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7 de octubre de 2019

EL CINE BRISTOL

En un solar resultado de la demolición de un antiguo matadero situado entre las calles de Antonia Calas, Melquiades Biencinto y María Bosch, surge el arriesgado proyecto de construcción de un cine con aforo superior a las 1000 localidades que hará competencia a todos los de la zona. 
El proyecto llevado a cabo por el arquitecto José Luis Sanz Magallón se resolvía de una forma muy peculiar, consiguiendo aunar todos los espacios de un amplio local en un pequeño solar. Hay que tener en cuenta algunos factores que quizás hicieron al arquitecto replantearse este proyecto en varias ocasiones.


El principal problema con el que se encontró el arquitecto era donde establecer la entrada a la sala, que finalmente se situó en la calle de Melquiades Biencinto, frente al cine Frutos, siendo así su principal competidor. Otro inconveniente fue que la parte posterior del edificio a la actual avd. de la Paz, estaba por aquel entonces ocupada por pequeñas construcciones que se suponían terminarían desapareciendo para formar una calle, por lo que el arquitecto dejó un vestíbulo hacia esa fachada, pero concedió los accesos al entresuelo únicamente desde la calle de Melquiades Biencinto.
El inmueble se levantó enteramente con estructura de  hormigón armado procedente de Portland Valderribas, y se construyeron dos gigantescas vigas de 17 metros de luz que sujetaría el entresuelo. La cubierta se realizó con cerchas metálicas, y sobre estas se instalaron planchas de “Uralita” que formaron un gran tejado a dos aguas. Para las fachadas se eligió paños lisos y estriados formados por cortinas de ladrillo visto para las fachadas a Melquiades Biencinto y Antonia Calas.


Fachada principal a la calle de Melquiades Biencinto. (Dibujo del autor)

La parte posterior y la calle de María Bosch se decoraron de forma más sencilla, un gran paño liso de cemento pintado en beige, tan solo adornado por los huecos de ventanas y salidas de urgencia.


Fachada lateral a la calle de Antonia Calas (Dibujo del autor)

La entrada principal se situó en la esquina entre Melquiades B. y Antonia C. , donde se formó un chaflán para darle más relace. Sobre los tres huecos de entrada, compuestos por cinco puertas de cristal, se construyó una marquesina que volaba 80 cm sobre la calle y bajo la cual se resguardaban los grandes cartelones pintados a mano, reclamo de la cinta en proyección. Sobre la marquesina un cartel luminoso con el nombre del local,  construido en madera y neón y colocado estratégicamente, lo que permitía su visión desde la Avd. de la Albufera.


Una inédita imagen del cine Bristol en su primera época. (Archivo Regional de C.M.)

Sobre la marquesina, y remarcado por dos parapetos laterales de hormigón armado con formas geométricas, se construyó mediante franjas de cemento, una decoración que hacía recordar una catarata, y que estaba iluminada con decenas de lámparas de incandescencia que producía un efecto geométrico excepcional. Sobre la cornisa del chaflán se instaló otro gran cartel con las letras Cine también iluminado por neones de color rojo.
Las taquillas se instalaron a ambos lados de las entradas, una en Melquiades Biencinto y otra en María Calas, ambas amparadas por un pequeño voladizo. Junto a estas las vitrinas con los afiches de la cinta en proyección. 
Traspasando cualquiera de las cinco puertas de cristal, que dejaban ver el interior del local desde la calle, entrabamos al vestíbulo principal, muy alto, de dos pisos, muy moderno y funcional. Las dos columnas de hormigón que franqueaban el espacio estaban decoradas con “gresite” o teselas de colores verdosos, los suelos eran de terrazo negro, y el resto de paredes estaban engalanadas con un friso de madera de dos metros de altura, el resto pintado al temple en color azul  turquesa. Los techos eran lisos y estaban retroiluminados con lámparas de fluorescencia. En uno de sus laterales, frente a las puertas de entrada, un gran mural con dibujos geométricos abstractos daba calidez a la estancia. 


Un aspecto aproximado del interior del cine Bristol. (Dibujo realizado por el autor.) 

Ambos lados del vestíbulo partían dos escaleras de 1,80 metros de ancho cada una que subían vertiginosamente dos plantas hasta convertirse en vomitorios del entresuelo, pero con una característica especial, ya que nacían a ambos lados de la pantalla y abrazaban al patio de butacas, lo cual ahorraba espacio y no dificultaba la visión de la proyección.
Por otra parte, en el propio vestíbulo y bajando una escalinata muy ancha, llegábamos hasta otro vestíbulo más bajo desde donde se podía acceder al sótano, mediante una escalera situada en el lateral derecho de este. En el sótano, se habían instalado los aseos masculinos y femeninos, la sala de calderas, carboneras y el cuarto de los empleados.
Volviendo al vestíbulo más bajo, y ambos lados de este nacían dos tramos de escalera que conducían al patio de butacas y que daban acceso a este por ambos lados de la pantalla. El patio de butacas ganaba mucha inclinación hacia la pantalla al contrario de lo usual, a pesar de lo cual todas las localidades tenían una perfecta visión de la misma.


Sección del cine Bristol, obsérvese los sótanos bajo el vestíbulo principal, los dos vestíbulos, las escaleras de acceso a la planta superior que cruzaban el patio de butacas y que conducían a los espectadores directamente al entresuelo y la rampa del suelo del patio de butacas que subía hacia la pantalla.

Las paredes tenían un alto zócalo a modo de friso de madera y el resto estaba pintado en azul oscuro. El suelo era de “Sistasol” pavimento plástico continuado, y el techo bajo el entresuelo era blanco liso, con lámparas de incandescencia empotradas, y algunos detalles ornamentales de escayola con motivos geométricos. En las paredes existían una serie de paneles que sobresalían de los muros, que a modo decorativo con pinturas geométricas servían de a su vez de lámparas ya que escondían de forma indirecta la iluminación de la sala. Las butacas fabricadas en madera, con asientos abatibles estaban tapizadas en terciopelo naranja y se habían instalado formando dos largos pasillos laterales y uno transversal, que servía para dirigir a los 551 espectadores a sus localidades. A ambos lados del patio existían dos salidas de emergencia, suficientes para evacuar a todo el aforo.  En la parte posterior, se redujo el fondo de la sala, a pesar de que se podría haber instalado butacas en todo su fondo, y en ella se creó un vestíbulo sin salida, que indudablemente estaba diseñado para dar entrada desde la calle posterior, en él, por épocas se instaló una barra con servicio de bar. Existía además un almacén, y un cuarto estrecho, posiblemente destinado a taquillas además de una estrecha escalera de servicio que subía vertiginosa hasta la primera planta donde estaba el ambigú, y donde realizaba una parada para continuar hasta la cabina.
Partiendo nuevamente desde el vestíbulo principal y subiendo por cualquiera de las dos escalinatas laterales de este, llegábamos hasta el entresuelo. 

La rampa de entresuelo completa, obsérvense las dos columnas que sujetaban el piso superior y que no impedían en ningún caso la visión de la pantalla.
Desde aquí se tenía una gran perspectiva de la rampa que formaban las localidades y que eran cruzadas por dos pasillos que subían entre las bancadas de madera hasta llegar al testero. Los muros laterales se habían pintado en el mismo color azul verdoso que en la planta baja, mientras que el fondo de la sala y los muretes de parapetos del hueco al patio y escaleras se habían forrado de madera, consiguiendo de esta forma evitar reverberaciones. El techo, muy alto, se había realizado en escayola a modo de dientes de sierra por capas, que se iban superponiendo unas sobre otras, dejando espacio suficiente para instalar las lámparas que de manera indirecta iluminarían de forma espectacular el techo de la sala.

En muro del balcón del patio había sido forrado en su parte externa con escayola rizada de forma curvada. Sobre este muro se colocó una pequeña barandilla de hierro con formas geométricas, idénticas a las utilizadas en los frescos de los paneles que en los muros laterales escondían la iluminación indirecta.
Todo el forjado del entresuelo se sostenía con dos gigantescas vigas que unidas entre sí por decenas de ellas más de menor tamaño, formando un entramado de hormigón armado indestructible.  Sobre la rampa que formaba este entramado se habían construido bancadas de ladrillo y madera donde irían instaladas otras 550 butacas más, idénticas a las del patio de la planta inferior, conformando un total de 1100 localidades.
En el lado opuesto estaba el escenario, remarcado en su parte superior por otro tablero de escayola retroiluminado y lateralmente por dos franjas de color naranja a juego con las localidades. Ocupaba el estrado el ancho completo de la sala, y tenía dos metros de fondo. En él se había colocado la pantalla panorámica, apta para proyecciones en Cinemascope, y delante de esta el telón de color naranja y la gasa. Al estrado se accedía desde cualquiera de las escaleras laterales del entresuelo y tras la pantalla existía una escalera de servicio que conducía al cuarto de máquinas de la planta superior.   
El ambigú se encontraba bajo la rampa de entresuelo y a él se acedia mediante los dos vomitorios con escaleras que partían del graderío o subiendo por la escalera de servicio desde el fondo del patio de butacas. Era amplio, los techos altos y luminoso, con dos ventanas laterales a cada extremo.


Un aspecto del piso destinado a bar y aseos.

El suelo era al igual que en el vestíbulo de terrazo negro, y las paredes y techos estaban pintadas en blanco, la única decoración superflua la daban las dos columnas de apoyo del piso superior que se habían revestido en “Gresite” marrón. Poseía una barra de bar de gran longitud en la parte con el techo más bajo, de madera con listoncillos verticales y una gran chapa en la parte superior. Junto al bar se instaló un almacén. En el otro extremo y en cada uno de los rincones se establecieron los aseos femenino y masculino, dejando entre ambos un pasillo por donde transcurría la escalera de servicio que seguía subiendo entre el forjado para llegar hasta la planta de cabina y control.
La última planta ocupaba unos 70 metros cuadrados, la escalera desembocaba en un espacio destinado a cuarto del proyeccionista con una ventana que servía de accedo al tejado.


La planta de cabinas del cine Bristol.
Desde ese cuarto destinado a rebobinado y preparación de las cintas se accedía a la cabina de proyección que estaba alicatada con azulejos de color verdoso, perfectamente adecuada para los casos de emergencia, con duchas sobre los proyectores y puertas metálicas. En ella se había instalado dos maravillosos proyectores y un fantástico equipo de sonido marca Westrex.  Contaba además con pasillo cortafuegos entre la cabina y la sala, que volaba sobre los espectadores del entresuelo. El resto de la planta estaba ocupada por un gran despacho y un aseo, ambos con luz directa de la calle. Sobre la planta de cabinas se formó una azotea solada con baldosín rojo. 


La sala al completo estaba asilada con una cámara de aire entre el ladrillo tosco exterior y la rasilla interior, pero no poseía aislantes en las paredes, muy extendidos para evitar molestos ecos.
El sistema de calefacción y refrigeración funcionaban mediante el clima artificial, que filtraba agua a diferentes temperaturas para conseguir la sensación térmica deseada. Los conductos se repartían por la sala desde rejillas instaladas en los laterales de esta.
Existía además un sistema generador de energía obligatorio en caso de corte del suministro, abastecido por gasóleo y apoyado por decenas de baterías para su arranque. Toda esta maquinaría se encontraba repartida entre los cuartos del sótano de la sala y los espacios vacíos que quedaban tras la pantalla.


El cine Bristol en primer término visto desde el otro lado de la M30, sobre su azotea se observa el cartel del vecino cine Rio. (A.G.A. 33-01407-00018)

Aunque no hay datos exactos de la fecha de apertura del local se calcula que sería en el año 1958, fecha en la que se inscribe en el Registro de Empresas Cinematográficas.
Según la prensa programaba cintas de sesión continua, en algunas ocasiones de primer reestreno desde las 4:30 de la tarde. Festivales infantiles, principalmente en matiné, los sábados y domingos.
 La última cinta con que aparece en carteleras fue “Silverado” y “El último Dragón” el 6 de abril de 1986, aunque no fue dado de baja hasta 1988.
Después cerró para siempre y se convirtió en un mito, que se iba volviendo gris y deforme con el paso de los años.













El cine Bristol se convirtió en un fantasma varado en una playa de coches que pasaban a sus pies y le veían envejecer y perder sus rasgos hasta convertirse en un cajón gris.
Perdió en los años 90 sus marquesinas y todo signo vital, incluso la cascada de hormigón de su fachada fue derribada, no quedando más que los antiguos huecos de puertas.



El cine Bristol ya cerrado desde la puerta de la parroquia de San Ramón Nonato.

Hubo varios proyectos para intentar recuperarlo, a principios del 2000 se anunciaba en sus paredes grises que sería reconvertido en un bingo, pero la idea no cuajó. Poco después fue ocupado y vandalizado, ocupación que no derivó más que en tapiado completo de todas sus puertas y ventanas.






Le robaron hasta el nombre, ya que la propiedad traspasó el nombre de Bristol al cine Bilbao de la calle Fuencarral para olvidar su catastrófico final, aunque las minisalas Bristol duraron muy poco en cartel y terminaron convertidas en salas de ensayo.
Del Bristol de Vallecas ya nadie se acordaba de no ser por el cartel de cine que existía en su lateral y que era visible perfectamente desde la avd. de la Albufera.





Cuatro imágenes aéreas de la zona.

Tras treinta años clausurado le ha llegado su hora, y una compañía constructora se ha hecho con el edificio, en breve se alzará en su lugar un edificio de viviendas de lujo.
En el verano de 2019 comenzó a desmontarse la cubierta de “Uralita” con el tratamiento pertinente debido a su gran concentración de amianto. A mediados de septiembre se comienza con la demolición mecánica del edificio que nos dejó ver los entresijos del tan querido y olvidado cine Bristol.









Diferentes aspectos de la demolición del cine Bristol en septiembre de 2019.




  El edificio Bristol, proyectado en el antiguo solar que ocupaba el cine.

Autor: David Miguel Sánchez Fernández.

Fuentes:

Diarios: ABC, Madrid, Hoja Oficial del Lunes.
Registro de Espectáculos Cinematográficos. El cine Bristol
Bing Maps, Facebook, todocoleccion.
Madrid y el Cine. Pascual Cebollada - Mary G. Santa Eulalia. Comunidad de Madrid 2000.


Coliseum inversores.