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26 de febrero de 2018

EL CINE MURILLO

Quizás este, el cine Murillo sea uno de los locales más desconocidos por los lectores, porque a pesar de encontrarse en un lugar muy relevante como era la calle de Bravo Murillo, fue uno de los pocos que no fue diseñado exprofeso para tal fin, sino que fue inserto en un edificio de viviendas que ya se había construido con anterioridad. Es por ello que la entrada, discreta y minúscula, pasó con el tiempo desapercibida y hoy es prácticamente irreconocible.

Madrid, junio de 1955.

En la calle de Bravo Murillo número 307 y en un edificio de reciente construcción se proyecta la instalación de un cinematógrafo ocupando el patio de manzana de dicha edificación. Los propietarios Simón Campuzano Rojo, Manuel Campuzano López y Salvador Campuzano López, encargan la ejecución del proyecto al arquitecto Enrique Teigel, que escudriña hasta el último centímetro del solar para encajar cada uno de los elementos del nuevo cinematógrafo.


La entrada a la sala se instala en un pequeño hueco en el margen izquierdo de la fachada, espacio que se había concebido en un principio como acceso para vehículos al patio interior. La portada del cine ocupa tan solo 6,55 metros de la línea de calle, por lo que el arquitecto optó por crear un sencillo y atractivo marco a modo de embocadura tan solo adornado con una pequeña marquesina donde con un neón de color rojo y azul se anunciaba el nombre del local “cine Murillo”.

Un pequeño atrio de forma trapezoidal daba la bienvenida a la sala. En su margen derecho las taquillas sobre las cuales se colocaron dos gigantescas carteleras con afiches de la cinta en proyección, el resto de la fachada estaba ocupada por las puertas de accesos al vestíbulo. Desde la calle no se apreciaba toda la profundidad del vestíbulo ya que al tener forma de cuchillo, la mitad de este quedaba escondido tras el muro medianero. El techo de escayola escondía tras un amplio plafón lámparas de incandescencia que iluminaban el atrio y atraían las miradas de los paseantes.

El vestíbulo se configuró como un largo pasillo con una ligera inclinación hacia el patio de butacas, en él había cuatro pilares de sustento de los pisos superiores que el arquitecto engalanó configurando un muro invisible que separaba el pasillo en dos, concediendo mayor relevancia al más ancho, que se adornó con una ancha moqueta.


El primer vestíbulo visto desde la puerta de entrada.

Los suelos estaban revestidos con mármol de color blanco con rebordes negros que formaban un pequeño zócalo en todo el vestíbulo, sobre este se había dispuesto piedra artificial hasta los 2 metros de alto, y de aquí hasta el techo de cuatro metros de altura se había elegido la decoración con pinturas al temple en diferentes tonalidades. En el techo de escayola liso, se habían establecido dos filas de lámparas de incandescencia que marcaban la entrada al segundo vestíbulo. A la derecha de la entrada una pequeña puerta deba paso a un pequeño cuartillo destinado a taquillas.
Al fondo del largo vestíbulo se encontraban dos puertas, ambas de acceso a uno de los pasillos laterales del patio de butacas, en el otro extremo un gran hueco de paso al vestíbulo principal-ambigú, donde se encontraba el bar. Este amplio espacio estaba decorado de igual forma que el pasillo de entrada, altos frisos de piedra artificial y suelos de mármol, en los que destacaban tres estrellas de ocho puntas realizadas en el mismo material.


Un aspecto de la entrada al vestíbulo.
 
El techo se había decorado con planchas de escayola estriadas, ideales para absorber los ruidos propios de la estancia. La iluminación se realizaba de forma indirecta desde un saliente del techo y a través de varios plafones instalados en sus paredes. En el lateral izquierdo se había situado guardarropía con un pequeño cuarto para la colocación de las prendas.


Una imagen del amplio vestíbulo-ambigú del cine Murillo.

Junto al guardarropa se encontraba el bar, compuesto por una pequeña barra de 5 metros de larga y que poseía un pequeño almacén en su fondo. En el extremo derecho de la barra tres puertas, dos de ellas de acceso a los aseos para caballeros y señoras, ambos, con iluminación directa a un patio interior de la finca. En el centro de estas dos puertas se había reservado un pequeño espacio destinado a cabina telefónica.


Plano de la planta baja del cine murillo, obsérvese el largo pasillo de entrada a la sala.

En el otro extremo de la barra existía una puerta de acceso a los cuartos privados del local, desde un pequeño vestíbulo se daba paso al cuarto de calderas y carboneras, junto a este, el grupo electrógeno, imprescindible en este tipo de locales en los años 50 y que abastecía al conjunto de corriente eléctrica en caso de corte del suministro. Unas escaleras conducían hasta la planta superior, donde se había instalado el resto de servicios privados de la empresa, un amplio habitáculo se destinó al “Clima Artificial” o sistema refrigeración, frente a este, el despacho del director, los aseos para empleados y vestuarios para estos, y al lado opuesto, el cuadro eléctrico y el cuarto del operador o ante-cabina y la propia cabina de proyección. Todas las estancias de la planta superior poseían luz y ventilación al exterior por ventanas y lucernarios. La cabina se había dotado de todos los sistemas antincendios, alicatado en todas sus paredes, puerta metálica, duchas de extinción sobre los proyectores, pasillo cortafuego al patio de butacas, poseyendo además respiraderos al exterior para evitar el calor sofocante en verano. En ella se instalaron dos proyectores marca OSSA de 35 mm y sistema de sonido Phillips.


Planta superior del cine Murillo, puede verse la perfecta colocación de cada una de sus dependencias.

A excepción del espacio ocupado por el pasillo de entrada al cine que se encontraba bajo el edificio de viviendas, el resto del inmueble fue reconstruido exprofeso para este fin, derribando parte del local que lo constituía originalmente para insertar el vestíbulo y planta de cabinas, dejando el resto de la alta nave diáfana para instalar el patio de butacas. Se conservó la estructura original del antiguo edificio construido con muros de fábrica de ladrillo y estructura de cerchas metálicas que soportaban el tejado, pero en un reto de astucia por parte del arquitecto y tratando de dotar de mayor anchura a la sala, robó dos metros bajo el edificio de viviendas que ya existía, teniendo que sustituir este muro de carga por una serie de pilares de hormigón armado, muy continuos, único método para salvar tan pesado obstáculo. A pesar de ello este espacio queda perfectamente integrado en el patio de butacas tal y como veremos a continuación.  

Traspasando cualquiera de las cuatro puertas situadas en el vestíbulo accedíamos a la parte posterior del patio de butacas, desde donde nacían tres pasillos, dos laterales y uno central que se desarrollaban hasta la embocadura de la pantalla, quedando el lateral derecho tras el grupo de columnas que citamos anteriormente.


Sección transversal del patio de butacas y entrada desde la calle de Bravo Murillo.

El suelo se había realizado en tarima de madera con inclinación hacia la pantalla y forrado con pavimento plástico continuado “Sintasol”. Las paredes se revistieron con losetas de corcho hasta dos metros de altura y el resto del espacio se pintó al temple en tonos claros. El techo se realizó en escayola con formas ondulantes, escondiendo tras él la iluminación indirecta y progresiva.


Un aspecto de la sala desde la entrada central al patio de butacas.

Al fondo el escenario, hábil, con algo más de dos metros de fondo al que se accedía desde una puerta situada a la derecha de este. En él y tras un tupido telón se encontraba la pantalla en formato panorámica que estaba enmarcada con una sencilla embocadura de escayola.


Sección longitudinal del proyecto en el que se ve la totalidad de la sala de proyección.

Aunque la memoria original indicaba que el aforo general de la sala era de 750 localidades esta cuantía se vio mermada, reduciendo la cifra a 738. Se instalaron cómodas butacas de estructura de madera y asiento abatible, tapizadas en terciopelo azulado,  idéntico al de las moquetas y cortinajes del resto de la sala.



El pasillo porticado que conducía a las localidades en toda su extensión.

Sin duda alguna el local se podía haber denominado Pilar, porque desde luego desde su entrada hasta su patio de butacas estaba completamente lleno de columnas. Sin embargo, y a  pesar de este inconveniente el arquitecto supo adaptar el cinematógrafo en un local de intrincada fisonomía.


 Un aspecto de la embocadura del escenario que poseía una iluminación de  intensidad y color variable desde la cabina de proyección.

El cine Murillo abre sus puertas un año después de presentarse el proyecto exactamente en 1956 con programación de reestreno en sesión continua desde las 4 de la tarde.

El dominio de la zona era de la familia Gómez Ezquerra que poseían el cine Chamartín que llevaba funcionando desde 1924 situado algunos números más arriba en la misma calle de Bravo Murillo, y el Savoy, en Marqués de Viana, muy cercano a esta zona desde 1950.

Poca sombra le hacia el Arizona, un pequeño local abierto desde 1944 con algo más de 100 localidades situado junto al cine Savoy. Había clientes para todos, y el cine Murillo llenaba continuamente la sala cada tarde. El problema llegó en 1965, cuando en un solar contiguo a este, se pide licencia para la construcción de un edificio destinado a cinematógrafo, con un aforo mucho mayor al del Murillo y unas instalaciones más modernas. El imponente edificio del cine Versalles le hacía sombra al Murillo, parece muy curioso que se concediera licencia de apertura a este, estando situado a menos de 20 metros del otro. A pesar de todo ambos funcionaron continuamente repartiéndose los espectadores en sesiones continuas interminables.

El cine Murillo funcionó hasta 1981 con la misma programación en sesión continua con la que comenzó, a pesar de que en varias  reuniones de accionista ya desde hacía largo tiempo se venía barajando la venta del local. Tras su cierre el local quedó cerrado durante algún tiempo, hasta fue completamente desmantelado y reacondicionado, dividiendo su gran patio de butacas para acoger en su interior unos salones de reuniones para celebraciones de banquetes, con el nombre de “Le Petit Paris.”




Dos aspectos del interior de los salones de banquetes “Le Petit Paris”, obsérvese en las imágenes como el pórtico de columnas fue cerrado, muy posiblemente creando un pasillo de paso a otro salón.

El restaurante “Le petit Paris” funcionó aproximadamente veinte años hasta que a mediados del 2000 fue desmantelado por completo y transformado en un supermercado Caprabo de la cadena Eroski. Para esta reforma se vació por completo el local devolviéndole su fisonomía originaria aunque completamente deformada. El negoció funcionó tan solo unos años, transcurrido este periodo fue sustituido por una tienda de ropa de una firma textil china.


El edificio a principios del 2000 cuando aún era “Le Petit Paris.”



Dos aspectos de la fachada del local en la primera década del siglo y en la segunda.

En la actualidad el local está completamente diáfano salvo un pequeño espacio dedicado a almacén. Entre probadores y percheros aún se vislumbra parte de la antigua fisonomía del ya olvidado e irreconocible cine Murillo.



Autor: David Miguel Sánchez Fernández.

Fuentes:
-          Archivo de Villa de Madrid. Expediente 991-263-078342
-          Madrid y el Cine. 2000 Pascual Cebollada y Mary G. Santa Eulalia.

Imágenes:
-          Archivo Regional de Madrid. Archivo Santos Yubero.
-          QDQ.
-          Google, Strett view.
-          Todocolección.

-          Bing Maps.