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28 de octubre de 2018

EL CINE ALEXANDRA



En un terreno de forma trapezoidal y con fachada a dos calles, resultante de la demolición de un antiguo inmueble y un solar contiguo desde antes de la contienda, correspondientes a los números 29 y 31 de la céntrica calle de San Bernardo, se proyectó en el año 1947 bajo un proyecto de  José Luis Plaja Tobía, la construcción de un edificio destinado a cinematógrafo y apartamentos de alquiler. 




Impactante imagen del gran socavón que provocó un obús en la calle de San Bernardo en plena contienda. Al fondo se aprecia el solar y el edificio contiguo donde se construirán años después el hotel Alexandra. (Archivo Rojo)

Ese primer proyecto fue corregido por este mismo arquitecto el cual destinó las plantas superiores a viviendas y la baja a cinematógrafo, idea que comenzó a fraguar en 1950, pero una vez iniciadas las obras, con la estructura prácticamente concluida, existe cierto desacuerdo entre la propiedad y el arquitecto, lo que motiva la extinción de los trabajos.

Tres años después y bajo un nuevo proyecto que debía ajustarse a lo ya construido, el arquitecto Juan del Coro modifica las plantas superiores para destinarlas a hotel para viajeros. Dicho inmueble, incluiría 79 habitaciones, un gran salón comedor, un cinematógrafo y un restaurante-braserié, además de todos los servicios anejos a estos negocios.



Boceto del nuevo cine Alexandra en la calle de San Bernardo. (Pando Barrero)


Debido a la demora en la adecuación de las plantas superiores, se le dio prioridad a la ejecución de la sala de proyecciones, que abrió mucho tiempo antes que dicho hotel.

El inmueble que se había proyectado se elevaría sobre la rasante en siete plantas, más una de sótano de doble altura. Para su fachada principal a la calle de San Bernardo se eligió un sencillo patrón simétrico de paños lisos y ladrillo visto, decorado únicamente por un balcón corrido en la planta segunda con barandilla de hierro y un voladizo sobre la quinta, bajo el parapeto de la terraza de la planta de ático. Para la fachada a la travesía de las Beatas se utiliza idéntico patrón sin detalles ni añadidos superfluos.




La entrada a la sala de espectáculos se estableció en la parte derecha de la fachada a la calle de San Bernardo, dejando únicamente un pequeño hueco junto a esta donde años más tarde se dará entrada al restaurante parrilla de la planta sótano.


Un sencillo atrio de poco más de un metro de fondo por cinco de largo daba entrada al cine, dos grupos de puertas de dos metros separadas por la taquilla, una pequeña garita en forma de semicírculo, con cierta influencia del ya olvidado estilo racionalista. No existía marquesina, la decoración quedó reducida a un simple voladizo de algo más de 30 cm sobre el que se habían colocado las letras con el nombre del local, realizadas con madera y tubo de neón. Bajo este voladizo y ocupando toda la entrada se colgaban grandes bastidores y el lienzo del programa en proyección.


Una imagen de la entrada al cine Alexandra en su primera época antes de que se concluyera la construcción del edificio a mitad de los años 50.

Tanto en el centro de la fachada como en la azotea se colocaron  unos gigantescos cartelones con letras de neón, visibles claramente desde la Avenida de José Antonio, en los que se podía leer, Hotel y Cine Alexandra, todos realizados por la casa “Electrodo”, especialistas en iluminación.

Volviendo al cine, y traspasando cualquiera de las dos puertas llegábamos a un pequeño recibidor, que en forma de embudo conducía a los espectadores a otro vestíbulo más grande desde donde se articulaban todos los espacios del local.

La decoración interior era sencilla y funcional, los suelos se habían realizado en terrazo de dos colores, y las paredes estaban pintadas en tonos pastel, con altos paños lisos, que únicamente se veían engalanados por las grandes molduras de escayola que escondían las lámparas de fluorescencia que iluminaban de forma indirecta la estancia.

El estrecho pasillo de no más de tres metros de anchura dejaba a su paso la contaduría, que era un pequeño despacho sin iluminación natural, y la escalera de descenso a la planta sótano, donde se habían establecido los aseos para señoras y caballeros.  Ambos huecos que quedaban enfrentados en el estrecho pasillo habían sido cubiertos por dos pesados telones de terciopelo rojo que daban cierto aire de lujo al pequeño habitáculo.  Al fondo el vestíbulo principal, era como un soplo de aire fresco, debido a que el techo era doblemente alto.

El espacio decorado de la misma forma que el estrecho hall de entrada poseían cierta pendiente hacía el interior de la sala, este se había organizado de forma simétrica, con dos tiros de escaleras laterales, de metro y medio de anchura cada uno, que subían hasta la planta de entresuelo, donde configuraban otro vestíbulo con balcón al piso inferior. La baranda de dicho balcón y escalera se había realizado en hierro y tenía pasamanos de latón pulimentado.




Bajo el tiro de escalera izquierdo se estableció un cuarto para útiles de servicio, y bajo su contrario, un pequeñísimo guardarropa. Al frente, y bajo el balcón del piso superior quedaba la entrada a la sala, compuesta por tres grandes huecos con puertas dobles de metro cincuenta cada uno de ellos.




Dos aspectos del interior de la sala: El primero del angosto pasillo que conducía desde la entrada hasta el vestíbulo principal, donde esta toma la segunda imagen.  (Fondo Pando Barrero.)

Al traspasar por cualquiera de las tres puertas nos adentrábamos en el patio de butacas, que era bastante largo y estrecho. El pasillo corría únicamente por el centro de la sala, y daba servicio a todas las localidades de esta planta, desembarcando a los pies de la pantalla, donde tres huecos perfectamente ordenados conducían a los espectadores bajo el pequeño escenario y los despachaba de forma ordenada y embutida a la travesía de las Beatas. 


Un aspecto del interior de la sala visto desde las últimas filas de butacas. (Fondo Pando Barrero)

La decoración interior de la sala se había realizado de una forma muy sencilla, los suelos que tenían bastante pendiente hacia la pantalla y eran de madera tratada colocada sobre rastreles.
Los suelos se habían engalanado con una moqueta burdeos que dejaba un pasillo en color marfil en su centro, ambos colores utilizados en las 369 butacas que componían el patio, y que habían sido realizadas por la prestigiosa casa “Sillerías Segura”. Como detalle curioso decir que las filas de butacas impares estaban compuestas por siete asientos, y las pares por ocho lo que hacía que el pasillo no trascurriese por el centro de la sala, tal y como se aprecia en la imagen superior.  Junto a la entrada existían dos pilares de sustento del balcón de entresuelo que no provocaban estorbo de ningún tipo ya que se había creado un pequeño hueco de recepción donde los espectadores esperaban la llegada del acomodador. En los muros laterales se había realizado un alto zócalo de dos metros pintado en tonos ocres, y desde aquí hasta el techo en color beige. La única decoración superflua que existía eran unos pequeños marcos realizados en escayola que realzaban la presencia de plafones de bronce con lámparas de incandescencia.  Los falsos techos de escayola escondían el resto de la iluminación, formando grandes recuadros ideales para la absorción de las ondas sonoras, evitando ecos molestos. En la sala se colocaron varios grupos de radiadores perfectamente camuflados que mediante agua caliente, y que por medio de una caldera marca Roca de carbón calentaba el recinto. Esta se había situado en la parte izquierda del escenario, bajo la platea.



Existía además un sistema de refrigeración y calefacción proporcionado por un moderno sistema de clima artificial, que renovaba el aire de la sala ligeramente humedecido mediante unas rejillas que se colocaron sobre la pantalla.
La embocadura de la pantalla se había realizado de escayola formando un sencillo rectángulo que enmarcaba el telón. Detrás del telón existía un estrecho escenario donde se había instalado la pantalla panorámica Cinemascope. Los altavoces se habían colocado tras esta, y se accedía hasta ellos mediante un pasillo de servicio que subía desde el cuarto de la caldera mediante una escalera de caracol.

Volviendo al vestíbulo principal y ascendiendo por cualquiera de las dos escalinatas llegábamos al ambigú, un pequeño espacio dedicado a descanso donde se encontraba la barra del bar. A ambos lados de esta las entradas o vomitorios del entresuelo. Ambos tenían escaleras que subían hasta la última fila del entresuelo, que era realmente pequeño, contando tan solo con cinco filas de butacas y dos palcos para sillas movibles, conformando un total de setenta y ocho localidades, que añadidas a las anteriores nos daban la suma total de 447 localidades de aforo. Desde todos y cada una de los sillones de entresuelo se conseguía una excelente visión de la pantalla.



El patio de butacas y el entresuelo visto desde el escenario. (Fondo Pando Barrero)

Detrás del mostrador del bar existía una pequeña puerta que conducía a  la cabina de proyección, y desde donde arrancaba una escalerita de setenta y cinco centímetros de anchura que subía muy empinada hacía la cabina de proyección, dejando a su paso un pequeño aseo. La escalera continuaba su ascenso hasta la cabina de proyección, que era un cuarto bastante amplio, dotado con todos los sistemas de seguridad de la época. Paredes alicatadas con azulejos, duchas de aspersión sobre los proyectores, puertas metálicas y pasillo cortafuegos entre la cabina y la sala. Además contaba con ventilación directa a un patio interior de la finca, lo cual hacía más llevadero el sofocante calor de la época estival. Se instalaron en la cabina dos proyectores “Phillips Cinema” FP5, y un sistema de sonido “Súper Reality Raunge” súper alta fidelidad, de la misma marca y que tenía la peculiaridad de llevar los graves y agudos por canales separados a los altavoces.



El local en conjunto era bombonera, un pequeño cine con todos los adelantos en confort, seguridad, proyección y sonido a un paso de la avenida de José Antonio.


El cine a cargo de la empresa Alexandra S.A. comenzó su andadura el día  6 de diciembre de 1954, con Pan, Amor y Fantasía, un film italiano que en este cine se proyectaría en riguroso reestreno, programación con la que continuaría durante su primera etapa.


Algunos meses después de la apertura del cine se inauguró el hotel Alexandra, lo que dio aún más realce al cine, puesto que la fachada y la marquesina al completo deslumbraban a los viandantes con su novedad y modernidad.


El edificio del nuevo cine y hotel Alexandra la mañana del 21 de abril de 1955, a la derecha de la entrada al cine,  el restaurante parrilla Alexandra el Rinconcito que aún no se había inaugurado, lo que servía para expandir aún más la cartelera del cine. (Fondo Pando Barrero)


Una tarjeta de visita del complejo en alemán nos evidencia el enfoque que tenía el negocio.

 

El hotel Alexandra debido a su cercanía a la Gran Vía tenía muchísima afluencia de huéspedes, en cualquier época del año, principalmente extranjeros.
Algunos meses más tarde abre sus puertas el restaurante, parrilla Alexandra, más conocido como el Rinconcito, que compartía cocina con el hotel pero que estaba enfocado principalmente a clientes externos.
Su pequeña portadilla no hacía presagiar el magnífico salón que escondía en su interior.


Un aspecto de la entrada al restaurante Alexandra el 9 de noviembre de 1956. (Fondo Pando Barrero)













Varios aspectos del interior del restaurante Alexandra enclavado bajo el cine de su mismo nombre, a finales de 1956. (Fondo Pando Barrero)


Otra espectacular imagen de la entrada al hotel, cine y restaurante Alexandra la noche del 30 de Mayo de 1955.

El cine continúa su andadura como sala de reestreno en sesión continua todas las tardes y noches, con pases matinales los domingos y festivos. A mediados de los años 60 comienza a programar cintas en versión original, un cine reservado para unos pocos. En agosto de 1967 cierra durante la época estival para acometer algunas mejoras entre las que destaca la colocación de nuevas y más amplias butacas.


Otro aspecto del conjunto en diciembre de 1956. (Fondo Pando Barrero)

Es a partir de ese momento cuando su programación se dedica íntegramente a Arte y Ensayo proyectando una cuidadosa selección de cintas, muchas de ellas en versión original.
En los años 80 una nueva reforma que engloba a todo el edificio hace desaparecer el restaurante de sus sótanos, ampliando el cine su fachada y transformando el local en una sala moderna y de reducido aforo. La coqueta taquilla desapareció, instalándose una más moderna en el lateral derecho de la fachada, concediendo más espacio a la entrada y salida de espectadores. Se instalaron un moderno cartel luminoso con el nombre del local, se entelaron las paredes, se instalaron nuevas butacas y nuevos proyectores y el reluciente cine Alexandra prosiguió su andadura.


Aspecto que presentaba el cine Alexandra tras su última reforma a principios de los años 90.


En abril de 1992 el cine Alexandra cierra definitivamente sus puertas, y tras algunos meses cerrado es absorbido por el hotel Alexandra.




Dos aspectos de la fachada del edificio Alexandra en 1998 y 2017 cuando el cine ya había sido absorbido.

En 2010 una nueva reforma transforma por completo el edificio, modificando incluso la fisonomía de su fachada. Es a partir de este momento cuando pasa a denominarse como Hotel Sterling, un moderno hotel con todo tipo de comodidades muy cercano a la Gran Vía. En su clásica fachada actual no queda ningún rastro del pequeño y coqueto cine Alexandra.  

Autor: David Miguel Sánchez Fernández.

Fuentes:

-Archivo Villa: Expediente 43-333-22
-Fototeca del patrimonio histórico. Archivo Pando Barrero.
-Archivo General de la Administración. Fondo Alfonso.
-Hemeroteca ABC.
-Google Maps. 



22 de abril de 2018

EL CINE POSTAS



En una de las calles más antiguas de Madrid, la calle de Postas, se construyó en el año 1947-48 un edificio de difícil resolución y el que el arquitecto Juan del Corro Gutiérrez supo encajar una sala de proyecciones con 369 localidades.

Sabemos que esta calle que ya aparecía en el plano de Teixeira en 1656 sin denominación, era una vía estrecha pero transitada, más tarde, en 1769 aparece por primera vez su nombre en el plano de Espinosa, apelativo que tomo de la casa de postas sita en el número 31 de donde partían las sillas de postas o diligencias de la capital.

Esta corta y estrecha calle que fue ampliada en 1620 conduce desde la calle Esparteros c/v a Mayor hasta la calle de Zaragoza que entra en Plaza Mayor, y se desenvuelve en forma curva siendo atravesada por varias vías.

Las manzanas que configuran este trazado son de extraña fisonomía, estando por ello construidos casi todos los inmuebles sobre solares muy irregulares.


Pero en concreto el edificio que nos ataña sería construido sobre lo que fueron dos viviendas, una muy pequeña con fachada a la calle de Postas nº 9 y otra que era una casa de vecindad con acceso desde tres calles, Postas 7, San Cristóbal 7 y esparteros 8, siendo esta última fachada muy angosta.
Ambas fincas se anexionaron formando un único inmueble, que fue remozado y que tras la guerra fue derribado.


Un carro de combate ascendiendo por la calle postas en el año 1936. El inmueble blanco con cuatro huecos de balcón que aparece a la derecha del tanque, correspondía al número 7 de la calle y tras ser demolido se instalaría en él el cine Postas. (Foto DVM)

El solar resultante de la demolición fue un estrecho y extraño polígono de veintitantas caras con tres fachadas y muy difícil de reorganizar. El sr. Juan del Corro creo una estructura sobre dos vigas reticuladas metálicas que quedarían ocultas en el espesor de la siguiente planta, teniendo que quebrar la tornapunta del recuadro derecho para permitir un hueco para una galería de paso.  En dos palabras, las gigantescas vigas de hierro que median cerca de 2 metros de alto fueron empotradas en los muros de separación de los habitáculos del piso segundo, y en uno de los huecos con tensor, hubo que quebrarlo para conseguir paso de un departamento al otro, construyéndose sobre estas tres plantas más.



 Esquema constructivo y una de las grandes vigas que quedarían embutidas en la planta segunda.

A la sala se le concedería el acceso principal desde la calle de Postas, quedando ocupado la fachada a Esparteros relegada al Portal de la finca y salida de emergencia del cine. En el resto de las fachadas se crearon accesos a cinco pequeños locales comerciales, alguno de ellos de reducidísimas dimensiones.
Para sus fachadas se utilizó un sencillo patrón idéntico en las tres caras, quedando la planta baja y primera decoradas con piezas de mármol beige, y dejando el resto de las pisos con ladrillo visto únicamente adornado con piedra artificial en jambas y dinteles de las ventanas.


El cine Postas en los años 60, conservando la original fachada tal y como fue inaugurado. (Nite Owl. Sep 1966)

En la parte superior una azotea con barandilla de hierro coronan las sencillas fachadas.
La fachada a la calle Postas estaba compuesta por dos huecos laterales pequeños destinados a tiendas y uno central con un gran pórtico de doble altura remarcado con mármol de color grisáceo.        A ambos lados de este hueco de poco más de tres metros de ancho por otros tres de altura tenía como reclamo que un cartel luminoso en neón rojo con el nombre del cine sobre la puerta. En el margen izquierdo del edificio a la altura del primer piso se colocaron unas letras rojas de neón visibles desde ambos lados con la palabra cine. A ambos lados del pórtico se colocaron dos grandes vitrinas con los afiches de las películas y sobre ellos, y  aprovechando al máximo el poco espacio existente se colocaban los carteles pintados a mano de la película en exhibición.


Planta baja del edificio, obsérvese el acceso desde las tres calles y la posición intrincada del patio de butacas.

A la izquierda del pequeño pórtico de entrada se encontraba la taquilla, con su pequeña ventanilla que hacía presagiar que el espacio destinado a la taquillera sería tan minúsculo como dicha ventana. Traspasando cualquiera de las dos puertas de dos hojas accedíamos al vestíbulo principal, muy alto a falta de anchura, lo que lo hacía realmente más grande.

En el lateral izquierdo de este vestíbulo se instaló la escalera de acceso al entresuelo de poco más de metro y medio, y bajo esta, con anchura menor la de acceso al sótano donde se instalaron los aseos, y cuartos de servicio, vestuario, calefacción y almacén.

Al fondo del vestíbulo un solo hueco de metro y medio de ancho de acceso al patio de butacas con cortinajes a juego con la tapicería de las butacas.

La total falta de información e imágenes del interior de la sala no me permiten describirla, pero teniendo en cuenta los pocos detalles ornamentales de su fachada puedo presagiar, que ni los materiales utilizados, ni los detalles artísticos fueran de gran calidad. Muy posiblemente debido al año en el que fue construido la decoración fuese funcional, limpia, sin más adornos que pequeñas molduras de escayola en techos.

El patio de butacas no tenía forma rectangular, ni en abanico,  ni era gigantesca tal y como los nuevos cines nos tenían acostumbrados, sino que era todo lo contrario, aunque era ancha no pudo realizarse en forma rectangular, quedando esta seccionada en la parte posterior, donde solo había butacas en un lateral del pasillo central. Existían un total de 284 localidades repartidas en tres bloques, con 21 filas totales y un máximo de 18 butacas en la hilera más ancha.

La pantalla se había situado en la parte más cercana a la calle de San Cristóbal, creando una pequeña embocadura con un mínimo escenario de algo más de un metro. En el extremo opuesto existía otra entrada que comunicaba con un vestíbulo posterior y desde cual se podía acceder al portal de la calle Esparteros a través de un gran hueco de algo más de metro y medio. Existía además en este vestíbulo, el cual era de doble altura una escalera de entrada y desalojo del entresuelo. Esta escalera desembocaba en un descansillo que hacía las veces de pequeño vestíbulo y donde había una pequeña puerta de acceso a la cabina de proyección.


Planta de entresuelo del cine Postas.

Esta puerta comunicaba a un pequeño habitáculo donde había otra puerta de acceso a un despacho, y una escalera estrecha y muy empinada que subía hasta la cabina de proyección. Esta, se había alicatado y poseía puerta antiincendios, pasillo cortafuegos y todos los adelantos del momento en prevención de siniestros. En ella se instalaron unos modernos proyectores de fabricación nacional DAEX (Daniel Extremiana) y un moderno sistema de sonido Phillips. La cabina de proyección tenía luz natural y ventilación directa a un patio de luces interior de la finca.


Artículo publicitario de los modernos proyectores DAEX

Tanto desde este vestíbulo como desde el principal se podía acceder al entresuelo, teniendo ambos pequeñas antesalas de espera con balcón al piso inferior tal y como hemos citado anteriormente. Para acceder al entresuelo estas había que subir una amplia escalera que nos conducía al centro del graderío en su parte más alta, justo detrás de la última fila.
Como nota curiosa había que añadir que la proyección no se realizaba de forma completamente centrada a la pantalla, sino que se esta se hacía ligeramente lateral, lo cual no impedía la perfecta visualización.


Sección transversal del pequeño cine Postas, obsérvese la pendiente que ofrecía el patio de butacas y el vestíbulo posterior.

Cuatro bancadas elevaban ligeramente el graderío, instalándose en él otras 85 localidades más, sumando un total de 369 sillones de aforos. Desde el lateral derecho del entresuelo se podía acceder al vestíbulo alto de la entrada principal y desde aquí a la calle de postas. Al ser tan reducido el aforo no hubo problemas con la dirección general de policía de espectáculos ya que el proyecto cumplía por demás con los parámetros exigidos.

El pequeño cine postas abrió al público el miércoles 22 de diciembre de 1948 con la proyección de noticiarios, dibujos, documentales y el film “La Máscara Azul”, proyectándose en sesión continua desde las 11 de la mañana.

La propiedad del local “Cinematógrafo Postas”  puso al cargo de gerente a Luis Pérez, que supo gestionar el negocio perfectamente, consiguiendo grandes beneficios en los primeros años de exportación. Durante los años 1950 y 1951 mantuvo 34 semanas el programa “La Tonta del Bote” y “La revoltosa” en sesión continua, siendo uno de sus grandes éxitos de taquilla.


Programa de mano de la cinta con la se inauguró el cine Postas. Una comedia  musical de segunda, que atrajo a los clientes.


 Programó cintas de todo género, siempre en sesión continua desde las 11 de la mañana. Al igual que otros pequeños cines de la zona como el Carretas, Sol, o Actualidades siempre tenían clientes desde primera hora, en su mayoría forasteros, gente de negocios que llegaban a la capital por unos días y sentían curiosidad por experimentar el embrujo del cinematógrafo.

Funcionó con esta exitosa programación de sesión continua hasta finales del año 1976 cuando cerró por reforma, ya a cargo del empresario Luis García Ramos, inaugurándose nuevamente el 14 de abril de 1977 con la cinta de estreno “Los placeres Ocultos” que únicamente fue proyectada en este cine.


Continuó con esta programación de estreno de cintas con tintes eróticos algunos meses más concretamente hasta septiembre de 1978 cuando comenzó a proyectar cintas clasificadas “S”, parece ser que la gerencia vio que la afluencia de público era mucho mayor con estas cintas por lo que tornó el local a este género, al que seguían acudiendo la misma clientela que en sus inicios, casi siempre forasteros y gente de paso.


El moderno y reformado cine Postas a finales de los años 70, ya con programación clasificada “S”





   
Cuatro anuncios a página completa de la escandalosa cartelera del cine Postas.

A partir de 1981 deja de anunciarse en los diarios, pero no es hasta 1985 cuando se enbarca en la programación de cintas “X”
Funcionó con este formato durante muchísimos años, pero según iba pasando el tiempo el local se iba quedando más y más antiguado, tanto en programación como en instalaciones.
El porno en los años 80  paso de convertirse en algo prohibido a algo marginal, cada vez los clientes eran menos, y al igual que en el cine Alba de la calle del Duque de Alba la clientela comenzó a convertirse en fija, sobre todo masculina y de la tercera edad.


El cine Postas en los años 90, casi al borde de la extinción. (flick: Garrett Cassidy)

Ya entrada la década del 2010 el cine postas se volvió a reformar, esta vez menguando su aforo, y cambiando su entrada a la de un local contiguo con entrada mucho menor. Este acceso conducía directamente a la escalera de subida al entresuelo, donde se habilitó unos aseos, quedando la planta baja y sótano para otros usos.

Ya ni siquiera existía una marquesina ni una taquilla, tan solo un pasillo con un gran cartelón sobre el que nos indicaba que allí, se escondía un negocio que ya estaba llegando al final del abecedario, ni siquiera sabíamos su nombre, ni que fuera un cine, tan solo quedaba de testigo aquel cartel de doble cara que en su día lució en color rojo, unos tubos de neón que ya ni existen.
En diciembre del 2012 el cine X de la calle Postas cerró para siempre, y su local se vendió, terminando transformado en su totalidad en una tienda se suvenires, que al parecer es lo que buscan los forasteros en la actualidad.   



El cine Postas en 2012 poco antes de su cierre.

Hoy en día el local esta irreconocible, y transformado en una tienda de recuerdos de Madrid en dos plantas que ocupan todo el recinto del antiguo cine. Tan solo posiblemente quede algo del vestíbulo de la calle de Esparteros, donde aún conserva la salida de emergencia, y como testigo de ese pasado que nadie recuerda ya, continua hasta que se caiga o alguien lo quite el letrero de CINE, en el que nadie repara ya.



Autor: David Miguel Sánchez Fernández.

Bibliografía:
Madrid y el Cine. Pascual Cebollada y Mary G. Santa Eulalia. Comunidad de Madrid 2000

Hemerografía:
Revista Arquitectura. 1966 nº 91 págs. 63-66
Revista Nacional de Arquitectura, nº 117, septiembre, 1951, págs. 33-34.
Hoja Oficial del lunes : editada por la Asociación de la Prensa: Epoca Tercera Número 531 - 1949 mayo 23
Hoja Oficial del lunes : editada por la Asociación de la Prensa: Epoca 3ª Número 1982 - 1977 abril 11
Diario ABC. Madrid, 24 de diciembre de 1948. Pág. 25
Diario ABC. Madrid, 5 de enero de 1978. Pág. 74
Diario ABC. Madrid, 20 de junio de 1978. Pág. 126
Diario ABC. Madrid, 31 de agosto de 1978. Pág. 71
Diario ABC. Madrid, 22 de septiembre de 1978. Pág. 65