterales de hormigón armado con formas geométricas, se construyó mediante franjas de cemento, una decoración que hacía recordar una catarata, y que estaba iluminada con decenas de lámparas de incandescencia que producía un efecto geométrico excepcional. Sobre la cornisa del chaflán se instaló otro gran cartel con las letras Cine también iluminado por neones de color rojo.
Las taquillas se instalaron a ambos lados de las entradas, una en Melquiades Biencinto y otra en María Calas, ambas amparadas por un pequeño voladizo. Junto a estas las vitrinas con los afiches de la cinta en proyección. 
Traspasando cualquiera de las cinco puertas de cristal, que dejaban ver el interior del local desde la calle, entrabamos al vestíbulo principal, muy alto, de dos pisos, muy moderno y funcional. Las dos columnas de hormigón que franqueaban el espacio estaban decoradas con “gresite” o teselas de colores verdosos, los suelos eran de terrazo negro, y el resto de paredes estaban engalanadas con un friso de madera de dos metros de altura, el resto pintado al temple en color azul  turquesa. Los techos eran lisos y estaban retroiluminados con lámparas de fluorescencia. En uno de sus laterales, frente a las puertas de entrada, un gran mural con dibujos geométricos abstractos daba calidez a la estancia. 


Un aspecto aproximado del interior del cine Bristol. (Dibujo realizado por el autor.) 

Ambos lados del vestíbulo partían dos escaleras de 1,80 metros de ancho cada una que subían vertiginosamente dos plantas hasta convertirse en vomitorios del entresuelo, pero con una característica especial, ya que nacían a ambos lados de la pantalla y abrazaban al patio de butacas, lo cual ahorraba espacio y no dificultaba la visión de la proyección.
Por otra parte, en el propio vestíbulo y bajando una escalinata muy ancha, llegábamos hasta otro vestíbulo más bajo desde donde se podía acceder al sótano, mediante una escalera situada en el lateral derecho de este. En el sótano, se habían instalado los aseos masculinos y femeninos, la sala de calderas, carboneras y el cuarto de los empleados.
Volviendo al vestíbulo más bajo, y ambos lados de este nacían dos tramos de escalera que conducían al patio de butacas y que daban acceso a este por ambos lados de la pantalla. El patio de butacas ganaba mucha inclinación hacia la pantalla al contrario de lo usual, a pesar de lo cual todas las localidades tenían una perfecta visión de la misma.


Sección del cine Bristol, obsérvese los sótanos bajo el vestíbulo principal, los dos vestíbulos, las escaleras de acceso a la planta superior que cruzaban el patio de butacas y que conducían a los espectadores directamente al entresuelo y la rampa del suelo del patio de butacas que subía hacia la pantalla.

Las paredes tenían un alto zócalo a modo de friso de madera y el resto estaba pintado en azul oscuro. El suelo era de “Sistasol” pavimento plástico continuado, y el techo bajo el entresuelo era blanco liso, con lámparas de incandescencia empotradas, y algunos detalles ornamentales de escayola con motivos geométricos. En las paredes existían una serie de paneles que sobresalían de los muros, que a modo decorativo con pinturas geométricas servían de a su vez de lámparas ya que escondían de forma indirecta la iluminación de la sala. Las butacas fabricadas en madera, con asientos abatibles estaban tapizadas en terciopelo naranja y se habían instalado formando dos largos pasillos laterales y uno transversal, que servía para dirigir a los 551 espectadores a sus localidades. A ambos lados del patio existían dos salidas de emergencia, suficientes para evacuar a todo el aforo.  En la parte posterior, se redujo el fondo de la sala, a pesar de que se podría haber instalado butacas en todo su fondo, y en ella se creó un vestíbulo sin salida, que indudablemente estaba diseñado para dar entrada desde la calle posterior, en él, por épocas se instaló una barra con servicio de bar. Existía además un almacén, y un cuarto estrecho, posiblemente destinado a taquillas además de una estrecha escalera de servicio que subía vertiginosa hasta la primera planta donde estaba el ambigú, y donde realizaba una parada para continuar hasta la cabina.
Partiendo nuevamente desde el vestíbulo principal y subiendo por cualquiera de las dos escalinatas laterales de este, llegábamos hasta el entresuelo. 

La rampa de entresuelo completa, obsérvense las dos columnas que sujetaban el piso superior y que no impedían en ningún caso la visión de la pantalla.
Desde aquí se tenía una gran perspectiva de la rampa que formaban las localidades y que eran cruzadas por dos pasillos que subían entre las bancadas de madera hasta llegar al testero. Los muros laterales se habían pintado en el mismo color azul verdoso que en la planta baja, mientras que el fondo de la sala y los muretes de parapetos del hueco al patio y escaleras se habían forrado de madera, consiguiendo de esta forma evitar reverberaciones. El techo, muy alto, se había realizado en escayola a modo de dientes de sierra por capas, que se iban superponiendo unas sobre otras, dejando espacio suficiente para instalar las lámparas que de manera indirecta iluminarían de forma espectacular el techo de la sala.

En muro del balcón del patio había sido forrado en su parte externa con escayola rizada de forma curvada. Sobre este muro se colocó una pequeña barandilla de hierro con formas geométricas, idénticas a las utilizadas en los frescos de los paneles que en los muros laterales escondían la iluminación indirecta.
Todo el forjado del entresuelo se sostenía con dos gigantescas vigas que unidas entre sí por decenas de ellas más de menor tamaño, formando un entramado de hormigón armado indestructible.  Sobre la rampa que formaba este entramado se habían construido bancadas de ladrillo y madera donde irían instaladas otras 550 butacas más, idénticas a las del patio de la planta inferior, conformando un total de 1100 localidades.
En el lado opuesto estaba el escenario, remarcado en su parte superior por otro tablero de escayola retroiluminado y lateralmente por dos franjas de color naranja a juego con las localidades. Ocupaba el estrado el ancho completo de la sala, y tenía dos metros de fondo. En él se había colocado la pantalla panorámica, apta para proyecciones en Cinemascope, y delante de esta el telón de color naranja y la gasa. Al estrado se accedía desde cualquiera de las escaleras laterales del entresuelo y tras la pantalla existía una escalera de servicio que conducía al cuarto de máquinas de la planta superior.   
El ambigú se encontraba bajo la rampa de entresuelo y a él se acedia mediante los dos vomitorios con escaleras que partían del graderío o subiendo por la escalera de servicio desde el fondo del patio de butacas. Era amplio, los techos altos y luminoso, con dos ventanas laterales a cada extremo.


Un aspecto del piso destinado a bar y aseos.

El suelo era al igual que en el vestíbulo de terrazo negro, y las paredes y techos estaban pintadas en blanco, la única decoración superflua la daban las dos columnas de apoyo del piso superior que se habían revestido en “Gresite” marrón. Poseía una barra de bar de gran longitud en la parte con el techo más bajo, de madera con listoncillos verticales y una gran chapa en la parte superior. Junto al bar se instaló un almacén. En el otro extremo y en cada uno de los rincones se establecieron los aseos femenino y masculino, dejando entre ambos un pasillo por donde transcurría la escalera de servicio que seguía subiendo entre el forjado para llegar hasta la planta de cabina y control.
La última planta ocupaba unos 70 metros cuadrados, la escalera desembocaba en un espacio destinado a cuarto del proyeccionista con una ventana que servía de accedo al tejado.


La planta de cabinas del cine Bristol.
Desde ese cuarto destinado a rebobinado y preparación de las cintas se accedía a la cabina de proyección que estaba alicatada con azulejos de color verdoso, perfectamente adecuada para los casos de emergencia, con duchas sobre los proyectores y puertas metálicas. En ella se había instalado dos maravillosos proyectores y un fantástico equipo de sonido marca Westrex.  Contaba además con pasillo cortafuegos entre la cabina y la sala, que volaba sobre los espectadores del entresuelo. El resto de la planta estaba ocupada por un gran despacho y un aseo, ambos con luz directa de la calle. Sobre la planta de cabinas se formó una azotea solada con baldosín rojo. 


La sala al completo estaba asilada con una cámara de aire entre el ladrillo tosco exterior y la rasilla interior, pero no poseía aislantes en las paredes, muy extendidos para evitar molestos ecos.
El sistema de calefacción y refrigeración funcionaban mediante el clima artificial, que filtraba agua a diferentes temperaturas para conseguir la sensación térmica deseada. Los conductos se repartían por la sala desde rejillas instaladas en los laterales de esta.
Existía además un sistema generador de energía obligatorio en caso de corte del suministro, abastecido por gasóleo y apoyado por decenas de baterías para su arranque. Toda esta maquinaría se encontraba repartida entre los cuartos del sótano de la sala y los espacios vacíos que quedaban tras la pantalla.


El cine Bristol en primer término visto desde el otro lado de la M30, sobre su azotea se observa el cartel del vecino cine Rio. (A.G.A. 33-01407-00018)

Aunque no hay datos exactos de la fecha de apertura del local se calcula que sería en el año 1958, fecha en la que se inscribe en el Registro de Empresas Cinematográficas.
Según la prensa programaba cintas de sesión continua, en algunas ocasiones de primer reestreno desde las 4:30 de la tarde. Festivales infantiles, principalmente en matiné, los sábados y domingos.
 La última cinta con que aparece en carteleras fue “Silverado” y “El último Dragón” el 6 de abril de 1986, aunque no fue dado de baja hasta 1988.
Después cerró para siempre y se convirtió en un mito, que se iba volviendo gris y deforme con el paso de los años.













El cine Bristol se convirtió en un fantasma varado en una playa de coches que pasaban a sus pies y le veían envejecer y perder sus rasgos hasta convertirse en un cajón gris.
Perdió en los años 90 sus marquesinas y todo signo vital, incluso la cascada de hormigón de su fachada fue derribada, no quedando más que los antiguos huecos de puertas.



El cine Bristol ya cerrado desde la puerta de la parroquia de San Ramón Nonato.

Hubo varios proyectos para intentar recuperarlo, a principios del 2000 se anunciaba en sus paredes grises que sería reconvertido en un bingo, pero la idea no cuajó. Poco después fue ocupado y vandalizado, ocupación que no derivó más que en tapiado completo de todas sus puertas y ventanas.






Le robaron hasta el nombre, ya que la propiedad traspasó el nombre de Bristol al cine Bilbao de la calle Fuencarral para olvidar su catastrófico final, aunque las minisalas Bristol duraron muy poco en cartel y terminaron convertidas en salas de ensayo.
Del Bristol de Vallecas ya nadie se acordaba de no ser por el cartel de cine que existía en su lateral y que era visible perfectamente desde la avd. de la Albufera.





Cuatro imágenes aéreas de la zona.

Tras treinta años clausurado le ha llegado su hora, y una compañía constructora se ha hecho con el edificio, en breve se alzará en su lugar un edificio de viviendas de lujo.
En el verano de 2019 comenzó a desmontarse la cubierta de “Uralita” con el tratamiento pertinente debido a su gran concentración de amianto. A mediados de septiembre se comienza con la demolición mecánica del edificio que nos dejó ver los entresijos del tan querido y olvidado cine Bristol.









Diferentes aspectos de la demolición del cine Bristol en septiembre de 2019.




  El edificio Bristol, proyectado en el antiguo solar que ocupaba el cine.

Autor: David Miguel Sánchez Fernández.

Fuentes:

Diarios: ABC, Madrid, Hoja Oficial del Lunes.
Registro de Espectáculos Cinematográficos. El cine Bristol
Bing Maps, Facebook, todocoleccion.
Madrid y el Cine. Pascual Cebollada - Mary G. Santa Eulalia. Comunidad de Madrid 2000.


Coliseum inversores.

28 de octubre de 2018

EL CINE ALEXANDRA



En un terreno de forma trapezoidal y con fachada a dos calles, resultante de la demolición de un antiguo inmueble y un solar contiguo desde antes de la contienda, correspondientes a los números 29 y 31 de la céntrica calle de San Bernardo, se proyectó en el año 1947 bajo un proyecto de  José Luis Plaja Tobía, la construcción de un edificio destinado a cinematógrafo y apartamentos de alquiler. 




Impactante imagen del gran socavón que provocó un obús en la calle de San Bernardo en plena contienda. Al fondo se aprecia el solar y el edificio contiguo donde se construirán años después el hotel Alexandra. (Archivo Rojo)

Ese primer proyecto fue corregido por este mismo arquitecto el cual destinó las plantas superiores a viviendas y la baja a cinematógrafo, idea que comenzó a fraguar en 1950, pero una vez iniciadas las obras, con la estructura prácticamente concluida, existe cierto desacuerdo entre la propiedad y el arquitecto, lo que motiva la extinción de los trabajos.

Tres años después y bajo un nuevo proyecto que debía ajustarse a lo ya construido, el arquitecto Juan del Coro modifica las plantas superiores para destinarlas a hotel para viajeros. Dicho inmueble, incluiría 79 habitaciones, un gran salón comedor, un cinematógrafo y un restaurante-braserié, además de todos los servicios anejos a estos negocios.



Boceto del nuevo cine Alexandra en la calle de San Bernardo. (Pando Barrero)


Debido a la demora en la adecuación de las plantas superiores, se le dio prioridad a la ejecución de la sala de proyecciones, que abrió mucho tiempo antes que dicho hotel.

El inmueble que se había proyectado se elevaría sobre la rasante en siete plantas, más una de sótano de doble altura. Para su fachada principal a la calle de San Bernardo se eligió un sencillo patrón simétrico de paños lisos y ladrillo visto, decorado únicamente por un balcón corrido en la planta segunda con barandilla de hierro y un voladizo sobre la quinta, bajo el parapeto de la terraza de la planta de ático. Para la fachada a la travesía de las Beatas se utiliza idéntico patrón sin detalles ni añadidos superfluos.




La entrada a la sala de espectáculos se estableció en la parte derecha de la fachada a la calle de San Bernardo, dejando únicamente un pequeño hueco junto a esta donde años más tarde se dará entrada al restaurante parrilla de la planta sótano.


Un sencillo atrio de poco más de un metro de fondo por cinco de largo daba entrada al cine, dos grupos de puertas de dos metros separadas por la taquilla, una pequeña garita en forma de semicírculo, con cierta influencia del ya olvidado estilo racionalista. No existía marquesina, la decoración quedó reducida a un simple voladizo de algo más de 30 cm sobre el que se habían colocado las letras con el nombre del local, realizadas con madera y tubo de neón. Bajo este voladizo y ocupando toda la entrada se colgaban grandes bastidores y el lienzo del programa en proyección.


Una imagen de la entrada al cine Alexandra en su primera época antes de que se concluyera la construcción del edificio a mitad de los años 50.

Tanto en el centro de la fachada como en la azotea se colocaron  unos gigantescos cartelones con letras de neón, visibles claramente desde la Avenida de José Antonio, en los que se podía leer, Hotel y Cine Alexandra, todos realizados por la casa “Electrodo”, especialistas en iluminación.

Volviendo al cine, y traspasando cualquiera de las dos puertas llegábamos a un pequeño recibidor, que en forma de embudo conducía a los espectadores a otro vestíbulo más grande desde donde se articulaban todos los espacios del local.

La decoración interior era sencilla y funcional, los suelos se habían realizado en terrazo de dos colores, y las paredes estaban pintadas en tonos pastel, con altos paños lisos, que únicamente se veían engalanados por las grandes molduras de escayola que escondían las lámparas de fluorescencia que iluminaban de forma indirecta la estancia.

El estrecho pasillo de no más de tres metros de anchura dejaba a su paso la contaduría, que era un pequeño despacho sin iluminación natural, y la escalera de descenso a la planta sótano, donde se habían establecido los aseos para señoras y caballeros.  Ambos huecos que quedaban enfrentados en el estrecho pasillo habían sido cubiertos por dos pesados telones de terciopelo rojo que daban cierto aire de lujo al pequeño habitáculo.  Al fondo el vestíbulo principal, era como un soplo de aire fresco, debido a que el techo era doblemente alto.

El espacio decorado de la misma forma que el estrecho hall de entrada poseían cierta pendiente hacía el interior de la sala, este se había organizado de forma simétrica, con dos tiros de escaleras laterales, de metro y medio de anchura cada uno, que subían hasta la planta de entresuelo, donde configuraban otro vestíbulo con balcón al piso inferior. La baranda de dicho balcón y escalera se había realizado en hierro y tenía pasamanos de latón pulimentado.




Bajo el tiro de escalera izquierdo se estableció un cuarto para útiles de servicio, y bajo su contrario, un pequeñísimo guardarropa. Al frente, y bajo el balcón del piso superior quedaba la entrada a la sala, compuesta por tres grandes huecos con puertas dobles de metro cincuenta cada uno de ellos.




Dos aspectos del interior de la sala: El primero del angosto pasillo que conducía desde la entrada hasta el vestíbulo principal, donde esta toma la segunda imagen.  (Fondo Pando Barrero.)

Al traspasar por cualquiera de las tres puertas nos adentrábamos en el patio de butacas, que era bastante largo y estrecho. El pasillo corría únicamente por el centro de la sala, y daba servicio a todas las localidades de esta planta, desembarcando a los pies de la pantalla, donde tres huecos perfectamente ordenados conducían a los espectadores bajo el pequeño escenario y los despachaba de forma ordenada y embutida a la travesía de las Beatas. 


Un aspecto del interior de la sala visto desde las últimas filas de butacas. (Fondo Pando Barrero)

La decoración interior de la sala se había realizado de una forma muy sencilla, los suelos que tenían bastante pendiente hacia la pantalla y eran de madera tratada colocada sobre rastreles.
Los suelos se habían engalanado con una moqueta burdeos que dejaba un pasillo en color marfil en su centro, ambos colores utilizados en las 369 butacas que componían el patio, y que habían sido realizadas por la prestigiosa casa “Sillerías Segura”. Como detalle curioso decir que las filas de butacas impares estaban compuestas por siete asientos, y las pares por ocho lo que hacía que el pasillo no trascurriese por el centro de la sala, tal y como se aprecia en la imagen superior.  Junto a la entrada existían dos pilares de sustento del balcón de entresuelo que no provocaban estorbo de ningún tipo ya que se había creado un pequeño hueco de recepción donde los espectadores esperaban la llegada del acomodador. En los muros laterales se había realizado un alto zócalo de dos metros pintado en tonos ocres, y desde aquí hasta el techo en color beige. La única decoración superflua que existía eran unos pequeños marcos realizados en escayola que realzaban la presencia de plafones de bronce con lámparas de incandescencia.  Los falsos techos de escayola escondían el resto de la iluminación, formando grandes recuadros ideales para la absorción de las ondas sonoras, evitando ecos molestos. En la sala se colocaron varios grupos de radiadores perfectamente camuflados que mediante agua caliente, y que por medio de una caldera marca Roca de carbón calentaba el recinto. Esta se había situado en la parte izquierda del escenario, bajo la platea.



Existía además un sistema de refrigeración y calefacción proporcionado por un moderno sistema de clima artificial, que renovaba el aire de la sala ligeramente humedecido mediante unas rejillas que se colocaron sobre la pantalla.
La embocadura de la pantalla se había realizado de escayola formando un sencillo rectángulo que enmarcaba el telón. Detrás del telón existía un estrecho escenario donde se había instalado la pantalla panorámica Cinemascope. Los altavoces se habían colocado tras esta, y se accedía hasta ellos mediante un pasillo de servicio que subía desde el cuarto de la caldera mediante una escalera de caracol.

Volviendo al vestíbulo principal y ascendiendo por cualquiera de las dos escalinatas llegábamos al ambigú, un pequeño espacio dedicado a descanso donde se encontraba la barra del bar. A ambos lados de esta las entradas o vomitorios del entresuelo. Ambos tenían escaleras que subían hasta la última fila del entresuelo, que era realmente pequeño, contando tan solo con cinco filas de butacas y dos palcos para sillas movibles, conformando un total de setenta y ocho localidades, que añadidas a las anteriores nos daban la suma total de 447 localidades de aforo. Desde todos y cada una de los sillones de entresuelo se conseguía una excelente visión de la pantalla.



El patio de butacas y el entresuelo visto desde el escenario. (Fondo Pando Barrero)

Detrás del mostrador del bar existía una pequeña puerta que conducía a  la cabina de proyección, y desde donde arrancaba una escalerita de setenta y cinco centímetros de anchura que subía muy empinada hacía la cabina de proyección, dejando a su paso un pequeño aseo. La escalera continuaba su ascenso hasta la cabina de proyección, que era un cuarto bastante amplio, dotado con todos los sistemas de seguridad de la época. Paredes alicatadas con azulejos, duchas de aspersión sobre los proyectores, puertas metálicas y pasillo cortafuegos entre la cabina y la sala. Además contaba con ventilación directa a un patio interior de la finca, lo cual hacía más llevadero el sofocante calor de la época estival. Se instalaron en la cabina dos proyectores “Phillips Cinema” FP5, y un sistema de sonido “Súper Reality Raunge” súper alta fidelidad, de la misma marca y que tenía la peculiaridad de llevar los graves y agudos por canales separados a los altavoces.



El local en conjunto era bombonera, un pequeño cine con todos los adelantos en confort, seguridad, proyección y sonido a un paso de la avenida de José Antonio.


El cine a cargo de la empresa Alexandra S.A. comenzó su andadura el día  6 de diciembre de 1954, con Pan, Amor y Fantasía, un film italiano que en este cine se proyectaría en riguroso reestreno, programación con la que continuaría durante su primera etapa.


Algunos meses después de la apertura del cine se inauguró el hotel Alexandra, lo que dio aún más realce al cine, puesto que la fachada y la marquesina al completo deslumbraban a los viandantes con su novedad y modernidad.


El edificio del nuevo cine y hotel Alexandra la mañana del 21 de abril de 1955, a la derecha de la entrada al cine,  el restaurante parrilla Alexandra el Rinconcito que aún no se había inaugurado, lo que servía para expandir aún más la cartelera del cine. (Fondo Pando Barrero)


Una tarjeta de visita del complejo en alemán nos evidencia el enfoque que tenía el negocio.

 

El hotel Alexandra debido a su cercanía a la Gran Vía tenía muchísima afluencia de huéspedes, en cualquier época del año, principalmente extranjeros.
Algunos meses más tarde abre sus puertas el restaurante, parrilla Alexandra, más conocido como el Rinconcito, que compartía cocina con el hotel pero que estaba enfocado principalmente a clientes externos.
Su pequeña portadilla no hacía presagiar el magnífico salón que escondía en su interior.


Un aspecto de la entrada al restaurante Alexandra el 9 de noviembre de 1956. (Fondo Pando Barrero)













Varios aspectos del interior del restaurante Alexandra enclavado bajo el cine de su mismo nombre, a finales de 1956. (Fondo Pando Barrero)


Otra espectacular imagen de la entrada al hotel, cine y restaurante Alexandra la noche del 30 de Mayo de 1955.

El cine continúa su andadura como sala de reestreno en sesión continua todas las tardes y noches, con pases matinales los domingos y festivos. A mediados de los años 60 comienza a programar cintas en versión original, un cine reservado para unos pocos. En agosto de 1967 cierra durante la época estival para acometer algunas mejoras entre las que destaca la colocación de nuevas y más amplias butacas.


Otro aspecto del conjunto en diciembre de 1956. (Fondo Pando Barrero)

Es a partir de ese momento cuando su programación se dedica íntegramente a Arte y Ensayo proyectando una cuidadosa selección de cintas, muchas de ellas en versión original.
En los años 80 una nueva reforma que engloba a todo el edificio hace desaparecer el restaurante de sus sótanos, ampliando el cine su fachada y transformando el local en una sala moderna y de reducido aforo. La coqueta taquilla desapareció, instalándose una más moderna en el lateral derecho de la fachada, concediendo más espacio a la entrada y salida de espectadores. Se instalaron un moderno cartel luminoso con el nombre del local, se entelaron las paredes, se instalaron nuevas butacas y nuevos proyectores y el reluciente cine Alexandra prosiguió su andadura.


Aspecto que presentaba el cine Alexandra tras su última reforma a principios de los años 90.


En abril de 1992 el cine Alexandra cierra definitivamente sus puertas, y tras algunos meses cerrado es absorbido por el hotel Alexandra.




Dos aspectos de la fachada del edificio Alexandra en 1998 y 2017 cuando el cine ya había sido absorbido.

En 2010 una nueva reforma transforma por completo el edificio, modificando incluso la fisonomía de su fachada. Es a partir de este momento cuando pasa a denominarse como Hotel Sterling, un moderno hotel con todo tipo de comodidades muy cercano a la Gran Vía. En su clásica fachada actual no queda ningún rastro del pequeño y coqueto cine Alexandra.  

Autor: David Miguel Sánchez Fernández.

Fuentes:

-Archivo Villa: Expediente 43-333-22
-Fototeca del patrimonio histórico. Archivo Pando Barrero.
-Archivo General de la Administración. Fondo Alfonso.
-Hemeroteca ABC.
-Google Maps.