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1 de abril de 2018

EL TEATRO CINEMA DEL PROGRESO


En año 1930, el que fuera el último empresario del famosísimo teatro de Apolo de la calle de Alcalá, se embarcó en la aventura de construir un nuevo teatro para la representación del género chico, índole que tantos beneficios había dado en su predecesor.

Don Vicente Patuel, que según contaban las crónicas de la época, había vivido estos últimos años con desasosiego tras la demolición injustificada del que fuese uno de los mejores teatros de la capital, tomó la decisión de mandar construir un nuevo local al que quiso denominar en un principio Apolo, en honor a su predecesor.

El lugar elegido fue la plaza del Progreso nº 1, (actual Tirso de Molina) un lugar castizo por excelencia, muy cerca del arranque de la calle de Magdalena. El solar donde se levantaría el nuevo teatro daba a tres calles, a la plaza del Progreso, a la calle de Lavapiés y a la de la Cabeza, estando ocupado hasta el momento por varias casas de vecindad que fueron derribadas para construir el nuevo coliseo.


En la plaza del Progreso c/v a la calle de Lavapiés existía desde hacía muchísimos años un café de arraigada solera denominado Café del Progreso, que dejó huella en la sociedad matritense, dándose a conocer el hecho de su demolición en varios diarios de la época.


El resultado de la demolición fue un solar de forma de “L” en el que los arquitectos, Joaquín Saavedra de la Torre y Luis Fernández Urosa supieron encajar un maravilloso local de espectáculos además de una casa para artistas anexa al edificio.

Su fachada principal se le concedió a la plaza del progreso, corriendo la sala paralela a la calle de Lavapiés y dejando la entrada de actores y empleados desde la calle posterior de la Cabeza.


El inmueble se construyó enteramente con estructura de hormigón armado proporcionado por la afamada marca “Portland Iberia” y se levantó en cinco alturas más sótano destinado a sala de fiestas.
Su fachada principal estaba diseñada en tres cuerpos, dos laterales y uno central más alto. En el centro destacaban tres arcadas de granito de acceso al atrio de entrada al teatro, quedando dos huecos más simétricos laterales para acceso al sótano y local comercial.
Sobre los tres arcos de su entrada se levantaba el gran cuerpo central que culminaba en una amplia azotea con balaustrada a la que los espectadores podían tener acceso en el descanso de la obra. El resto de la fachada de sencilla composición estaba adornada con molduras de piedra artificial que adornaban los huecos de balcones de la primera planta y los tres ojos de buey de la tercera en los que se denotaba cierto art decó. En lo más alto del edificio, pináculos y florones engalanaban su limpia fachada.  Sobre el balcón de la azotea del cuarto piso volaba una gran estructura de donde pendía el luminoso de neón con el definitivo nombre del local, Progreso.
El resto de sus fachadas estaban compuestas por grandes planos, sin huecos para ventanas ni puertas, salvo una salida de emergencia en el vértice de la calle de Lavapiés con vuelta a la de la Cabeza, y las que se le concedieron al edificio anexo de la parte posterior destinada a casa de los artistas.
Traspasando cualquiera de los tres arcos que se cerraban cada noche con una verja de hierro accedíamos al atrio o pórtico de entrada, amplio y muy alto donde a ambos lados se encontraban las taquillas. En el centro un hueco grande, con dos puertas de dos hojas nos conducían al vestíbulo principal.


Maravillosa imagen del teatro del progreso en los años 30. (Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Fondo Portillo)

Los arquitectos habían concedido una superficie grandísima a accesos y escaleras, el gran vestíbulo principal era impresionante, los suelos se habían realizado con mármoles de dos colores, dejando todo su perímetro con un zócalo negro del mismo material que lo envolvía. Las paredes se habían coloreado en tonos pastel, en realidad el vestíbulo principal en forma de cruz era un gran espacio donde confluían todos los accesos; dos tiros de escalera arrancaban simétricos a ambos lados, quedando bajo ellos dos huecos, uno con salida directa a la calle de Lavapiés y entrada a los aseos, y otro enfrentado donde se había instalado guardarropía.   


Una imagen de las escaleras del vestíbulo principal tomada desde la primera planta.

Al fondo un hueco más grande daba paso a otro vestíbulo previo al patio de butacas. La parte más alta de este gran hall principal era en parte un balcón de la planta primera, que se había decorado con huecos con barandilla que inundaba de luz la estancia.


Un aspecto del gran hall principal y sus escaleras durante los últimos retoques, previos a su inauguración. 
(Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Fondo Portillo)

Merecía mención aparte el trabajo de forja que se había realizado en barandillas de escaleras y balconcillos, ejemplo del art decó tan en boga en esa época, pero sin lugar a dudas y como colofón de buen gusto destacar el techo, en el que se realizó un trabajo de escayola esmeradísimo para conseguir un precioso artesonado, más asociado al arte barroco. Podríamos decir que ente local se fusionaron diferentes estilos, creando un ambiente agradable, sencillo y no muy recargado.
Del centro del alto techo pendía una gran lámpara de bronce que junto con la luz indirecta de su techo llenaban de luz artificial el espacio.
El segundo vestíbulo era más estrecho y alargado, ocupando todo el fondo de la sala, distribuyendo de esta manera a los espectadores a través de tres huecos, dos laterales y uno central de acceso al patio de butacas.





Cuatro imágenes del vestíbulo principal del Progreso en la Actualidad convertido en el teatro Nuevo Apolo. Obsérvese la idéntica fisonomía comparada con las fotos anteriores.

Este segundo vestíbulo estaba solado con mármoles de colores, y su techo fue realizado con bóveda de cañón, adornando el resto de la estancia con molduras doradas, bajorrelieves florales, y esculturas sobre pedestales junto a cada una de sus puertas.
La carpintería de dichas puertas se había realizado con madera de roble teñida con ojos de buey y tiradores de latón pulimentado.


 Detalle de la puerta de entrada central al patio de butacas. Imagen actual.

El patio de butacas se había realizado con bastante pendiente hacía el escenario, con los suelos de madera sobre rastreles, cubiertos por una impresionante moqueta roja. Las paredes se habían forrado con un alto zócalo de madera de roble oscurecida en la que se había realizado un trabajo de ebanistería finísimo. El techo del entresuelo que sobresalía hasta la mitad del patio de butacas se había decorado con un gigantesco óvalo que servía de lámpara y que estaba enmarcado con un precioso trabajo de escayola con formas florales. En los antepechos de los balcones se había realizado idéntico trabajos ensalzados con pan de oro utilizados también en molduras, escofias y florones del resto de la sala.


Espectacular imagen del patio de butacas, entresuelo y principal del aun no inaugurado teatro del Progreso. 
(Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Fondo Portillo)


El ayer y hoy de uno de los teatros más espectaculares y mejor conservados de Madrid, el Progreso.

El interior de la sala era impresionante, realmente su decoración recordaba muchísimo a la del Palacio de la Música de la Gran Vía inaugurado hacía unos pocos años, y gestionado por el mismo empresario; en ambas salas se había utilizado idénticos ornatos y colores, teniendo la segunda un aforo mayor.
El techo de la sala era altísimo y en centro se había realizado un plafón de idéntica fisonomía al del citado Palacio de la Música, con preciosas molduras de escayola y un gran florón central realizados con molduras doradas.


Una imagen del plafón que coronaba el techo del teatro del Progreso.

Esta bóveda servía además de iluminación a la sala, para lo cual se instalaron centenares de lámparas de incandescencia que retro-iluminaban el gran plafón que era la pieza ornamental central de su techo.
Los paramentos laterales se decoraron siguiendo el mismo patrón de su fachada principal, en ella se habían utilizado una sucesión de huecos con arcos de medio punto cegados con cortinajes de terciopelo rojo y sobre estos se abrían otros mucho más grades y altos de forma mixtilínea.


Un aspecto del interior de la sala.

En estos muros existían además varios apliques de bronce con lámparas de incandescencia que reforzaba la iluminación y resaltaban los detalles dorados de las molduras y creaba un maravilloso espectáculo de luces y sombras.
Pero sin duda alguna si la sala era maravillosa, merecía mención aparte la embocadura del escenario. La decoración con connotaciones del barroco y renacimiento Español, se veía en este punto superada por un maravilloso bajorrelieve realizado en escayola y coloreado en oro que enmarcaba la embocadura y que poseía una iluminación posterior que podía cambiar de color a gusto del técnico de iluminación. Dentro de ese marco estaba la propia embocadura remarcada con un arco de medio punto, y sobre esta un tapiz mural alegórico realizado por Fontanals i Mateu.


Una de las pocas imágenes del primitivo escenario del teatro del Progreso, donde se ve el fresco alegórico la zarzuela sobre la embocadura.


Otro aspecto de la embocadura del escenario del teatro del Progreso durante los últimos retoques de su construcción.

Todas las tapicerías fueron suministradas por la afamada Casa Ramaga incluido el telón de boca realizado en terciopelo rojo idéntico a las butacas y resto de cortinajes.
Bajo el escenario existía un amplio foso para orquesta que poseía camerinos propios y una entrada desde la calle de la Cabeza, además de comunicación con la propia casa de los artistas.
El escenario era muy amplio y poseía todos los adelantos de la época, parrilla y peine para más de 10 telares diferentes, y espacio suficiente para pies en ambos lados que se comunicaban por un pasillo tras el telón de fondo. Algunas publicaciones dijeron que la boca era un poco pequeña, y que las localidades eran de dudosa visibilidad, quizás no tanto por la apertura del hueco escénico sino por las dimensiones del local, que distanciaban más de 20 metros el escenario de las localidades más altas del entresuelo.
A lo más alto del peine se acedia desde una escalera metálica de servicio que iba recorriendo planta por planta todo el perímetro de la escena.
Todas las plantas de la escena estaban comunicadas a su vez con la casa de los artistas, que consistía en un edificio anexo a la parte posterior del teatro, de cinco alturas donde se encontraban los camerinos y zonas comunes de los actores. Todos los camerinos contaban con agua caliente y se pretendía crear cierto confort para estos ya que pasaban gran parte del día incluso de su vida entre las cuatro paredes del teatro.


 



Varios aspectos actuales del escenario, pasillos que corren entre bastidores y bambalinas y que son la cara oculta de este magnifico teatro.

La casa de los artistas contaba además con salas de ensayo, cocina, comedor, sala de descanso, despachos, etc, todo repartido en cinco plantas, que eran surcadas por una amplia escalera con barandilla metálica por donde corrían los actores arriba y abajo.



Un grupo de artistas posan en la escalera de servicio que corre tras las bambalinas del nuevo teatro del Progreso.



Existían además varias “puertas secretas” en el patio de butacas que comunicaban con la casa de los artistas pudiendo acceder libremente y sin atravesar la escena. Una de ellas estaba situada en el muro lateral derecho y se encontraba perfectamente camuflada en el friso de madera, y la otra sobre esta, en el entresuelo.


La escalera que comunicaba las plantas de la casa de los artistas.

Volviendo al vestíbulo principal y accediendo por cualquiera de los cuatro tiros de escaleras que se fusionaban peldaños más arriba para luego nuevamente separarse, llegábamos hasta un nuevo vestíbulo o ambigú, muy amplio y que en forma de galería rodeaba el hueco al piso inferior. En la fachada que daba a la plaza del Progreso se habían realizado dos huecos con balcón, quedando un tercero a la calle de Lavapiés, que servían para dotar de luz cenital y ventilación a dicho vestíbulo.


Plano de la planta de entresuelo del teatro del Progreso, obsérvese la casa de los artistas anexa al escenario.

Entre los dos balcones de la cara principal se encontraban dos tiros de escalera que subían a la planta segunda y que confluían unos metros más arriba. Bajo esta escalera se realizó un relieve tríptico firmado por Arregui en el que se representan escenas de “La Revoltosa”, “La Verbena de la Paloma” y “Doña Francisquita.”


El tríptico original en el ambigú de la primera planta.

 En el extremo opuesto del vestíbulo se situaban de forma simétrica los vomitorios de acceso a las localidades más bajas del anfiteatro principal y palcos, quedando entre ellos la barra de bar. El área era tan amplia que había espacio suficiente para instalar sillas y mesas alrededor de este gran patio interior y disfrutar de un agradable café o refrigerio en los descansos de la función. Toda la instalación del bar y su maquinaría corrió a cargo de los talleres mecánicos Antonio Vázquez de Saz y el mobiliario, sofás de descanso, mesas y sillas fueron adquiridos en una afamada tienda de mobiliario denominada  Crowner.
Los suelos de todo este vestíbulo se realizaron también con materiales de primerísima calidad, en mármoles de dos colores. 
Los dos huecos de acceso a las localidades eran muy cómodos, sin rampa ni escalera y lo suficientemente anchos para desalojar eficazmente a todo el graderío.


Un aspecto del bar ambigú del teatro.

Las localidades se repartían a lo alto del graderío por medio de dos pasillos que corrían hasta dos puertas de acceso y desalojo del vestíbulo de la planta segunda. Este entresuelo tenía mucha profundidad y muy poca pendiente a pesar de lo ello ofrecía una perfecta visibilidad desde cualquiera de sus cómodas butacas.  Además de los sillones de entresuelo se habían dispuesto diez palcos, cinco en cada uno de los brazos del piso, a los cuales se les daba servicio a través de un pasillo posterior y que estaban separados entre sí por pequeños tabiques de madera que ofrecían poca intimidad. Tras los palcos los gigantescos huecos ciegos con altos cortinajes simulaban una realidad inexistente, dando la sensación de que eran los accesos a estos, cuando en realidad era una simple decoración del muro medianero a la calle o a la finca contigua. La parte más alta del entresuelo quedaba bajo el balcón del principal y su techo se había adornado con  tres grandes bóvedas plafón retro-iluminadas, una central ovalada y dos laterales circulares recargadas con molduras doradas. Tras las últimas localidades de este piso y con acceso desde la planta segunda existían cuatro palcos privados, dos por cada lado, dejando en la parte central un gran espacio dedicado al control de iluminación


El escenario del teatro del Progreso visto desde la última fila de butacas del entresuelo.

En esa planta segunda donde culminaban los pasillos del entresuelo poseía un amplio descanso de fumadores que tenía un gran inconveniente del que el arquitecto no se percató, y es que este se quedaba completamente a oscuras ya que no poseía ningún hueco a la calle, una gran incógnita que quizás tenga algún porque.
La decoración en este piso seguía siendo elegante aunque los materiales utilizados eran más sencillos, siendo sus suelos de mosaicos de colores y sus techos sin tanto enriquecimiento. Existían a demás en esta planta dos despachos y cuartos de almacenaje uno a cada lado del hueco de escaleras que continuaban subiendo en dos tramos que nuevamente volvían a converger en la planta superior.



Dos aspectos del amplio y oscuro vestíbulo de la segunda planta del teatro del progreso en la actualidad.

En la siguiente planta aparece un ante-vestíbulo muy iluminado por los tres ojos de buey de su fachada donde la escalera vuelve a retorcerse un piso más de idéntica forma que la planta anterior. Quedan a ambos lados dos puertas de acceso a las terrazas porche de su fachada, utilizadas para refrescarse en las tardes de estío. En este piso se estableció otro vestíbulo, de idénticas dimensiones al anterior pero con el techo en pendiente, ya que la rampa del segundo entresuelo corría sobre él. Muy sencillo en su decoración sin ningún detalle superfluo salvo el suelo de mosaicos de colores. Existían además en esta planta aseos para señoras y caballeros y a ambos extremos del vestíbulo los vomitorios de entrada al segundo anfiteatro.



Dos imágenes de la planta tercera del edificio, la preciosa escalera continuaba señorialmente subiendo planta tras planta.

Entrando por cualquiera de los dos pasillos laterales accedíamos al centro del gallinero o segundo anfiteatro. Este tenía una inclinación vertiginosa, que se veía aumentada por la altura. Dos pasillos repartían las localidades de arriba a abajo, quedando las más altas alejadísimas de la escena, tal y como habíamos indicado anteriormente.


Imagen tomada desde la fila de los mancos o última fila del gallinero. Obsérvese la distancia que separaban al espectador de la escena.

Las escaleras que continuaban subiendo desembocaban en un pasillo con dos puertas laterales de acceso a una terraza con pórtico a la altura de la cuarta planta que ofrecían unas maravillosas vistas de la plaza del Progreso. Esta terraza al igual que las de la planta inferior estaba habilitada para uso en la época estival para descanso de los espectadores.


Un aspecto de la terraza de la planta cuarta del Progreso.


Desde una de las terrazas laterales se tenía acceso a una azotea que cubría la primera crujía del inmueble, destinada a cajas de escaleras y vestíbulos. Desde esta azotea se podía pasar mediante una pequeña puerta al hueco abuhardillado que quedaba bajo las cerchas metálicas que soportaban el tejado.


El tambor que formaba la bóveda bajo las cerchas.



Una imagen del patio de butacas tomada desde un pequeño agujero existente en el techo de la sala.

Este que cubría el patio de butacas se había construido a dos aguas con rasillones de fábrica sobre la estructura metálica  y teja plana. Esta estructura metálica así como las escaleras de servicio del escenario fueron construidas por los  famosos talleres Arranz, los mismos que años más tarde construirían su propio cine, el Marvi. Bajo esa estructura hábil se tenía acceso mediante una pasarela a la bóveda del techo del patio de butacas y a la parte más alta del telar donde estaba situada la parrilla. El tercer grupo o crujía era la que formaba el cajón del escenario y los telares, aunque exteriormente no se apreciaba ya que tenía idéntica fisonomía.


Sección longitudinal del nuevo teatro del Progreso. Obsérvese los tres grupos diferenciados de la edificación y el amplio espacio que quedaba en su sótano, diáfano apto para cualquier otro uso.

El maravilloso teatro de Patuel estuvo acabado con premura para primeros de diciembre de 1932 y abrió sus puertas el mismo día que el Coliseum, otro fantástico edificio propiedad de Jacinto Guerrero.
La noche del sábado 10 de diciembre de 1932 fue una tarde fría y lluviosa, en la calle, paraguas, carreras, y castañas calentitas, taxis, metro y tranvías descargaban viajeros a las puertas del nuevo coliseo que se alzaba altanero en la bulliciosa plaza del Progreso. El cartel no podía ser otro, “La Verbena de la Paloma” y “La Revoltosa” obras que clausuraron el amado teatro de Apolo.


Un grupo de actores posan en el vestíbulo del teatro.

La acogida inaugural fue maravillosa, sus casi 2000 localidades se vendían noche tras noche; el género lírico volvió a tener hogar. Se sucedieron varias obras pero el género parece que había perdido fuelle desde el cierre del Apolo, y el negocio comenzó a descender a los pocos meses.
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El viernes 27 de enero de 1933 el teatro del Progreso se transforma en el cine Progreso, un negocio muy en boga y que iba a traer grandes ganancias a sus propietarios, más incluso que el teatro. El sr. Patuel propietario también del cine Avenida de la Gran Vía, organizó junto a la dirección del sr. José Muñoz una temporada de cinematógrafo, proyectando reestrenos, para lo que eligieron para su inauguración el film “Clamp” MGM, causalmente la misma cinta con la que se inauguró el Coliseum meses atrás.


Se instaló en el teatro del Progreso un maravilloso sistema de proyección sonoro R.C.A. Photophone idéntico al del Avenida, el mismo utilizado en el cine Roxy de Nueva York.
Alternó temporadas de cine con obras teatrales y varietes, en octubre del año 1934 aparece en cartel la actuación de la cupletista Raquel Meller acompañada de Amalia de Isaura, un cartel que concentró a la flor y nata de Madrid en el Progreso.



Comenzada la Guerra Civil el local seguía proyectando cintas, en junio de 1937 vuelve a funcionar como teatro presentando la zarzuela “La Tormenta”, con letra de Cayetano del Castillo y música del maestro Arturo Saco del Valle, que había sido estrenada en el fatídico teatro de Novedades en 1909.
A finales del año 1937 acoge algunos mítines políticos, mientras seguía proyectando cintas de reestreno en un Madrid en ruinas.
En los bajos del edificio, en un gran local que ocupaba toda su superficie, se instaló paralelamente a la apertura del teatro una sala de fiestas que no abrió sus puertas legalmente hasta finalizada la contienda, pero de la cual aparecen algunas reseñas ya que en este mismo lugar se instaló durante marzo del 37 la casa de socorro del distrito de Inclusa.


Un aspecto de la calle de la Magdalena en los años 30.

Terminada la contienda el cine cierra sus puertas para reformarse y adecuar los daños que había sufrido durante la Guerra.  Reabrió el sábado 9 de septiembre con la película “Truxa” llamándose aún Teatro del Progreso aunque aparece en la sección de cinematógrafos de todos los periódicos.
A partir de este momento comienza a aparecer en los diarios también información acerca de su sala de fiestas denominada Conga Te-Baile.




Nuevamente en 1941 vuelve al teatro, con la puesta en escena de “Marco Antonio y Cleopatra” y continua así intercalando obras de teatro con cine hasta 1948 cuando comienza a llamarse Cine Progreso. Es entonces cuando se realiza una reforma en la que se transforma su antigua embocadura concediéndole más anchura y adaptándola a los nuevos sistemas en proyección panorámica con proyectores Peerless.  Desde entonces proyectó reestrenos en sesión continua, y tuvo muchísima afluencia de público a pesar de estar junto a otros cines como el Alba, Falla, Ideal, Fígaro, Encomienda, Carretas, o teatros como el Español o Calderón.


El Progreso en los años 50, en la imagen podemos ver a la derecha de su entrada el acceso al salón de té bar Conga.

En los años 60 funciona bajo la batuta de Julián Reyzabal, cosechando inmensos éxitos de cartelera. Durante este periodo sufre una importante reforma a cargo del arquitecto José Luis Sanz-Magallón que consistía en la ampliación de la cabina de proyección suprimiendo algunas de las últimas filas del entresuelo y la eliminación de los palcos de la misma planta. En este momento cambia de nuevo los proyectores por unos más modernos marca Prevost Offcine fabricados en Milán, y reduce su aforo a 1125 localidades.



 Uno de los antiguos proyectores Prevost en la actualidad.


La cabina de control e iluminación del teatro Nuevo Apolo donde sobrevive uno de los antiguos proyectores de cine.

La sala de fiestas de sus bajos sufre también una importante reforma a cargo de Calixto del Barrio da Gándara y José Aranguena Clemente, pasando a denominarse a partir de ese momento Yulia o El Paladium de Cristal, nombre que mantuvo hasta su cierre a finales de los años 70.


El cine siguió su andadura en los 70 cuando pasó a manos de las hermanas Patuel Longas, vuelve a cambiar de proyectores instalándose dos aparatos Officine Prevost fabricados en Milan. Sufre algunas reformas sin importancia que no varían la fisonomía originaria de la sala.
En los años 80 ya no aparece en carteleras como cine, aunque sigue su andadura denominándose teatro Palacio del Progreso, hasta que cierra definitivamente en 1986. Mientras tanto la sala de fiestas de su sótano es completamente desmantelada y en su lugar se instalan unos salones para banquetes que se denominan “Royal Palace Weddings.”


El teatro Palacio del Progreso en los años 80.


La antigua plaza del Progreso convertida en Tirso de Molina en los años 80, a la derecha se ve el Palacio del Progreso.

En 1986 cuando el teatro del Progreso se encuentra en la cuerda floja y se especula con su destino el Banco Vizcaya rescata el antiguo local y tras una pequeña reforma y lavado de cara vuelve a abrir el jueves 17 de diciembre de 1987 con el nombre de Teatro Nuevo Apolo, en honor a su antecesor. Comienza su andadura con producciones teatrales dedicadas al género lírico, para el que nació, con la obra “Nueva Antología de la Zarzuela” dirigida por José Tamayo.

Su etapa de cinematógrafo quedo ya olvidada, en la actualidad se utiliza únicamente como auditorio para espectáculos escénicos con un aforo de 1000 localidades, el local ha programado diferentes géneros, todos con gran éxito y aceptación por parte del público. 

Por sus tablas han pasado obras  de todos los tipos, centrándose principalmente en la comedia (“Un Dios Salvaje”, ”Amores Minusculos”), humor (“Los Morancos”, “Antonia San Juan”, “Millán Salcedo”, “Pedro Ruiz”, “Dani y Flo”), conciertos (“Pancho céspedes y Pablo Milanés”) , musicales (“Quisiera Ser”, “50 Sombras” ),  ballet clásico y ópera (“El Lago de los Cisnes”, “Cascanueces”, “Nabuco”), musical infantil (“La Sirenita”, “El Ratón Pérez”, “Cantajuegos”, “El Gato con Botas, “Alicia en el País de las Maravillas”, “El Principito”, “El Mago de Oz”, “La Cenicienta”, “Los tres Cerditos”,”Dum”) orquestal sinfónico (“El Médico”) Flamenco (“Jesus Carmona”, “Sara Baras”, “Carmen”, ”Carmina Burana y Fiesta Flamenca” ), magia (“Hipnotízame), performance (“Mayumaná”, “Cambuyón”,”El Señor de las Burbujas”, “Tom Pack”, “Vivancos” ) esto es tan solo un ejemplo de los últimos años de cartelera.
Desde entonces y salvo un pequeño parón por problemas acústicos, el teatro luce como nuevo en la plaza de Tirso de Molina.  En la actualidad remozado en su totalidad  sigue su andadura que esperemos sea prolífera, brindando además a los espectadores la oportunidad de disfrutar de un maravilloso espectáculo en un recinto clásico que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos.


 Un aspecto de la fachada del Nuevo Apolo en la actualidad, remozado y flamante. (Fuente Wikipedia)
 
Los antiguos salones de banquetes de sus sótanos fueron desmantelados mucho tiempo atrás, quedando el local vacío y diáfano.  Tras algunos proyectos y muchos años de trabajo se ha instalado en él una nueva sala de fiestas, discoteca, cabaret, sala de eventos, oculta tras una pequeña y sencilla fachada con un nombre que nada hace presagiar que en su interior se encuentra uno de los locales de moda de la noche madrileña, Medias Puri.

  
Pequeña portadilla de Medias Puri, una maravillosa sala de fiestas oculta en el corazón de Madrid. (Fuente Medias Puri)

Agradezco sinceramente la colaboración prestada por Summun Music en especial a Pilar Rodríguez por darme la oportunidad de contactar con la propiedad y conseguir estas maravillosas imágenes tomadas en 2016 con las que he podido ilustrar este reportaje, que espero sirva para dar a conocer un poco más, esas joyas que en Madrid aún permanecen ocultas y que siguen intactas a pesar del paso de los años.

Autor: David Miguel Sánchez Fernández.

Fuentes bibliográficas:
-          Madrid y el Cine. Pascual Cebollada y M. G. Santa Eulalia. Comunidad de Madrid 2000
-          Arquitectura de Madrid. Casco Histórico. Madrid. COAM 2003.
Fuentes hemerográficas:

ABC:
-          Madrid 13 de febrero de 1932. Pág. 7
-          Madrid 9 de diciembre de 1932. Pág. 22
-          Madrid 11 de diciembre de 1932. Pág. 31
-          Madrid 28 de octubre de 1934. Pág. 58
-          Madrid 27 de enero de 1935. Pág. 18
-          Madrid 31 de diciembre de 1939. Pág. 12
-          Madrid 17 de diciembre de 1987. Pag. 21
      Ahora:
-          Madrid. 1 de octubre de 1931
-          Madrid. 11 de diciembre de 1932
-           
      El Heraldo de Madrid:
-          Madrid. 12 de abril de 1932. Pág. 6
-          Madrid. 12 de diciembre de 1932. Pág. 5
La Libertad:
-          Madrid. Año XIV Número 3972. 1 de diciembre 1932
-          Madrid. Año XV Número 4011. 26 de enero de 1933
Luz:
-          Madrid. 13 de diciembre de 1932. Pág. 11
El Imparcial:
-          Madrid. Jueves 22 de diciembre de 1932. Pág. 4

Otras fuentes:
-          Wikipedia, QDQ, Biblioteca Nacional de España.