NECESITO DE VUESTRA COLABORACIÓN.


Las nuevas tecnologías de inteligencia artificial nos permiten colorear las antiguas imágenes en blanco y negro, lo que nos ofrece un nuevo punto de vista de nuestro pasado. Hay que tener en cuenta que es una aproximación a la realidad y no una fiel reconstrucción, por lo que colores, textos y detalles pueden ser modificados.

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4 de noviembre de 2010

DEL SALÓN MADRID AL CINE BOGART. (El local con más nombres de la capital)

 
En la madrileña calle de los Madrazo nº 2 se construyó hacia 1907 bajo un proyecto del arquitecto Luis López López, un pabellón para proyecciones cinematográficas y teatrales conocido como el Salón Madrid.
El solar era muy profundo y tenía un acceso secundario desde la calle Manuel María Rivero nº 9 donde se instalaría el bar. Pero la fachada y accesos al cinematógrafo se realizaron desde la calle de los Madrazo que era mucho más estrecha que la anterior, connotación que nos hace pensar que el local donde después se instaló el bar, muy seguramente fue añadido con posterioridad. El edificio que albergaba el Salón  Madrid estaba compuesto por una gran nave construida en hierro y ladrillo,  que recorría el solar prácticamente hasta su fondo, dejando dos anchos pasillos para el desalojo de los espectadores hasta la calle de los Madrazo, evitando de esta forma también la propagación del fuego en caso de incendio; en la parte posterior tras el escenario había otro patio. La fachada se alzaba en dos alturas y tenía un gran hueco rematado por un arco en el que se habían realizado los tres accesos y las taquillas. El local estaba cubierto por una estructura de hierro sobre la que se había colocado el tejado.


Una de las pocas imágenes del Salón Madrid en la calle de los Madrazo.


La entrada al local se realizaba a través de tres grandes huecos que conducían a un vestíbulo de espera desde donde arrancaban dos tiros de escaleras simétricos que subían a la planta de entresuelo, formando una imperial y bajo los cuales se habían instalado las taquillas.  Entre los dos huecos de entrada al patio de butacas se había construido la cabina con materiales incombustibles, pizarra forrada con planchas de mármol. Esta tenía acceso a través de dos puertas laterales tras las cuales había unos peldaños que ascendían hasta la propia cabina para evitar problemas en la proyección. Al fondo, un importante escenario de unos cinco metros de embocadura por cuatro de profundidad, compartiría las primeras proyecciones con representaciones artísticas, junto a este un amplio espacio para la orquesta.  Los bancos de las primeras filas eran metálicos, al igual que las sillas, todas incombustibles, el suelo era de hormigón y sobre él se extendió una capa de asfalto. El resto de los suelos eran de baldosín y el techo de planchas de yeso. Como hemos indicado anteriormente el local se podía desalojar rápidamente mediante cuatro puertas laterales que conducían a dos pasillos muy anchos a través de los cuales se accedía o bien a la calle o a los aseos y el bar, instalados junto al propio cinematógrafo. Estos pasillos fueron techados por una gran marquesina de hierro y cristal para evitar los fenómenos meteorológicos adversos y de esta forma proporcionar más espacio de esparcimiento a los espectadores. La sala era bastante alta lo cual permitió la instalación de  localidades de entresuelo con sillas movibles.


Planta baja del primitivo Salón Madrid.
  
Los muros laterales de la sala se retranqueaban dejando espacio para palcos en todo lo largo del patio de butacas. Como dato curioso tal y como apunta Josefina Martínez en su obra “Los veinticinco primeros años del cine en Madrid”, no existía la fila 13, sino la 12 bis para no molestar a los supersticiosos.
El Salón Madrid se reformó en diversas ocasiones, ampliando y mejorando sus instalaciones hasta 1916, momento en el que el arquitecto Francisco Reynals  presenta un proyecto para la conversión del local de espectáculos en un frontón para señoritas. El expediente se da por válido y se comienza la reforma que durará hasta 1918, en ella se eliminaran los patios laterales y se incrementará la cubierta original hasta los muro medianeros, se construirán nuevos accesos y se eliminaran los anteriores edificando un nuevo recinto adecuado para su objeto. Se conservará en este recinto, la fila de seis pilares que antiguamente componían uno de los laterales de la nave del Salón Madrid.

Planta baja del antiguo Frontón Salón Madrid.

La mayor parte de la planta quedaría ocupada de este modo por la cancha de juego, las gradas y pasillos de accesos, dejando un gran espacio para salón- cafetería, donde además se instalarían las taquillas de apuestas.
A mí personalmente la sustitución del antiguo teatro de variedades y cinematógrafo por un frontón para “señoritas raquetistas”, por muy en boga que estuviese en su momento, me suena un tanto machista, con este poderoso  seudónimo la afluencia del local debía ser prioritariamente masculina.[...] 

El resto de la información la podrán encontrar en la página 201 de mi libro "Cines de Madrid"

17 de octubre de 2010

EL CINE DORÉ. (El palacio de las pipas)


Los aledaños de la calle Atocha eran  una zona prolífera en barracas de feria, desde la zona más cercana a la estación del Mediodía, donde con posterioridad se levantaría el cine San Carlos, hasta la más céntrica, junto a la plaza de Jacinto Benavente donde se construirían el teatro Odeón, el Ideal Cinema o el Teatro Fígaro.
Por lo tanto no era de extrañar que el solar donde se construiría el Salón Doré, ya hubiera estado ocupado anteriormente por un  predecesor más humilde, posiblemente alguna barraca de madera que ya tomara este nombre.
El solar era un tanto intrincado lo que hacía evidente que procedía de  la demolición de algunos viejos edificios, formaba esquina a dos calles, la principal la de Santa Isabel, y una lateral más considerada callejón que calle, que durante largo tiempo apareció en memorias y proyectos como calle particular pero que se denominaba pasaje de Doré.  Se dice que de aquí tomó su nombre, del famoso dibujante Gustav Doré que alcanzó gran fama por ilustrar la Biblia, pero hay cierta incoherencia en que en algunas ocasiones el local se conociera como cine de DO-RÉ en alusión a las notas musicales, muy posiblemente tomado como un juego de palabras.
En cualquier caso lo que sí es seguro es que en este solar se levantó un primer cine Doré de fábrica de ladrillo que fue inaugurado exactamente el día 19 de Diciembre de 1912 y del que fue propietario o empresario Antonio Llovet.  Comparando la única imagen encontrada de la sala anterior a la reforma, del que se atribuye como arquitecto y creador del cine Doré, nos damos cuenta que su antecesor ya tenía la misma planta y distribución que el que proyectaría años después el Sr. Críspulo Moro Cabeza, lo cual nos hace pensar que este tan solo reforzó las plantas del  edificio y le dotó de mayores medidas de seguridad, suponiendo también que diseñó la fachada actual y original.




Imagen del interior de la antigua sala tomada en la navidad de 1916.

Por lo tanto diríamos que el arquitecto Críspulo Moro Cabeza tan solo reconstruyó el salón Doré y lo convirtió en una de sus mayores obras por la que se le reconoció un gran mérito.
Realmente el gran valor de esta obra estaba en su pequeña pero profusa fachada a la calle Santa Isabel nº 3, con escasos 15 metros y que no se levantaba más que una planta, en ella se conjugaban los estilos modernista, clásico y oriental, aunque sin duda ocupaba un lugar esencial el art-nouveau, principalmente en sus esgrafiados de colores. La parte más alta de la fachada estaba rematada por una balaustrada de piedra artificial y en su centro un frontis con medallón rodeado de flores en el que de forma abultada resaltaba el nombre del local, cine Doré.
Aunque a simple vista parezca un local pequeño se construyó en un solar de 3.300 metros de los cuales 1.150 están ocupados por el propio cine. Lo más acertado de este proyecto fue la situación de la sala, ya que corría paralela a la calle de Santa Isabel y en vez de dejar sus muros medianeros ciegos a la propia calle, se retranqueaba unos metros instalando en este espacio una serie de cajones o locales para la disposición de puestos de mercado, ya que en esta calle desde hacía muchos años se improvisaba a diario decenas de puestos de venta. 




Calle de Santa Isabel un día de mercado. En el lado derecho de la imagen aparece el cine Doré y tras él los puestos que se estiraban bajo palio hasta los transeúntes.

En la mitad del grupo de locales que formaban la fachada se había dejado hueco para una salida de emergencia directa del patio de butacas, lo cual le confería una mayor seguridad al edificio. 
[...] 

El resto de la información la podrán encontrar en la página 163 de mi libro "Cines de Madrid"

22 de septiembre de 2010

EL TEATRO-CINE LOPE DE VEGA. ( Un joven clásico de la Gran Vía. )



Durante los años 40 nacieron muchos edificios en la capital de España, pero entre todos ellos tendría que destacar el inmueble construido por la Compañía Inmobiliaria Metropolitana bajo un proyecto de los arquitectos Julián y Joaquín Otamendi Machibarrena, reconocimiento que le valió para ser el mayor y mejor edificio construido en esa década. El inmueble que se construiría en el tercer tramo de la Gran Vía y se levantaría en 10 alturas, ocupaba gran parte de una manzana entre la Avenida de José Antonio y las calles de San Bernardo e Isabel la Católica, albergando  dos hoteles, 200 apartamentos, un teatro, una piscina en su azotea y un entramado de galerías comerciales en sus plantas de subsuelo, razón por la que se le denominaría desde entonces como los “Los Sótanos”. Ocupaba la totalidad de la fachada a la Avenida de José Antonio con una longitud de 130 metros lineales, en el centro de la cual se instalaría la entrada a la sala de espectáculos. 



Primer proyecto de la fachada principal a la Avenida de José Antonio.


Pero antes de dar más datos remontémonos un poco más atrás para conocer la ubicación del edificio. Hasta donde llegan los datos, en este lugar se alzó el antiguo Convento de Dominicos de Nuestra Señora del Rosario, construido en 1643. Tras la desamortización de Mendizábal en 1863, el convento se transformó en cuartel y parroquia de alabarderos, hasta que posteriormente fue derribado. En 1867 el solar fue ocupado en parte por el Teatro del Recreo, mientras en otra parte mucho más amplia inaugurarían  los Jesuitas el 18 de enero de 1896, su Casa Profesa.
El teatro “El Recreo” al parecer se construyó en un antiguo patio de manzana, bajo un proyecto del arquitecto Manuel Villar,  los pilares de sustento eran de hierro y el entramado de madera pero a pesar de su pequeño tamaño, el edificio había sido planteado como un verdadero coliseo, contando con platea, patio de butacas y localidades de entresuelo. Muy posiblemente desapareció expropiado al realizarse las obras de derribo para el tercer tramo de la Gran Vía.



Plano de emplazamiento y planta del antiguo teatro El Recreo.




Planta y alzados del pequeño pero muy bien planteado salón El Recreo.


Por otro lado la casa profesa de la Compañía de Jesús y la Iglesia de San Francisco de Borja, planteaban un grave problema al no encajar en la ampliación de la Gran Vía, por ello, se pedía la demolición del edificio. Se estudiaron varios proyectos pero finalmente se paralizó ya que el edificio fue reducido a cenizas durante la república en los enfrentamientos del día 1 de Mayo de 1931.


Una imagen del tercer tramo de la Gran Vía antes del incendio. En el margen izquierdo de la calle se ve claramente la iglesia.



Dos imágenes del incendio que destruyó por completo el convento.


Desde su destrucción hasta finalizada la Guerra Civil, el solar quedó vacio y fue entonces cuando la Compañía Inmobiliaria Madrileña lo compró para construir el complejo de hoteles, viviendas y sala de espectáculos.
Su construcción comenzó en 1945 y no fue hasta 1949 cuando se dio por terminado. Se realizó con estructura de hormigón armado y fachadas con paños de ladrillo y granito resaltando abultados en jambas y dinteles de algunos de sus huecos con piedra artificial. En los extremos del gigantesco edificio se establecieron los dos hoteles: en la confluencia con la calle San Bernardo se ubicó el más grande, el hotel Emperador con algo más de 200 habitaciones con todo lujo de detalles, abultados en techos realizados con las más elegantes  molduras de escayola, lámparas de araña y un detalle muy atrayente, una piscina en su cubierta.




El edificio en los años 50, en primer término el hotel Emperador.




Primer diseño para el alzado a la calle de San Bernardo, la totalidad de esta cara estaba ocupada por el Hotel Emperador.


En el otro extremo esquina con la calle de Isabel la Católica, se emplazaba el otro hotel, el Lope de Vega, más sencillo y con 50 habitaciones. El resto del inmueble lo ocupaban oficinas, 200 apartamentos y viviendas particulares.
Sus sótanos como hemos mencionado anteriormente que en un principio estaban destinados a un gran aparcamiento subterráneo, se terminaron convirtiendo en una gran galería comercial, donde se instalaron decenas de negocios. En el centro de la gran fachada principal a la Gran Vía, se realizó la entrada a la sala de espectáculos que tomó el nombre de Lope de Vega.




Fachada principal de la sala de espectáculos en su primera época.

El porche de entrada de estilo neoclásico estaba precedido de una escalinata que nos conducía hasta un espacio muy amplio y alto, decorado con sobriedad como su interior, con altas columnas dóricas y frisos de piedra artificial imitando granitos. Protegiendo de las inclemencias metereológicas nacía de su techo una gigantesca marquesina decorada con ricos abultados en escayola y rematada por una banda metálica rodeada de tubos de neón, reclamo de los transeúntes; sobre esta, unas grandes letras luminosas con el nombre del local, Lope de Vega. En el lateral derecho del porche se encontraban las taquillas y en el centro la entrada, con tres puertas dobles a las que seguían otras tres, dejando un espacio de acondicionamiento climático. Flanqueando la entrada  dos gigantescas hornacinas con jarrones de piedra artificial y bronces.[...] 

El resto de la información la podrán encontrar en la página 133 de mi libro "Cines de Madrid"

5 de septiembre de 2010

EL TEATRO-CINE FÍGARO. (Estático e inmortal)

En la céntrica calle del Doctor Cortezo nº5, frente al Ideal Cinema y el Frontón Madrid, un poco más abajo del Teatro Odeón ( hoy Calderón) y en un solar donde hasta el momento se habían instalados unas barracas de feria llamadas las Grutas del Miedo y el frontón Moderno, se levantó bajo un proyecto del arquitecto Felipe López Delgado y el constructor Manuel López Sierra, un singular edificio destinado en principio a cinematógrafo y al que se le pretendía llamar “Cine Moderno” como su antecesor.
Cuando el proyecto ya estaba muy avanzado, su propietario el Sr. Ildefonso Anabitarte decidió que se transformara para darle más amplitud a su escenario, convirtiéndolo de esta forma en un espacio polivalente, cine-teatro. Al parecer, el cambio no fue tomado del todo bien por el arquitecto, ya que tras ocho meses de construcción el edificio estaba muy definido y la estructura ya estaba consolidada; gran parte de los muros de fábrica ya se habían levantado, a pesar de ello el proyecto se varió.
El edificio se construyó en un solar de forma rectangular irregular contando su lado más largo con 12,60 metros correspondientes a la calle del Doctor Cortezo, levantándose en tres alturas, más sótano donde se instalarían la caldera y sistemas de ventilación.  
Para su fachada el arquitecto eligió el racionalismo y con una sencillez brillante creó una mágnifica portada que estaba compuesta principalmente por un alto zócalo de granito natural negro “Atltas”. Sobre las puertas de entrada al local, se construyó una esbelta, sencilla y curvada marquesina que mediante un sistema de iluminación se enlazaba con la parte alta del edificio. 
En la parte superior se definieron dos paños lisos pintados originalmente en beige y un tercero de ladrillo rugoso que se extendía sobre parte de la marquesina. En lo más alto de su fachada se colocaron unas gigantescas letras con el nombre del local que finalmente se bautizó como Fígaro, seudónimo que utilizaba Mariano José de Larra y que fue otorgado por los hermanos Álvarez Quintero.


Fachada del cine-teatro Fígaro.

Se tenía acceso al inmueble por tres huecos, uno de entrada de espectadores, otro de salida y desalojo de la sala y un tercero de acceso directo a una escalera de servicio a camerinos y escenario.

Magnífica imagen de la fachada original del teatro Fígaro.

En el primero de los huecos que estaba destinado a entrada de espectadores,  se encontraban las taquillas; al fondo la puerta de entrada al local. Todo este vestíbulo se iluminaba de forma indirecta y junto a la marquesina y las altas letras era el verdadero reclamo del Cinematógrafo. Al acceder por esta puerta de entrada comunicábamos directamente con uno de los vestíbulos que se encontraba tras el patio de butacas y desde donde arrancaba un tiro de escaleras al piso superior, en el que además se encontraban tres puertas de acceso a la sala, de las que  partían los tres pasillos, dos laterales y uno central que separaban los grupos de localidades.[...] 

El resto de la información la podrán encontrar en la página 235 de mi libro "Cines de Madrid"

13 de agosto de 2010

EL CINE SAN CARLOS. (De Carlos Gardel a Dj Nano). Reedición.

En un solar de planta irregular, en la calle de Atocha con vuelta a la del Cenicero, ya utilizado con anterioridad para la instalación ocasional de barracas de feria y proyecciones, el arquitecto Eduardo Lozano Lardet, proyectó la que sería una de sus obras cumbre en la capital Española.
Este genial arquitecto diseño un edificio de viviendas construidas en la fachada a la calle Atocha, y una sala de cinematógrafo paralela a la calle de Cenicero, incluyendo además en el proyecto, una terraza para proyecciones al aire libre y una sala fiestas en su planta sótano. El inmueble construido entre 1928-1929 se levantó en siete alturas más torreón, con estructura de hormigón armado y decorado siguiendo las tendencias del más depurado expresionismo alemán, y orientaciones del racionalismo más radical, creando fachadas limpias y libres de recargada ornamentación, también conocido como estilo "stream line" como define claramente "David Pallol" en su blog Madrid art-deco y como el mismo dice, enriquecido por sus formas aerodinámicas, de bandas horizontales que le dan una sensación de aerodinamismo y movimiento.

El edificio del cine San Carlos poco después de ser inaugurado.

Las viviendas estaban separadas de la sala cinematográfica por un patio interior de forma triangular que servía de barrera acústica entre ambos.
La entrada al cinematógrafo se realizaba desde la calle atocha, donde además se encontraba también la puerta de acceso a la sala de fiestas de la planta sótano y una cafetería instalada entre ambos.
La fachada de la entreplanta había sido decorada con bajorrelieves de escayola policromada realizados por el pintor portugués "Almada Negreiros " los cuales estaban basados en inspiraciones cinematográficas.


Esquina de las calles Atocha y Cenicero donde se encontraba la entrada a la sala.


Fachada lateral a la calle del Cenicero antes de terminarse la construccion del cinematógrafo.

Cuatro amplios huecos iluminaban el vestíbulo desde donde arrancaban unas escaleras de acceso directo al ambigú situado en la entreplanta, traspasado este, otro, alto, de doble altura dejaba ver a sus lados las escaleras de accesos a las plantas superiores. La decoración se había realizado con abultados en escayola siguiendo la misma corriente que en sus fachadas. Dos ascensores instalados junto a una de las escaleras nos conducían a las localidades más altas. El patio de butacas era amplio y espacioso, con contando con salidas de emergencia directas a la calle del Cenicero.[...] 

El resto de la información la podrán encontrar en la página 218 de mi libro "Cines de Madrid"

24 de julio de 2010

EL CINE CALATRAVAS. ( Dos en uno, café y cinematógrafo.)

En pocas ocasiones hablamos de cinematógrafos que se instalaron en locales que ya habían sido ocupados por otro negocio, aunque no podemos olvidar el Madrid-Paris que ocupó parte de los grandes almacenes o el cine Azul o Actualidades, que aunque no directamente sustituyeron a otro negocio, sí tuvieron  que realizar una amplia reforma para adaptarse a su nuevo inquilino. El cine Calatravas nació en un local que ya había sido ocupado por una entidad bancaria, en concreto el Banco Español del Río de la Plata.
El local que tratamos en esta ocasión estaba en los bajos de un antiguo edificio de viviendas junto al famoso Convento de Calatravas, en la madrileña calle de Alcalá nº 31, el cual según llegamos a conocer gráficamente, ya existía a finales del siglo XIX y presumiblemente nació cuando parte del convento de Calatravas fue derribado. El edificio con una amplia fachada a la calle de Alcalá contaba con bastante profundidad.

Una imagen de la iglesia de Calatravas tomada a principios del siglo XX. A la derecha del templo aparece parte de la fachada del inmueble contiguo en cuyos bajos estuvo instalado el Banco Español del Río de la Plata, aunque posiblemente hubiera otro negocio anterior a este.

En esta excepcional imagen de la calle de Alcalá allá por los años 20, vemos el edificio que se levantaba junto a la Iglesia de Calatravas antes de reformarse en el año 1935. Están marcados con diferentes colores la distribución que tomarían cada uno de los negocios que con posterioridad ocuparían sus plantas baja y sótano.
 

Otra imagen del mismo ángulo de la calle tomada en 1914, ahora podemos contemplar completo el local del Banco Español del Río de la Plata.

Conocemos también que este mismo local se instaló en el año 1918 la Sociedad Española de Papelería, trasladándose la sucursal bancaria unos metros más abajo a un edificio inaugurado años atrás, construido bajo un proyecto del famoso arquitecto Antonio Palacios. El local mantuvo su función hasta que se procedió a la reforma total del edificio momento en el cual se instaló el Cine y con posterioridad el Café Calatravas, los cuales pasamos a describir a continuación.  La reforma consistió básicamente en la ampliación en un piso más del antiguo inmueble y en un remozado total de su fachada eliminando algunos elementos ornamentales como balcones y miradores, lo cual le proporcionó un estilo mucho más moderno y acorde a su tiempo. [...] 

El resto de la información la podrán encontrar en la página 258 de mi libro "Cines de Madrid"

Fachada revestida de carteles del cine y el café Calatravas.

En este local se volvió a usar un estilo que había dejado de estar en boga hacia unos años pero que no pasaba nunca de moda. Una mezcla de las normas clásicas e imperiales convirtieron al salón del café Calatravas en un pedacito de la desaparecida Pompeya. Contaba el local con un amplio escaparate  a la calle de Alcalá que inundaba de luz parte del salón principal y algunas de las estancias de la planta sótano, ya que junto a este gran ventanal se encontraban las escaleras de acceso a la planta baja donde se habían instalado los aseos y la cocina.

Aspecto del salón junto a la gran ventana a la calle de Alcalá.

El local era incluso tan grande  como el cine, las mesas se habían colocado en pequeñas terrazas en forma escalonada, las paredes se habían decorado con frescos del pintor Vázquez Díaz en los que se reprensaban escenas de la antigua Roma. Todo el mobiliario era acorde a la decoración, sillas, mesas, columnas, barandillas, todo, todo de estilo Romano. El local tenía luz cenital proporcionada por varios flancos, desde la calle de Alcalá por el gran escaparate, y  en la parte posterior dada por un gran ventanal a un patio de vecinos. Los techos se habían adornado con esmerados trabajos de escayola en forma de artesonados o huecos hexagonales de iluminación indirecta. En la parte central bajo la gran cúpula se construyó un escenario y se dejó espacio para una pista de baile.


 Planta del amplísimo salón del Café Calatravas.
 
Subida desde el sótano a la planta calle.

Otro de los rincones del salón de té.
 

Imagen tomada desde otro ángulo del mismo salón.


Espacio central culminado por una gran cúpula.

El local en su conjunto era una verdadera maravilla y en él se reunían cada tarde tertulianos que podían mantener profundas conversaciones o disfrutar de la música de la orquesta de turno que cada día amenizaba el café.
Funcionó al unísono que el cine aunque no tuviesen relación directa, salvo que como hermanos, nacieron prácticamente a la vez, uno en 1936 y otro en 1939 y desgraciadamente desaparecieron en el mismo momento, ambos a mediados de 1955, absorbidos por una sucursal bancaria, concretamente por la Confederación Española de Cajas de Ahorros C.E.C.A.


A la derecha de la imagen vemos la antigua entrada del cine absorbida ya por la C.E.C.A.
A principio de los años 90 el edificio se vuelve a reformar en su totalidad volviendo a dar a su fachada los siete huecos originales aunque jamás recobrará ese sabor castizo de sus balcones y miradores.

Fachada actual del edificio donde estuvo el cine y café Calatravas.

Imagen aérea actual  donde se remarca el espacio que ocupó el cine Calatravas.

Alzado en 3D de parte del edifico del Cine y Café Calatravas.

Como en muchas ocasiones ocurre, las modas y las épocas nos trasforman a todos, como en el caso que nos ha ocupado hoy, el cine Calatravas que tuvo de antecesor a una entidad bancaria y terminó absorbido por otra, aunque en su camino nos dejó al menos el recuerdo de su paso.

Autor: David Miguel Sánchez Fernández.

Fuentes:


- Oronoz. Archivo fotográfico.
- Madrid y el Cine. Pascual Cebollada y Mary G. Santa Eulalia. 2000. Comunidad de Madrid.
- Urbanity.
- Memoria de Madrid.
- Nuevas Formas nº 1 1935
- Revista Arquitectura. nº 1 Enero-Febrero de 1935.
- Cortijos y Rascacielos nº 22  1944.
- http://www.foro3d.com/f250/iglesia-las-calatravas-calle-alcala-61379.html (imagen de Keasar)

11 de julio de 2010

EL CINE CAPITOL. (La flor y nata de la Gran Vía.)

 
Quizás no sea el mejor cine de Madrid, y posiblemente tampoco sea el más maravilloso edificio de la capital, pero desde luego no podemos discutir que fue, es, y será un emblema de nuestra ciudad, Madrid. El cine Capitol, que estaba inserto en el edificio Carrión llegó a ser el más grande de Madrid y el quinto de Europa. Conozcamos un poco la historia de este inmueble que nació como uno más, y terminó siendo el mejor edificio de su tiempo y uno de los más fotografiados en la actualidad.


Alzado del que sería el definitivo edificio Capitol.

El edificio que ocuparía un intrincado solar  en el tercer tramo de la Gran Vía, con superficie de 17.400 pies cuadrados, propiedad de el Marques de Melín, D. Enrique Carrión y que dominaría la esquina entre las calles Jacometrezo y Eduardo Dato, salió a concurso en 1931 y a este se presentaron varios proyectos de jóvenes arquitectos entre los que cabían destacar a Luis Gutiérrez Soto, Pedro Muguruza o Manuel Cárdenas. Los proyectos tendrían que estar a la altura del emplazamiento de la que sería la puerta del tercer tramo y se vería desde todo el recorrido del segundo.

   

Proyectos propuestos por Pedro Muguruza y Manuel Cárdenas.


Proyecto de Luis Gutiérrez Soto, quizás el más acertado de los tres.



Otro  proyecto presentado por Eduardo de Garay y Juan Zabala.

Como hemos citado en otras ocasiones Luis Gutiérrez Soto maestro con posterioridad de muchos de los mejores locales de espectáculos, se vio estrechamente relacionado con el racionalismo Mendelsoniano y de ahí que este proyecto y los posteriores, como el del Cinema Europa, tuvieran tanta influencia sobre él. Pero en esta ocasión no fue el Sr. Gutiérrez Soto el elegido para proyectar el edificio sino que la tarea fue asignada a los jóvenes arquitectos Vicente Eced y Eced y Luis Martínez Feduchi  este último también influenciado por la arquitectura del berlinés Erick Mendelson. De hecho a su vuelta de un viaje por Alemania coincidiendo con el concurso, trajo un boceto del proyecto  para el edificio Carrión rotulado a espaldas de una postal de un inmueble de Mendelson, los Almacenes Schockers, del que desde luego se vio influenciado.


Imagen de los almacenes Schocken en el Berlín de los años 30.


Imagen actual de otro de los edificios diseñados por Erick Mendelson, desde luego no hay que dudar que tanto Martínez Feduchi como Gutiérrez Soto se vieron atraidos por las sencillas líneas que caracterizaban a estos aerodinámicos inmuebles.

El proyecto escogido fue presentado ante el Ayuntamiento de Madrid siendo este desestimado por exceso de altura, a pesar de que su vecino el Palacio de la Prensa ya sobrepasaba en exceso el límite permitido. Finalmente y tras el abono de la suma de 338.812,50 pesetas a la comisión de Fomento por compensación de altura, se concedió la licencia, aunque tan solo se llegasen a pagar 182.437,50 pesetas. El solar estaba listo y el proyecto también, así que en diciembre de 1932 comenzaron las obras del majestuoso edificio.


Magnífica imagen de la plaza del Callao, en primer término el Cine Callao, a la derecha el Palacio de la Prensa aún en construcción, y en el centro de la imagen el afilado solar donde se levantaría el Edificio Carrión o Capitol.

El edificio que se proyectó para este solar tendría una altura de 54 metros y 16 plantas más dos de sótano y se alzaría con hierro y hormigón armado. Hay que reseñar que en este edificio se construyeron para el sustento del techo de la sala, las que fueron durante largo tiempo las vigas Vierendeel más grandes del mundo y las primeras en España; estas tenían que aguantar no solo el peso de la cubierta del edificio que en algunos puntos llegaban a tener 31 metros de longitud, sino que sobre ellas aún se construirían unas cuantas plantas más de pisos. Además de las construidas en hormigón también se utilizaron de hierro para el vestíbulo del cine.


Una imagen tomada desde el edificio del Palacio de la Prensa, al fondo la calle de Jacometrezo.


Una de las famosas vigas Vierendeel, la más pequeña de ellas que se esconde sobre el vestíbulo de entrada al cine.



La misma viga vista desde el interior del edificio.




Esquema de construcción de cada una de las cuatro vigas Vierendeel de hormigón armado y hierro de tres metros de altura y hasta 31 metros de longitud que cubren la sala de proyecciones.





Imagen de la construcción del graderío de entresuelo realizado totalmente en hormigón armado.

Como hemos reseñado anteriormente sobre las cuatro vigas Vierendeel se levantaron tres alturas más, destinadas a oficinas, no solamente en la cara que daba a la calle de Jacometrezo sino también en la interior, proyecto que nació con posterioridad como una ampliación pero que se ejecutó simultáneamente al resto del edificio.



Dos imágenes del proyecto de ampliación sobre el patio de butacas de tres plantas más.



Sección del edificio, obsérvese las plantas sobre la sala de cine.



Alzado a la Gran Vía del nuevo edificio Capitol.



Presupuesto total del edificio Carrión.

Como hemos comprobado en la tabla anterior no se escatimó en absoluto en materiales de calidad, dando como resultado un majestuoso edificio en el que se instalarían, un café, una sala de té, una sala de baile, una sala de cinematógrafo, oficinas, estudios y apartamentos de alquiler. Todos los muebles del edificio fueron diseñado por los propios arquitectos, plasmando en estos, las mismas líneas que le concedieron a su preciosa fachada. Las obras comenzaron el día 11 de abril de 1931 y se dieron por concluidas con la inauguración de la sala de espectáculos el día 15 de octubre de 1933.



El edificio Capitol recién inaugurado.

El revestimiento externo del edificio se realizó con granito pulimentado en el chaflán, arenisca en las fachadas laterales y caliza de Colmenar en molduras y detalles, confeccionando toda la parte baja del edificio con piedra azul de Murcia y mármoles. Los huecos de fachadas especialmente en el chaflán estaban realizados con ventanas corridas en las que se instalaron persianas de madera individuales curvadas, proporcionando a esta parte un aire muy moderno, funcional y aerodinámico, recordando completamente a la proa de un trasatlántico.


Un magnífico plano en contrapicado del chaflán del edificio.

Podríamos estar horas y horas hablando de los 5.000 detalles del edificio Capitol pero simplemente vamos a hacer un breve recorrido por sus dependencias para no quedarnos con las ganas de visitar el inmueble. En primer lugar y como punto estratégico, citar el café, bar, y restaurante americano, que se instaló en el chaflán curvado con vuelta a Jacometrezo, un magnífico establecimiento en el que reinaban las líneas horizontales y la sencillez.[...] 

El resto de la información la podrán encontrar en la página 107 de mi libro "Cines de Madrid"